Aunque no tanto como Izquierda Unida, en estas elecciones Convergència i Unió también deberá luchar contra un bipartidismo cada vez menos imperfecto como el español. Lo tiene muy difícil la coalición para poder volver a alcanzar sus resultados de hace un par de legislaturas, y que lo convertían en prácticamente un ‘partido bisagra’ entre PP y PSOE. Aún así, parte con ventaja en el sentido en que sus últimos resultados fueron los peores de los últimos 20 años y, por tanto, tiene poco qué perder y mucho que ganar. Con respecto a sus posibles estrategias, en mi opinión, sus dirigentes deberán enfrentarse durante la próxima campaña electoral a un dilema de difícil solución: reforzar su perfil moderado y su capacidad para influir en la gestión de gobierno; o, por el contrario, continuar por el camino iniciado por Mas y su ‘dret a decidir’, tratando de captar parte del electorado descontento de ERC.
La primera de las opciones se basaría en su notable fuerza en el Congreso de los Diputados (seguramente volverán a ser la tercera fuerza política), y su importancia en el probable caso de que ninguno de los dos partidos principales obtuvieran la mayoría absoluta. Si ya en la legislatura anterior, PSOE y CIU sumaban 174 escaños; en esta legislatura, casi todos los sondeos indican que podrían superar el límite de los 176 escaños. Sin embargo, esta estrategia comporta un riesgo añadido: es bien conocido el fenómeno del voto dual, que se da con mucha fuerza en Cataluña (un cierto porcentaje de votantes de CiU en las autonómicas pasan a votar PSOE en las generales). Un perfil moderado, y poco diferenciado de los dos principales partidos, podría fomentar esta dinámica. Y esto se podría acentuar aún más en el caso en que la coalición no aclarase desde un principio que no está dispuesta a pactar con el PP. A esto deberíamos añadir también que el PSC, su principal rival político en este aspecto, ha reforzado bastante su perfil catalanista en estos últimos meses, lo cual reduciría el rechazo de aquellos que votarían a Zapatero pero no votarían a Bono (votar PSC sería una garantía de que el gobierno socialista tendría también un perfil más federalista).
Una segunda posibilidad sería continuar por la senda iniciada por Artur Mas y su fundación de la “Casa gran del catalanisme”. Partiendo del hecho que es casi seguro que ERC perderá un mínimo de 2 escaños, CiU podría aspirar a captar esta parte del electorado que, de otra manera, seguramente pasaría al abstencionismo o al voto de partidos extraparlamentarios. En parte, me da la sensación que ésta es la estrategia prioritaria en CiU, algo que se puede comprobar en toda la campaña que está realizando como protesta por la crisis de infraestructuras en Catalunya. Sin embargo, creo que no será una opción exitosa. En primer lugar, no podemos olvidar que la “Casa Gran” no deja de ser un concepto bastante borroso, una apuesta sin mojarse por algo parecido a la autodeterminación y, en definitiva, poco más que un gesto electoralista. No estoy seguro de si este tipo de ideas son especialmente atractivas para el sector “crítico” de ERC, que precisamente quiere huir de la falta de contundencia en este sentido de los cargos del partido en el poder. Por otra parte, tampoco se nos debe escapar quién es el cabeza de lista de CiU al Congreso: Duran i Lleida; alguien que no se caracteriza precisamente por ser muy cercano al centro político (no olvidemos que, por ejemplo, votó en contra del matrimonio homosexual), y por tanto, no muy bien visto por ERC.
Pasando ahora a un análisis más cuantitativo, provincia por provincia, hay dos circunscripciones que deberían ser clave para CiU: Lleida i Barcelona. En la primera de ellas, la coalición se quedó en las últimas elecciones a tan solo 250 votos de obtener un escaño más. Aunque tampoco lo tendrá excesivamente fácil, porque tanto el PSC (que obtuvo unos buenos resultados en las últimas municpales) como el PP (que se quedó a pocos votos más, 370 exactamente, de obtener ese mismo escaño) serán duros competidores. Los sondeos publicados hasta la fecha (de El Mundo y Público) no le son muy favorables a CiU: el primero afirma que el último escaño caería en las filas del PP, mientras que el segundo cree que los socialistas lo mantendrían. Personalmente, me inclino (más por intuición que por otra cosa) por esta segunda posibilidad.
El segundo gran campo de batalla para CiU será Barcelona. El elevado tamaño de la circunscripción (31 representantes) facilita los cambios, y hemos de tener en cuenta también los resultados de las últimas elecciones: en las generales, los dos últimos escaños se los llevaron, respectivamente, PP y PSC; y en las municipales, CiU fue el partido que más mejoró sus resultados. Respecto a los resultados concretos, la coalición podría beneficiarse del casi seguro retroceso de ERC en un mínimo de un escaño. Las encuestas de nuevo difieren: Público presenta un resultado casi inverosímil (PSC subiría hasta 2 hasta 16, a costa de CiU y ERC), mientras que El Mundo dibuja un panorama con pocos cambios (tan solo un trasvase de un escaño del PSC a CiU). Desde mi punto de vista, es bastante probable que CiU gane este diputado, seguramente a costa de ERC, pero también creo que es posible que el PSC aumente su representación, en detrimento del PP.
En las otras dos circunscripciones, es mucho más difícil que se produzcan cambios de relevancia para CiU: en Girona se encuentra a unos 30.000 votos de conseguir un escaño más; y en Tarragona, a casi 50.000. Y también es difícil que pierda escaños: el último se atribuyó, respectivamente, a ERC (que seguramente lo perderá, a favor del PP), y a los populares (que mantendrán).
Como conclusión, el titular más importante es que no hay titulares. Y eso es una buena noticia para Duran i Lleida, bastante debilitado y contestado internamente, y con riesgo de quedar dañado en caso de empeorar los resultados de 2004. En mi opinión, esto es difícil que suceda, ya que seguramente conseguirá mantener sus 10 diputados o, en todo caso, aumentar hasta 11 con el de Barcelona. Veremos, también en este caso, si mis predicciones se cumplen.
PD: Las fotos son de Òscar Salcedo, futuro alto cargo de Convergència i Unió.