En video quedó grabado… (3)
Tercera entrega de esta sección en la que nuestros políticos se enfrentan al peso de sus palabras pasadas…
Tercera entrega de esta sección en la que nuestros políticos se enfrentan al peso de sus palabras pasadas…
Las elecciones municipales ya han pasado, pero en la política nacional no hay tregua y durante los próximos días ya podemos dar por inaugurada, aunque de forma extraoficial, la precampaña para las generales de marzo de 2008 (o de octubre de 2007, si finalmente se adelantan). En este sentido, el PSOE parte en una posición de cierta desventaja, después de los resultados del domingo, interpretados por la opinión pública como una victoria de los populares. Es por ello que, si quieren revalidar su mayoría o incluso aumentarla, necesitan iniciar una estrategia coherente y preparada con antelación. Y esta estrategia, desde mi punto de vista, debería basarse en cuatro ejes fundamentales:
1. El discurso del “cambio tranquilo” del PP. Las últimas elecciones demuestran que, mientras que los votantes conservadores votan de forma sistemática, los progresistas tienden a quedarse en casa si no se sienten realmente convencidos. Es por ello que, en un contexto de reducida volatilidad (cambio de voto entre partidos), una de las claves de la victoria de los socialistas es conseguir movilizar a su electorado. Otro hecho frecuentemente contrastado es que los mayores porcentajes de abstención se han dado en aquellas citas electorales en las que había una gran competitividad y una posibilidad real de alternancia (1982, 1993, 1996, 2004). Una buena idea podría ser inspirarse en la campaña de González en el 1993 (salvando las distancias, obviamente), que tan buenos resultados le proporcionó, con el discurso del “¡que viene la derecha!“. Así, si la opinión pública tiene la percepción de que el PP puede llegar a ganar se movilizará más. Me atrevo incluso a dar dos datos: un 68% de participación le daría la victoria en votos al PSOE; un 75% le daría la mayoría absoluta.
2. Una campaña basada en los logros del gobierno. A nadie se le escapa que, durante esta legislatura, la actividad del gobierno ha sido intensa y ha dado buenos frutos. Desde los datos macroeconómicos hasta la gran cantidad de leyes aprobadas durante esta legislatura (ley de la igualdad, ley contra la violencia de género, ley de la dependencia, ley anti-tabaco…) pasando por decisiones coyunturales (como la retirada de las tropas de Irak o el incremento de las pensiones no contributivas); los socialistas pueden apuntarse en su cuenta numerosos aciertos, que afectan directamente la vida de los ciudadanos. Los dirigentes socialistas deberían intentar introducir estos temas en la agenda de los medios, de forma que cuando llegue el momento de decidir el voto, los ciudadanos tengan frescos en la memoria todos estos asuntos.
3. Una campaña que oculte los errores del gobierno. Paralelamente al punto anterior, el PSOE debería tratar de evitar, por todos los medios, que los errores de Zapatero y el resto del gobierno, como por ejemplo el fracaso del proceso de paz, la frustrada ley del vino, el envío de tropas a Afganistán, las deficiencias en la política exterior o los ‘patinazos’ lingüísticos de Zapatero; vuelvan a ser tema de debate público. En este sentido, sería especialmente favorable que ETA se mantuviera sin atentar y en un segundo plano. Pero con esto ya se sabe que no se puede contar.
4. Potenciar las dos grandes armas electorales: Aznar y Federico Jiménez Losantos. Paradójicamente, son estos dos personajes los que más consiguen movilizar a los electores de izquierda, entre los que el ex-presidente goza de muy mala fama. No hace falta más que recordar la reacción de rechazo generalizado tras las declaraciones de Aznar acusando a Zapatero de volver a la guerra civil, o la afirmación de que cualquier voto que no vaya al PP refuerza a ETA. Alguna que otra afirmación de estos dos líderes mediáticos, días antes de las elecciones, tratando temas como la relación de ETA y el 11M, o la guerra de Irak, o la política antiterrorista; podrían beneficiar -y mucho- a los socialistas.
Como és lógico, estas recetas no son infalibles: durante la campaña, pueden pasar muchísimas cosas, que en algunos casos pueden ser trágicas (no hay más que recordar el ambiente en que los ciudadanos fueron a votar en 2004). Pero, aún así, si los socialistas quieren ganar por la más amplia mayoría posible en las próximas elecciones, lo mejor es planificar bien todos los pasos a dar a partir de ahora y no actuar sin una estrategia clara.
El PP ha ganado las elecciones se mire por donde se mire
Ángel Acebes, en “La Mañana de la COPE”
El mayor error en que puede caer un político es el de mentir reiteradamente. Y, como todos recordamos, el señor Acebes no se caracteriza precisamente por acertar con frecuencia en este sentido. En esta ocasión, se apoya en la pírrica victoria en votos del PP para, prácticamente, dar la noticia de que Rajoy será el próximo presidente del gobierno.
Sin embargo, no hace falta más que un pequeño ejercicio matemático para darnos cuenta de que una vez más, está mintiendo a todos los españoles. Es tan sencillo como hacer una proyección de los datos en las elecciones del pasado domingo en escaños, como si se hubieran celebrado unas elecciones legislativas. Obviamente, hemos de tener en cuenta que se trata de una pura especulación: un considerable porcentaje de ciudadanos (en algunos casos, casi el 30%) cambia su voto según el tipo de elecciones (es el conocido como “voto dual”), la elevada abstención puede difuminar también los resultados, y determinadas formaciones se presentan de forma diferente (en solitario o en coalición) según las elecciones. Aún así, veamos cuál sería el resultado:

Como podemos comprobar, el PP no solamente no hubiera ganado las elecciones (ni por mayoría absoluta - que recordemos que se encuentra en el límite de los 175 escaños - ni por mayoría simple), sino que, además, empeoraría su resultado en escaños con respecto a las elecciones de 2004. Por si eso fuera poco, los datos demuestran que ni obteniendo el apoyo de otras fuerzas ideológicamente cercanas, como PNV, CiU y CC (con 4 escaños), alcanzaría una mayoría suficiente para gobernar. Por supuesto, después de la política de confrontación de esta última legislatura, cualquier pacto con algún otro grupo parlamentario quedaría automáticamente descartado.
Por otra parte, sí es destacable el retroceso del PSOE, que pierde 18 escaños. Eso sí, a costa de la mejora de los resultados de partidos mucho más pequeños. De hecho, podríamos interpretar esta pérdida como el efecto que tendría la ausencia del voto útil, mucho menos importante en las elecciones municipales (sin ir más lejos, el dato de IU con toda seguridad quedaría reducido a una tercera parte). En cualquier caso, las cuentas les siguen saliendo a los socialistas: sumando los escaños de los partidos que en 2004 apoyaron la investidura de Zapatero (IU, CiU, ERC, BNG y CC), obtendría una holgada mayoría de 199 escaños; y con una coalición de izquierdas (PSOE, IU, ERC y BNG) se quedaría a tan solo 5 escaños de la mayoría absoluta (que podría alcanzar con el apoyo de un par de partidos pequeños, como CHA, PA, PAR o CC).
Como curiosidades añadidas, cabe destacar que ANV conseguiría un escaño (por Navarra) y que CHA desaparecería del hemiciclo (siendo substituido por el PAR, que obtendría 2 escaños).
Más información | Informe completo (pdf, 76K), con los datos desglosados por provincias
Entre el alud de cifras, intentemos no perder el norte a partir de las cinco claves interpretativas de las que hablábamos hace unas horas:
1. En este momento (23.15), empate técnico entre PP y PSOE en lo que respecta a los votos totales en las municipales, con una ligera ventaja de los populares, que con toda seguridad irá incrementándose en lo que queda de noche, probablemente hasta los 100.000 o 150.000 votos, dado que falta todavía gran parte del escrutinio de Madrid (donde el PP ha arrasado). A pesar de la aparente victoria del PP, los bajos datos de participación en Cataluña (53%) y Andalucía (60%), feudos tradicionalmente socialistas, restan trascendencia a la derrota del PSOE.
2. A la espera del escrutinio definitivo de las autonomías (que se realiza en segundo lugar), Tarragona pasa a manos del PSC, mientras que en Canarias, Baleares y Navarra el PP pierde la posibilidad de gobernar, y todo queda pendiente de los futuros pactos, en los que el PSOE tendrá un papel destacado.
3. En número de concejales, PSOE obtiene más poder municipal y se convierte en la primera fuerza a nivel estatal, con 23.334, frente a los 22.569 del PP.
4. De las 13 ciudades más pobladas, en 7 gana el PP, en 4 el PSOE, en 1 el PNV y en 1 IU. Eso sí, a grandes rasgos, en todas ellas el PP retrocede en número de votos y concejales, con lo cual los pactos serán de nuevo determinantes.
5. En Madrid, el PP arrasa. Sobre todo, el PP de Gallardón, con un acaparador 55% de los votos de la capital. En la Comunidad, Aguirre obtiene una holgada mayoría absoluta, pero con un porcentaje menor: 51%.
Con estos datos, y a la espera de resultados definitivos que nos permitan, ya mañana, realizar un análisis más reposado sobre lo que nos deja esta noche electoral, dos son los titulares. El primero anunciaría que el PP gana en número de votos, aún siendo el perdedor moral de estas elecciones, tanto en términos de poder municipal como autonómico. El segundo, que las elecciones generales están hoy un poco más cerca. Ya hay quien se atreve a predecir incluso la fecha: 28 de octubre. De aquí a cinco meses y un día.
PD: En Cáceres, el ascenso en votos de PP e IU no les permite alcanzar en coaliación la mayoría absoluta. Eso sí, Saponi pierde el concejal que le aseguraría la alcaldía, que va a parar a manos de Vela. Nos encontramos con la misma situación política de estos dos últimos años. El cambio en la capital cacereña tendrá que esperar.
Tenemos ya los primeros resultados oficiales en este 27-M. Son los que se refieren al grado de participación. A las 14 horas, un 35,22% de los censados ya había ido a votar. Eso es dos puntos más que hace cuatro años (37,40%) pero, atención, es casi un punto más que hace ocho (34,48%). En cualquier caso, lo que ya parece claro es que, como era de esperar, el dato final a las ocho de la tarde rondará el 65%. Una cifra baja, pero habitual en los comicios locales en España, en los que suele ir a votar entre un 62% (1991) y un 69% (1995), estando la media en torno al 66%.
Eso sí, que sea el alto abstencionismo la tónica general no implica que tenga numerosas consecuencias negativas: la más importante de ellas, el menor apoyo de los ciudadanos al sistema político y, por tanto, su menor legitimidad. Pero una menor participación también implica un menor interés por la política y un menor grado de eficacia política subjetiva. Además, hemos de tener en cuenta que el abstencionismo tiende a concentrarse en las clases más populares o con menos recursos y, por tanto, cifras más bajas de participación también pueden implicar una pérdida de igualdad política.
Lo cierto es que es curioso que las municipales sean, junto con las europeas, las elecciones con menor participación en España, siendo precisamente éstas en las que más fácil resulta para los ciudadanos comprobar si sus representantes han cumplido sus promesas; tanto por la proximidad de los concejales a los ciudadanos como por el reducido tamaño de la circunscripción. Entre las causas estructurales de este elevado abstencionismo, más allá de las situaciones concretas de cada elección, podríamos enumerar la pérdida de peso de los agentes tradicionalmente movilizadores (sindicatos, partidos), los cambios en las actitudes políticas de los electores (que observan como el poder político pierde terreno en detrimento de los poderes económicos), la multiplicación de las citas electorales, etc.
Una posible solución a esta cuestión, aún no planteada en España, sería la obligatoriedad del voto. Esta medida, aplicada con éxito en países como Bélgica (no sin una cierta polémica), si bien no incrementaría la legitimidad del sistema y podría llegar a resultar contraria al derecho a voto (un derecho no irrenunciable, según la interpretación que hace la doctrina de la Constitución Española), sí conseguiría movilizar a toda aquella parte del electorado que se queda en casa.
Volviendo a tomar en consideración las cifras de hoy que, como hemos dicho, se mantienen entorno a la media española, es difícil hacer una previsión sobre el resultado final. En principio, el hecho de que la participación no se dispare perjudica a la izquierda. Pero al ser éstas unas elecciones locales, en las que se vota más al candidato que a una ideología, la relación no se puede establecer tan claramente. Y aún queda mucho día por delante. Tendremos que esperar a las diez de la noche para tener resultados ya bastante fiables. Para entenderlos, cinco serán los aspectos clave:
1. Diferencia de votos entre PP y PSOE a nivel municipal (en las últimas elecciones, fue de 123.000 votos, a favor de los socialistas).
2. Gobiernos autonómicos o de ciudades grandes que cambien de manos (atención a Baleares, Canarias, Navarra, Tarragona y Sevilla).
3. Número total de concejales (últimas elecciones: 23.615 PP, 23.224 PSOE).
4. Datos de las 13 ciudades españolas más pobladas (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Bilbao, Murcia, Valladolid, Las Palmas, Córdoba, Palma y Alicante.
5. Madrid (la lucha no será entre PP y PSOE, sino entre Gallardón y Esperanza, para ver quién consigue un mayor porcentaje de votos)
Más información | “Baja participación“, en Escolar.net | “El PSOE puede salir derrotado“, en 20minutos
Uno de los conceptos a los que más se aferran los partidos a la hora de pedir el voto a sus conciudadanos es la idea del “voto útil“. Según su razonamiento, sólo votar a uno de los dos grandes partidos asegura la representación en las cámaras locales y autonómicas: “sólo votando PP o PSOE vuestro voto será útil, porque somos los dos únicos partidos con posibilidades reales de gobernar“. Sin embargo, esto no es del todo cierto. Y mucho menos en las elecciones locales.
Veamos por qué: en las elecciones generales, donde la mayoría de las circunscripciones tienen menos de siete escaños (el mínimo considerado por la doctrina para obtener una verdadera proporcionalidad; es decir, una equivalencia entre porcentaje de votos y porcentaje de escaños), sí es cierto que un voto a los dos partidos grandes puede ser “más útil”, porque cualquier agrupación que obtenga por debajo del 25% del sufragio tiene casi nulas posibilidades de obtener representación. Sin embargo, el razonamiento se invierte en las elecciones municipales, donde el número de concejales a elegir es siempre superior a 7 (por ejemplo, a partir de 50.000 habitantes ya es superior a 25, según el art.169 de la LOREG) y donde, por tanto, el grado de proporcionalidad de la Ley d’Hondt es bastante elevado.
De hecho, paradójicamente, con la configuración política actual habitual en nuestros municipios, en los que existen dos partidos grandes (PP y PSOE) y uno o dos partidos pequeños (IU o agrupaciones locales), con 1 o 2 concejales cada uno; el voto más útil no es el voto a los grandes, sino a los pequeños. El ejemplo más claro lo encontramos en las pasadas elecciones municipales en la ciudad de Cáceres, que tuvo los siguientes resultados y la siguiente asignación de concejales (celdas sombreadas), según la Ley d’Hondt:

Como vemos, el último cociente que permitió a los populares obtener concejal fue de 1724,8. Así, para que alguno de los otros partidos obtuviera otro concejal más, tendrían que alcanzar este cociente. En votos, la diferencia entre ambos partidos se calcularía multiplicando la diferencia entre el último cociente del PP con concejal y el primero de PSOE o IU-SIEX sin concejal, y multiplicándolo de nuevo por la cifra del cociente en que nos encontremos, para traducirlo a votos:
Los votos necesarios para obtener un concejal más son, como hemos comprobado, menores en el caso de IU-SIEX. Pero la mayor utilidad del voto a este partido no se queda aquí: calculemos ahora qué pasaría si hubiera un traspaso de votos de IU-SIEX al PSOE; y del PSOE a IU-SIEX. Las dos siguientes tablas muestran la distribución resultante de concejales en ambos casos:
Un traspaso de votos de IU-SIEX al PSOE, partiendo del hecho de que ya de por sí es necesario que sea elevado, no sólo no consigue evitar la mayoría absoluta del PP, sino que además elimina la representación de IU en el ayuntamiento (ya sea por el sistema de cocientes o por no alcanzar el 5% necesario del sufragio para poder traducir votos en concejales). Por el contrario, un mucho menor traspaso de votos (únicamente el 1,4% del censo) en la dirección inversa, no sólo permite votar nuestra opción preferida (para aquellos que así sea), sino que además aumenta la representación de IU-SIEX, “robándole” el concejal de la mayoría absoluta al PP de Saponi. Y, teniendo en cuenta que es necesario formar gobierno, el resultado más probable sería una coalición de izquierdas.
En conclusión, estos datos refutan la idea de que votar a PSOE en la ciudad de Cáceres, a pesar de que nuestra opción política preferida sea otra, es la mejor manera de conseguir acabar con la mayoría absoluta del PP de Saponi. El voto verdaderamente útil para conseguir un gobierno de izquierdas en la capital cacereña, según este razonamiento, es el voto a IU-SIEX.
Más información | El mismo razonamiento, para la ciudad de Valladolid
Último día ya de una campaña electoral de lo más atípica. Atípica porque, a pesar de que los ciudadanos sólo están llamados a elegir sus representantes municipales y autonómicos, los temas que han estado más presentes en la agenda de los medios han sido de ámbito estatal (política antiterrorista, ley de igualdad, corrupción urbanística…). Y atípica porque, aunque la pugna real era entre los candidatos a nivel local, el verdadero duelo a muerte se ha dado entre el anterior presidente (secundado por su heredero) y el actual.
Se ha dicho ya en numerosas ocasiones que esta contienda se plantea más como unas primarias que como lo que es; y es cierto. Quizás incluso más de lo que nos pensamos, después de escuchar los numerosos rumores que anuncian el adelanto al otoño de las elecciones generales. Un adelanto que podría ser interpretado por el electorado como un fracaso del presidente, pero que adquiere sentido si atendemos a la ventaja de varios puntos que aún mantienen los socialistas sobre los populares, de acuerdo a las encuestas. Ventaja que podría incrementarse aún más bajo los efectos de la resaca de una sangría de votos populares. Algo que, consultando los sondeos, podría convertirse en realidad. Y eso por no hablar de un cambio de candidato en el PP de aquí a las próximas elecciones, también posible.
En cualquier caso, no son más que rumores. Como aquellos rumores - casi secretos a voces - que hablan del desplante de Maragall ayer a la plana mayor del PSC en el mítin de cierre de campaña en la capital catalana. Al parecer, su retraso de más de media hora sería el causante del desespero de gran parte del público y de los organizadores del acto. Un desplante que obtuvo un silencio por respuesta: durante los discursos ayer de Hereu (alcaldable), Montilla y Zapatero, no se escuchó ni una sola alusión a Maragall como ex-president (sí como alcalde). Y eso por no hablar de los tres asientos que separaban a ambos presidentes del ex-president. O del poco efusivo saludo entre ellos. O de las prisas que se dio Pasqual para abandonar el pabellón. Curioso, ¿no?
El domingo, a partir de las ocho de la tarde, tendremos que estar muy atentos a los resultados. Por autonomías, Baleares, Navarra y Canarias serán el punto clave. Por ciudades, Zaragoza, Tarragona y León. Y, por líderes, Rajoy - y sobre todo, su cara tras escuchar los resultados - será muy reveladora. Porque cada voto de menos será un voto que le aleje de la Moncloa.