Opinión pública inmediata: la valoración de los nuevos ministros

A las 19.30 de la tarde de ayer, 21 de diciembre, el recién investido Presidente Mariano Rajoy comunicó en una escueta rueda de prensa la composición de su primer gobierno. Tras semanas de especulaciones sobre los nombres que estarían en la lista de nuevos ministros populares, el secreto se desveló y comenzó en la opinión pública el debate sobre la conveniencia de este gobierno para afrontar la crisis económica. Tendremos que esperar aún un par de meses para conocer los resultados del primer barómetro político del CIS, en el que se preguntará a los ciudadanos sobre valoración de cada ministro. Sin embargo, lo que sí tenemos ya disponible son las primeras valoraciones que se han ido realizando en Twitter sobre cada uno de ellos. En esta entrada presento un primer análisis de estas valoraciones, con el que intento mostrar las posibilidades de Twitter como fuente de datos en tiempo real sobre la opinión pública.

El primer indicador que podemos estudiar es el número de tweets que han mencionado cada uno de los nuevos ministros en las 24 horas posteriores al anuncio de Rajoy. De igual manera que el CIS pregunta a cada ciudadano si conocen o no quién dirige cada cartera, la cantidad de menciones de sus nombres puede darnos una aproximación de su presencia en las discusiones políticas en España. En el gráfico bajo estas líneas resumo el valor de este indicador para cada ministro, ordenados de mayor a menor número de menciones.

Como vemos, los nuevos ministros de Economía y Competitividad, y Justicia son los que generan un mayor nivel de discusión política, con más de 14.000 tweets cada uno, muy por delante del resto. A continuación encontramos un segundo grupo de ministros, en torno a los 8.000 tweets, con la nueva vicepresidenta y los titulares de Agricultura y Medio Ambiente, y Educación y Cultura. Después de la ministra de Sanidad, con 6.000 tweets, el resto de ministros han generado un nivel de discusión relativamente moderado. Como vemos, las circunstancias políticas de cada uno de los nuevos ministros parecen tener un impacto mayor que la cartera en sí: éste es el caso de Gallardón, por ejemplo, que abandona la alcaldía de Madrid; o del sociólogo José Ignacio Wert, que deberá solucionar los conflictos derivados de la “Ley Sinde”, cuyo impacto tuvo una mayor magnitud en Twitter. Sin embargo, resulta interesante comprobar como el miembro del ejecutivo que hoy protagonizaba todas las portadas, Soraya Sáenz de Santamaría, no es quien ha generado mayor discusión en Twitter.

Pero el análisis no tiene por qué quedarse aquí. En tuitometro.es hemos desarrollado un algoritmo de clasificación de cada tweet que nos permitía medir su carga afectiva. Este algoritmo, que ya aplicamos para analizar la valoración de los candidatos durante la campaña, o durante el debate a dos bandas, nos permite tener una idea aproximada del grado de “positividad” o “negatividad” de la discusión que ha generado cada ministro en estas últimas 24 horas. Salvando las distancias, y con todas las cautelas, este indicador sería el equivalente a la media de valoración de cada ministro según los barómetros del CIS.

En esta entrada introduzco dos matices adicionales. En primer lugar, puesto que no todos los ministros han sido mencionados el mismo número de veces, no podemos tener el mismo grado de certeza sobre sus valoraciones. Para solventar este problema, he calculado intervalos de confianza al 95% de cada uno de los indicadores de valoración. En segundo lugar, si únicamente consideramos la valoración de cada ministro de manera agregada, estamos perdiendo muchos matices interesantes derivados de las características de cada individuo. Por ello, en mi análisis he distinguido entre usuarios según su identidad partidista: cercanos al PSOE, cercanos al PP, o independientes (o cercanos a otros partidos). Los detalles de esta medida están detallados en un artículo de investigación en el que estoy trabajando pero, a modo de resumen, la intuición detrás de esta medida es que podemos deducir la identificación partidista de cada usuario de twitter en función del tipo de usuarios que está siguiendo. En una futura entrada explicaré esta medida en mayor profundidad.

Así, en el siguiente gráfico presento la evaluación de cada ministro (ordenados de mejor a peor valoración), desagregando en función de si los tweets fueron enviados por usuarios cercanos al PSOE, al PP, o a otros partidos. Los intervalos de confianza nos dan una idea de la incertidumbre respecto a estas valoraciones. Si estos intervalos no se solapan, esto quiere indicar que las diferencias son significativas.

Son muchas las conclusiones interesantes que podemos extraer de este gráfico. En primer lugar, el hecho de que todos los ministros sean sistemáticamente mejor valorados por los usuarios cercanos al PP da confianza respecto a la validad de mi medida de identidad partidista. Como vemos, Soria, García Margallo, Sáenz de Santamaría y Wert son los ministros mejor valorados. Por el contrario, Gallardón, Mato y Morenés son los que obtienen valores más bajos en este indicador. Las diferencias entre partidos nos dan una idea de qué ministros generan opiniones más polarizadoras. El caso más extremo es el de Pedro Morenés. Por contra, García Margallo ha sido alabado de igual manera por todos los usuarios. Finalmente, a modo de curiosidad, comprobamos que la razón por la que Gallardón obtiene una valoración media tan baja proviene de los usuarios cercanos a su partido: es el ministro peor valorado por parte de los cercanos al PP.

En conclusión, pese a que la validez de estos resultados deberá ser contrastada con datos de encuesta, este tipo de análisis sugiere el gran abanico de posibilidades de Twitter como herramienta de medida de la opinión pública en tiempo (casi) real, y sin la necesidad de hacer costosas inversiones en trabajo de campo o software de análisis estadístico.

Enlace permanente » · Escrito el: 22-December-2011 · · Comments Off

PP 181, PSOE 137

El Partido Popular será la fuerza política más votada en las próximas elecciones generales. Todas las encuestas indican que la diferencia entre PP y PSOE en términos de voto es insalvable, incluso tras el cambio de candidato en las filas socialistas. La cuestión no es, por tanto, si Mariano Rajoy será presidente o no, sino cuántos escaños obtendrá. ¿Superará el límite de los 175 escaños, obteniendo así una mayoría absoluta que le permita gobernar sin pactos? Y, el PSOE, ¿tocará un nuevo suelo electoral, por debajo de los 125 parlamentarios que consiguió con Almunia en 2000? En esta entrada presento los resultados de una simulación electoral que ofrece algunas respuestas al respecto.

Las últimas encuestas publicadas (por ejemplo, ésta en El País del lunes pasado) apuntan a una diferencia entre PP y PSOE de unos 15 puntos. Traducir esta diferencia a escaños es complejo debido, en primer lugar, a que los datos no están desagregados a nivel de provincia. Las consecuencias de la caída en votos del PSOE dependerán de cómo se distribuya territorialmente esta pérdida. Si se concentra en circunscripciones pequeñas, en la que la asignación de escaños es relativamente inelástica, su efecto será menor. Por ejemplo, en provincias como Cáceres, Salamanca o Burgos, PP y PSOE obtendrían el mismo número de escaños independientemente de si el primero ganara al segundo por 15 puntos o viceversa. Por el contrario, un cambio equivalente en número de votos tendrá un efecto mucho mayor en circunscripciones grandes, como Madrid, Barcelona o Valencia.

La segunda cuestión a resolver es qué transferencias de voto han llevado a esta diferencia de 15 puntos entre PP y PSOE. Los populares han mantenido, a lo largo de las tres últimas elecciones, un apoyo electoral muy estable, en torno a los 10 millones de votos. Los datos relativos a la lealtad de sus votantes, que aporté en una entrada anterior, sugieren que estos votantes seguirán apoyando al PP en las próximas elecciones. La clave está, más bien, en qué ocurrirá con los votantes del PSOE. Según el último barómetro del CIS, un 40% de ellos no volverán a apoyarles. Esto le supondrá al PSOE una pérdida de unos 4 millones de votos. ¿Qué harán estos votantes? ¿Apoyarán al PP, a otros partidos o se abstendrán?

El siguiente gráfico (click aquí para ampliar) ofrece los resultados de una simulación bajo diferentes supuestos relativos a esta segunda cuestión. Partiendo de la distribución de votos y escaños en 2008, la simulación computa la nueva distribución de escaños para cada diferencial de voto entre PP y PSOE, distinguiendo tres posibles supuestos respecto a la pérdida de votantes del PSOE. Para calibrar la distribución territorial de la pérdida de voto del PSOE, he tenido en cuenta los resultados a nivel de provincia de las elecciones municipales de 2011, controlando por las pautas de voto diferencial en los dos elecciones locales anteriores.

Por ejemplo, una diferencia de 15 puntos, como la que indicaba la encuesta de El País, supondría que el PP obtendría entre 190 y 196 escaños, y el PSOE entre 115 y 129. Estas cifras oscilan en función del supuesto que utilicemos. Si asumimos que todos los votantes descontentos del PSOE acaban votando al PP, la distribución sería 194 y 129. Si, por el contrario, suponemos que los ex-votantes socialistas deciden no votar, los escaños obtenidos serían 196 y 115. Sin embargo, lo más realista será esperar que la pérdida de votos del PSOE se distribuya de manera homogénea entre PP, la abstención y otros partidos. En este caso, el PP obtendría 190 escaños y el PSOE 122.

Este gráfico nos permite llegar a interesantes observaciones. En primer lugar, todo parece indicar que el PP obtendrá mayoría absoluta. Una diferencia de 7 puntos respecto al PSOE, bajo cualquiera de los tres supuestos, le bastaría para obtenerla. En lo que respecta al PSOE, es improbable que caiga por debajo de su suelo electoral de 2000 (125 escaños). Pese a que las últimas encuestas indiquen una diferencia de 15 puntos, cabe esperar que, debido al voto oculto y los efectos movilizadores de la campaña electoral, la diferencia final sea inferior a 10 puntos. Un resultado así mantendría a los socialistas por encima de los 130 escaños. Esto se debe, además, a que la distribución territorial de sus bases electorales le beneficia: ante un empate en votos, el PSOE obtendría más escaños que el PP.

En segundo lugar, el gráfico apunta a que una de las claves de estas elecciones será la abstención, que probablemente sea elevada, superior al 30%. El número de escaños del PSOE se reduce drásticamente cuando asumimos que la diferencia entre PP y PSOE se debe a que los votantes socialistas que dejan de apoyarles deciden abstenerse. Curiosamente, cuando la abstención aumenta, los partidos pequeños salen muy beneficiados. Esto parece deberse a que las pérdidas del PSOE tienden a concentrarse en circunscripciones grandes, como Madrid y Barcelona, donde estos partidos tienen más probabilidad de obtener representación. Sin embargo, aún en el mejor de los casos, esta representación sigue siendo reducida y nunca por encima del total de 50 escaños (aunque es importante subrayar que esta simulación no incluye a Bildu, Equo u otros partidos que se presentan por primera vez).

¿Qué distribución de escaños predice esta simulación para las elecciones de 2011? La respuesta depende, por supuesto, de la diferencia entre PP y PSOE que creamos que puede darse, y la dirección de la transferencia de ex-votantes socialistas. Pese a que las encuestas ofrezcan el dato de los 15 puntos, una cifra más realista es la de 8 puntos de diferencia entre PP y PSOE. De igual manera, el supuesto más lógico respecto a la transferencia de votos es que ésta sea homogénea entre PP, abstención y otros partidos.

Bajo estos supuestos, la distribución de escaños sería: PP 181 (+27), PSOE 137 (-32), CiU 12 (+2), PNV 6 (=), IU 4 (+2), ERC 3 (=), UPyD 2 (+1), PNC 2 (=), BNG 2 (=), NaBai 1 (=). Aún teniendo en cuenta los posibles efectos de la campaña electoral, y la irrupción de nuevas fuerzas políticas, el reparto final de escaños será probablemente no muy diferente de este.

Nota: el código para replicar la simulación con STATA está disponible aquí. El gráfico ha sido generado en R con el paquete ggplot2 (código aquí).

Enlace permanente » · Escrito el: 16-September-2011 · · 4 comentarios »

Rubalcaba 2012

El pasado domingo, durante un acto electoral en León, el Presidente Zapatero anunciaba su intención de no resignarse a una derrota electoral, de estar dispuesto a “darle la vuelta a las encuestas” antes de las próximas elecciones generales. Unos días después, sorprendía a la mayoría de ciudadanos con una reforma en profundidad de su gobierno, que iba mucho más allá de sustituir al Ministro de Trabajo, como él mismo había anunciado. No entraré a valorar las implicaciones políticas de algunos de estos nombramientos; Pablo Simón ha escrito una entrada excelente sobre el tema, y comparto todas sus apreciaciones. Lo que me pregunto, imagino que como tantos otros, es: ¿serán suficientes estos cambios para revitalizar las expectativas electorales del PSOE de cara a las próximas elecciones?

Y mi respuesta es: no. No hay más que echar un vistazo a la evolución de algunas variables claves para comprobar rápidamente que los socialistas se encuentran, a día de hoy, a una distancia insalvable de la victoria electoral. Como se refleja en el gráfico bajo estas líneas, la valoración de Zapatero como presidente, y del gobierno en su conjunto se encuentran, según el último barómetro del CIS disponible a fecha de hoy (julio de 2010), por debajo del 3,5: aún levemente por encima de las valoraciones de Rajoy y de la oposición en conjunto, pero muy lejos de cualquier valor que sugiera que es posible revertir la situación. Se trata del valor más bajo, con diferencia, de todo el gobierno de Zapatero, que destaca muy especialmente si tenemos en cuenta que, durante su primera legislatura, siempre se mantuvo por alrededor del 5.

Gráfico 1: Evaluación de Zapatero y Rajoy; y de la labor del gobierno y la oposición

Fuente: Barómetros del CIS (Abril 2004-Julio 2010)

Resulta curioso, sin embargo, observar cómo durante toda esta segunda legislatura la valoración del gobierno se ha mantenido siempre ligeramente por debajo de la de Zapatero como presidente, lo cual es una señal evidente de que algo estaba funcionando mal en la composición del gobierno (probablemente la inclusión en el gabinete de Zapatero de algunos ministros con una baja valoración por parte de votantes del PP y otros partidos). Esta renovación de gobierno, con sus claros guiños a la izquierda (Rosa Aguilar, Valeriano Gómez) y derecha (desaparición del ministerio de Igualdad, ascenso de Rubalcada – el ministro mejor valorado entre los votantes del PP), parece tener la clara intención de arañar votos en la izquierda y el centro-derecha. Sin embargo, en lo que debería centrarse Zapatero es en tratar de recuperar a sus antiguos votantes de 2008: según los datos del siguiente gráfico, cerca del 50% de ellos no volverían a votar por el partido socialista si se celebrasen elecciones mañana. Y, de nuevo, estos datos son de julio de 2010 – la cifra actual es probablemente bastante más desastrosa.

Gráfico 2: Lealtad partidista (porcentaje de encuestados que mantienen el sentido de su voto)

Fuente: Barómetros del CIS (Abril 2004-Julio 2010)

Y la pregunta que sigue en la mente de todos es aquella con la que cerraba mi última entrada: ¿intentará Zapatero repetir como candidato socialista por tercera vez? Para ser sincero, no tengo una opinión formada al respecto, porque me da la impresión que ni él mismo ha tomado una decisión aún. Estoy de acuerdo con Roger en que, hoy por hoy, el PSOE no tiene ninguna posibilidad de ganar en 2012. Ni una rápida recuperación económica, ni cambios drásticos en el gobierno, ni el fin de ETA pueden salvar de un gran castigo electoral a un gobierno y a un candidato tan desgastados. Sin embargo, no tengo tan claro que Zapatero vaya a resignarse tan fácilmente, y algunos de los movimientos en esta última reforma de gobierno dan pistas muy interesantes sobre cuáles pueden ser sus futuros movimientos.

Me refiero, en concreto, al ascenso de Rubalcaba hasta convertirlo prácticamente en un segundo Presidente. Estoy de acuerdo en que esto lo convierte en un “sucesor natural de Zapatero”. Y parece más que probable que, si el presidente percibe que su candidatura es un lastre para el PSOE, intente jugar la carta Rubalcaba, con la esperanza de poder mantener al partido en el poder. Sería una jugada que, por otra parte, tendría mucho sentido dado que, hoy por hoy, Rubalcaba no es únicamente el ministro mejor valorado, sino también el que mayores posibilidades tendría de arrebatar la victoria electoral al PP.

Como ejercicio de política ficción, para apoyar esta última intuición, a continuación muestro los resultados de una pequeña simulación, en la que intento predecir, utilizando el último barómetro del CIS y estimando un modelo multinomial, qué sucedería si se celebraran elecciones mañana y Zapatero fuera sustituido por otro candidato (en este caso, por otro ministro, puesto que son los únicos datos disponibles). Los resultados deben interpretarse con mucha cautela, no sólo porque se trata lógicamente de un uso de los datos diferente a su intención original (el proceso que sigo es estimar un modelo de voto, en el que tengo en cuenta la valoración de Zapatero como una de las variables independientes claves; y posteriormente utilizo los coeficientes para predecir los valores sustituyendo esta variable por la valoración de cada uno de los ministros, a nivel individual), sino también porque algunos de los supuestos de este tipo de modelos no se cumple a la perfección. Sin embargo, creo que los resultados son lo suficientemente interesantes y sugerentes como para compartirlos.

Predicción de voto si mañana se celebraran unas elecciones generales

Fuente: Barómetros del CIS de Julio de 2010

Los resultados son interesantes porque, aunque la valoración de cada candidato está lógicamente muy correlacionada con su rendimiento electoral ficticio, la distribución de esta valoración entre los votantes de diferentes partidos indica como cada uno de ellos “activaría” su voto en contra, o influiría en el nivel de abstención. Sin embargo, lo más sugerente de estos datos es el hecho de que tan solo tres ministros (Rubalcaba, De la Vega y Chacón) obtendrían un mejor resultado que Zapatero. Y, de estos tres, Rubalcaba sería el único capaz de plantar cara al PP, quedándose a una distancia de únicamente tres décimas en intención directa de voto. ¿Será Rubalcaba el sucesor de Zapatero, si éste decide dar un paso atrás antes de 2012? Si las expectativas electorales del PSOE mejoran ligeramente de aquí a entonces, me aventuro a afirmar que probablemente sí.

Enlace permanente » · Escrito el: 21-October-2010 · · 5 comentarios »

Sobre las primarias en Madrid

No he seguido con demasiado interés las elecciones primarias en Madrid, tanto por distancia geográfica como porque sigo pensando que es un tema de carácter regional, que probablemente caerá en el olvido en unos pocos días. Sin embargo, el intenso seguimiento que se ha hecho de la noche electoral en las redes sociales ha acabado convirtiendo estas elecciones primarias en un interesante y poco común ejemplo de transparencia en el modo en que funcionan los procesos democráticos internos de los partidos, que merece al menos unas breves reflexiones. Además, la victoria de Tomás Gómez puede ofrecer algunas respuestas a las preguntas clásicas sobre democracia intra-partidista: ¿qué explica el comportamiento electoral de los afiliados en unas elecciones primarias? ¿cómo reaccionan el resto de los votantes ante una elevada competición intra-partidista? ¿qué consecuencias tienen las primarias a nivel regional en los equilibrios de poder a nivel nacional?

Volviendo a este caso concreto, ¿por qué ha ganado Tomás Gómez? A priori, Trinidad Jiménez parecía la candidata mejor posicionada: su perfil ideológico se acercaba más a la del afiliado medio madrileño, su imagen pública era muy positiva y, según las encuestas publicadas en varios medios de comunicación, era la candidata mejor ubicada en la carrera por arrebatar a Esperanza Aguirre su mayoría absoluta en el gobierno regional. Sin embargo, la mayoría de afiliados han opinado de manera diferente: ¿por qué? ¿hasta qué punto su voto se ha guiado por su evaluación de la potencialidad de cada candidato; o por sus lealtades partidistas a las direcciones regional o federal del partido? Aunque es difícil responder esta pregunta, la diferencia en el resultado parece haberla marcado el trabajo que ha ido llevando a cabo Tomás Gómez desde su designación como secretario General del PSM, en 2007. El más que evidente intento de Ferraz por injerir en la designación del candidato; y el hecho de que toda encuesta con candidatos hipotéticos es, por definición, poco fiable; son otros dos argumentos que habrán pesado en la decisión de los afiliados, muy en la línea de dos de las teorías clásicas sobre el funcionamiento interno de los partidos.

Pensando ya en las próximas elecciones, la pregunta obvia es: ¿qué impacto tendrán las elecciones primarias en el resultado de Mayo de 2011? ¿castigarán los votantes madrileños las disputas internas en el PSOE? Es complicado responder esta pregunta, porque hay dos resultados plausibles, de carácter contradictorio. Por un lado, la investigación sobre este tema apunta claramente que los votantes (moderados) castigan los partidos divididos, puesto que tienden a confundir el debate interno con el faccionalismo. Sin embargo, en este caso concreto, las elecciones primarias han servido para incrementar la popularidad de Tomás Gómez, protagonista de titulares en prensa nacional durante las últimas dos semanas, lo cual sin duda tendrá un efecto positivo, al menos en lo que a su valoración como candidato respecta. ¿Cuál de estas dos tendencias predominará? Sin duda, la clave estará en cómo se gestionen los nuevos equilibrios de poder tras esta noche: si Tomás Gómez consigue una “reconciliación” entre ambos sectores, que pueda manifestar públicamente al electorado madrileño (por ejemplo, incorporando apoyos claves de Trinidad Jiménez en su candidatura), podría evitar asumir parte del desgaste que supone presentarse ante el electorado como un partido dividido.

La última pregunta, quizás de carácter más coyuntural, pero que es la que se hacen la mayoría de periodistas, a juzgar por los titulares de mañana es: ¿afectará de alguna manera la victoria de Tomás Gómez a la estabilidad de la presidencia de Zapatero? Al menos en lo que a número de votos respecta, lo dudo mucho. Como decía antes, unas elecciones primarias como estas no son más que un tema de carácter local e interno, que pronto caerá en el olvido ante lo que realmente le importa a los votantes ahora mismo: la situación económica. Ahora bien, es en la lucha intra-partidista en donde esta derrota adquiere una singular relevancia: Zapatero ha demostrado que ya no goza del monopolio del control del partido. El PSM ha sido desde siempre una agrupación con intereses propios, constantemente en conflicto con la dirección federal, pero en este caso Trinidad Jiménez era la apuesta personal del presidente. Y su fracaso le toca muy directamente, lo cual hace esperar que no sea el último desaire que pueda sufrir durante los próximos años por parte de los barones regionales de su partido, una vez que la veda ya ha sido abierta. Estos desequilibrios sin duda afectarán cómo afronte el PSOE las elecciones de 2012, pero antes de ello aún queda por resolver la principal incógnita: ¿intentará Zapatero repetir como candidato socialista por tercera vez?

Enlace permanente » · Escrito el: 03-October-2010 · · 2 comentarios »

¿Votar a un partido o a un candidato?

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir como oyente al Segundo Workshop sobre la Economía Política de la Democracia, dirigido por Josep Colomer, en el que intervinieron reconocidos especialistas en el área de los sistemas electorales, como David Marsh o Louis Massicotte. La idea central en torno a la cual giraban las sesiones era la necesidad de reorientar la agenda de investigación en este área. Hasta el momento, el interés ha recaído principalmente en cómo la representación de los diferentes partidos se ve afectada por las leyes electorales, o en cómo los propios partidos manipulan estas normas en beneficio propio. Colomer y el resto de asistentes propusieron una nueva dimensión a ser analizada: la referente a cómo los diferentes candidatos, dentro de cada partido, obtienen la representación. En otras palabras, se trata de estudiar no sólamente cómo el número de votos obtenido por cada partido se convierte en una cantidad determinada de escaños, sino también cómo éstos son distribuidos entre los miembros de cada partido que se presentan a la elección.

Mis compañeros de La Kancillería y El Pati Descobert ya han comentado su opinión sobre algunas de las cuestiones que se plantearon durante el Workshop, en un par de muy recomendables entradas. Sin embargo, me gustaría añadirme a la “conversación” con una breve reflexión sobre un par de temas que creo que no se tocaron con la suficiente profundidad, y que personalmente me parecen más interesantes que el debate de tipo descriptivo sobre las diferentes fórmulas electorales utilizadas para otorgar mayor prioridad a la representación personal.

El primero de ellos es el referente a si son verdaderamente compatibles estas dos formas de representación (la de partido y la de los candidatos). En la mayoría de estudios sobre las consecuencias de los sistemas electorales, se suele hacer referencia al trade-off existente entre la estabilidad gubernamental y del sistema de partidos, por un lado, y el pluralismo político y la representación de todos los grupos presentes en la sociedad, por el otro. Así, las fórmulas electorales más restrictivas (distritos pequeños con sistemas mayoritarios) incentivarían la coordinación entre partidos y votantes, y los gobiernos tenderían a estar formados por un único partido con mayor frecuencia, con lo cual se reforzaría la estabilidad del sistema. Esta mayor estabilidad se conseguiría, sin embargo, a costa de una peor representación de todas las minorías presentes en la sociedad, que únicamente podrían obtener una representación proporcional a su tamaño en sistemas más permisivos (distritos grandes con fórmulas proporcionales).

La pregunta que uno puede hacerse, por tanto, es: ¿existe otro trade-off de idéntica importancia entre la representación partidaria y la representación individual? ¿Los sistemas electorales que favorecen una mayor proximidad entre candidatos y votantes lo hacen a costa de restar importancia a los partidos como articuladores del juego político? Creo que no se trata de una cuestión irrelevante: si, al diseñar los sistemas electorales, nos gustaría combinar “lo mejor de ambos mundos”, es posible que sus consecuencias no sean las deseadas, al no tener en cuenta la incompatibilidad de estas dos dimensiones de la representación política.

En segundo lugar, en todo el momento el debate sobre la necesidad de fomentar una representación más personal fue bastante acrítico. Estoy de acuerdo que la posibilidad de hacer más directa la relación entre representante y representado tiene su parte positiva, especialmente porque esto permite el ejercicio de una rendición de cuentas (accountability) individual, porque suele incentivar la democracia interna de los partidos y, en definitiva, porque puede contribuir a mejorar el funcionamiento del sistema democrático.

Sin embargo, la representación personal comporta un cierto riesgo, cuando se convierte en representación personalista. En primer lugar, porque puede fomentar el populismo y las relaciones clientelares en sociedades poco informadas. En segundo lugar, porque incrementa el coste monetario e informativo de las campañas, lo cual puede generar asimetrías: los candidatos con mayores recursos pueden obtener mayor visibilidad pública, y los votantes con una mayor facilidad para acceder a información pueden tomar decisiones más eficientes y más acordes a sus intereses. Estas asimetrías se acrecentarían aún más si los niveles de democracia interna varían entre partidos: aquellos partidos con una mayor competitividad interna pueden ser percibidos más negativamente por los votantes. Por último, existe el peligro de caer en una dinámica de “pork barrel politics” al estilo norteamericano, en que los congresistas y senadores priman los intereses de su circunscripción por encima de los nacionales, generando resultados que pueden ser subóptimos.

Dicho todo esto, en el caso español, ¿sería positivo mejorar la representación de los candidatos a nivel estatal? ¿Y, cómo hacerlo? Estoy de acuerdo con Kanciller en que la mejor opción sería desbloquear parcialmente las listas electorales, permitiendo que los votantes también podamos expresar nuestras preferencias sobre los candidatos que concurren a las elecciones. Se trataría de una medida que sin duda mejoraría la calidad de los representantes sin minar en exceso la calidad de la representación. Sin embargo, lo cierto es que probablemente sería poco efectiva sin otras reformas tan necesarias en el caso español, como la democratización de los procesos de selección de candidatos, la creación de canales de comunicación más fluidos entre representantes y ciudadanos, y la propia mejora en el diseño de nuestras instituciones públicas.

Enlace permanente » · Escrito el: 23-June-2009 · · 18 comentarios »