Manipula, que algo queda
De igual forma que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda; por mucho que determinados políticos del Partido Popular intenten ocultarse bajo una pátina de respeto a la democracia, a la libertad y a las leyes, seguirán siendo lo que son: unos sentimentales del régimen franquista. Esa es la explicación a por qué, durante esta legislatura, el PP ha actuado más como una organización antisistema que como lo que es: el principal partido de la oposición. Se ha convertido en un troll, una máquina constante e irracional de boicoteo y freno a las iniciativas del gobierno o de otros grupos parlamentarios.
Culpa del PP es la actual situación de uno de los tres poderes básicos del Estado, el judicial: en la actualidad, sus dos instituciones más importantes (el Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial) se encuentran totalmente bloqueadas, dado que ha sido imposible llegar a un acuerdo sobre la elección de sus nuevos miembros. Recordemos que los magistrados de ambas instituciones se renuevan de forma parcial cada un determinado período de tiempo (3 años, en el TC; 5 años, el CGPJ), y la persona que ocupe cada cargo ha de obtener el respaldo de 3/5 partes de los miembros del órgano que lo elija (Congreso o Senado, según corresponda).
Así, el problema de la situación actual radica en que el Partido Popular, al tener una proporción de votos superior a 2/5, veta de forma sistemática la renovación de los nuevos cargos, asegurándose por tanto que los anteriores magistrados sigan ejerciendo su puesto en funciones, y manteniendo, en definitiva, la mayoría conservadora que consiguió durante el gobierno de Aznar. Por cierto, resulta curioso que sea precisamente una reforma de Zapatero, de diciembre de 2004, por la que se aumentaba la mayoría necesaria para elegir a los miembros del CGPJ (de mayoría absoluta a 3/5 partes) la que le haya otorgado al PP el control de este órgano. Una reforma a la que ellos se opusieron en su día, pero que ahora les está viniendo muy bien.
La verdad es que es una lástima que medidas como ésta, que no hacen más que aumentar el consenso necesario para elegir a unas instancias judiciales que deberían ser independientes, acaben convertidas en armas arrojadizas contra el gobierno. Y más vergonzoso aún es que personajillos como Acebes afirmen que el objetivo de estos cambios no es más que conseguir que “Zapatero controle el TC, de forma que sea reflejo de su política, que es la de la exclusión del PP y la alianza sólo con los nacionalistas”. Como decía, cada vez más los populares demuestran que son un partido totalmente antisistema.
Por si fuera poco, hoy Público dedica su portada y un interesante reportaje de investigación a cuatro páginas al pasado del juez Roberto García Calvo, miembro del Constitucional desde 2001, con el voto del PP, y antiguo falangista y gobernador civil de Almería en 1976. Según se explica en el artículo, “todos sus votos y resoluciones siempre han coincidido con las tesis conservadores” y, además, su pasado político se encuentra teñido de sangre por la pasividad que mostró cuando, en su cargo de jefe provincial, tuvo lugar el asesinato de Javier Verdejo, un joven universitario progresista, que murió tiroteado por la Guardia Civil mientras se encontraba pintando en un muro ‘Pan, trabajo y libertad’.
En fin, tampoco deberíamos sorprendernos demasiado. ¿Qué se puede esperar de un país en el que los antiguos miembros de la administración franquista pasaron a ser miembros de la administración democrática casi sin despeinarse? ¿Qué se puede esperar de un país en el que los que firmaron ejecuciones y ordenaron disolver de forma contundente manifestaciones han sido posteriormente presidentes de comunidades autónomas? ¿Alguien sería capaz de entender que antiguos miembros del partido nazi fueran ahora miembros del más importante tribunal de justicia alemán?
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