Rajoy pierde, Zapatero no arrasa

Se han vertido muchas opiniones, y de muy diferente contenido y forma, sobre el debate del pasado lunes. Algunas se centran más en los aspectos comunicativos y la imagen que dieron los candidatos, otras en una posible interpretación de los resultados de las encuestas, otras en las habilidades dialécticas de los candidatos y su capacidad para lidiar con determinados temas, otras en el contenido de los discursos de los candidatos y sus líneas argumentales de fondo, y así un largo etcétera, porque interpretaciones del debate pueden hacerse tantas como ciudadanos que lo vieron. Es difícil aportar algo nuevo ante tantos y tan brillantes análisis, pero lo intentaré, centrándome en tres aspectos concretos del cara a cara.

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En primer lugar, Rajoy. Su estrategia se basó claramente en lanzar mensajes populistas y en acusar a Zapatero de mentiroso. La subida de los precios, la criminalidad, el diálogo con ETA, su etapa como ministro… todo se convirtió en un arma demagógica que no dudó en disparar una y otra vez. Precisamente sobre este tema hoy El País publica un interesante artículo, en el que desmonta algunas de las patrañas inventadas por Rajoy para desacreditar el gobierno de Zapatero (y también algunos de los datos que, de forma parcial, presentó también el socialista).

Una de las afirmaciones más pretenciosas, desde mi punto de vista, fue el porcentaje de inmigrantes en las cárceles españolas, que oscila en torno al 40%. Considero una irresponsabilidad muy grave utilizar estos datos a la ligera, porque lo único que producen es criminalización de los inmigrantes, alarma social y xenofobia. Ya expliqué aquí que las tasas más elevadas de delincuencia no se deben a la procedencia sino al nivel de exclusión social. Llevemos el ejemplo al absurdo: supongamos que el 80% de los presos tienen tatuajes, ¿esto significa que el hecho de llevar tatuajes aumenta la delincuencia? La cuestión es que, aunque prefiero pensar que el hecho de interpretar tan mal los datos se debe a pura ignorancia, me temo que parte de su manipulación fue consciente e intencionada. Y eso es grave, muy grave.

Una segunda cuestión, Zapatero. He de reconocer que sus intervenciones inicial y final fueron de libro, casi perfectas, y con mensajes muy acertados, como el hecho de reconocer sus fallos, o la atribución al Estado no el papel de ’salvador’ de los ciudadanos, sino de garante de la igualdad de oportunidades. Sin embargo, en el resto del debate, algo falló: su principal handicap fue el hecho de ser siempre quien cerrara los turnos de palabra. Esto le situaba ante una peligrosa encrucijada: responder los ataques constantes y demagógicos del líder popular o tratar de centrarse en aquellos temas que más le pudieran favorecer. En mi opinión, Zapatero intentó buscar una tercera vía, fracasando en el intento, y éste fue su gran error del debate.

Al socialista le faltó contundencia en su defensa contra las acusaciones de Rajoy, no consiguió guiar el debate hacia terrenos más favorables, y mucho menos fue capaz de poner verdaderamente contra las cuerdas a su rival. Rajoy perdió, lo dicen todas las encuestas, pero su derrota no fue consecuencia de una victoria de Zapatero, sino de sus propios errores. Veremos tras el segundo y decisivo debate, en el que Zapatero lanzará primero, si el líder socialista consigue ensanchar su ventaja sobre el popular.

Lo que está claro, y éste es el tercer punto sobre el que me quería fijar, es que el empate técnico se mantiene, al menos de cara a la galería: lo ajustado del debate favorecerá la movilización de la izquierda. La mayoría de ciudadanos pudieron ver el lunes a un Rajoy que no ha tirado la toalla en la carrera hacia la presidencia, a un Rajoy con un discurso populista que puede llegar a grandes capas de población; y a un Zapatero poco incisivo, perdido en algunos momentos, que pese a que desempeñó un papel en general aceptable, tampoco acabó de brillar. Por suerte, el lunes que viene tendrá otra oportunidad de demostrar su buena gestión durante esta legislatura y su superioridad, en todos los aspectos, al líder de la oposición.

Actualización: gracias a los comentarios de esta entrada, he llegado a otros dos interesantes análisis sobre lo que dio de si debate, uno de Antoni Gutiérrez-Rubí y otro de Domènec Pérez.

Seguir leyendo » · Escrito el: 27-February-2008 · · 8 comentarios »

Quince años después

Día D: esta noche, a partir de las 22 horas, Zapatero y Rajoy se enfrentarán por primera vez en un debate televisado, quince años después del último (y único) cara a cara electoral en nuestro país, el que enfrentó a González y Aznar en 1993. Tendremos que esperar hasta mañana para saber quién gana y quién pierde (algo que, como sabemos, no se decide durante el debate sino después, en función de cómo los medios narren el debate), y hasta el 9 de marzo para conocer hasta qué punto han afectado o no a la decisión final del electorado. Pero lo que sí podemos recordar, en busca de claves que nos permitan interpretar la importancia de los debates, es la influencia que en la campaña de 1993 tuvo el duelo entre los entonces líderes de PP y PSOE.

Los debates pueden influir en el electorado de tres formas diferentes: reforzando la imagen de los candidatos, movilizando el electorado de cada partido (y por tanto disminuyendo la abstención) y favoreciendo la volatilidad entre los partidos (es decir, influyendo en el partido por el que finalmente se decanten los indecisos). Para tratar de realizar una pequeña aproximación a los efectos de los debates de 1993 sobre el electorado, partiremos del supuesto de que Aznar ganó el primer debate y González ganó el segundo, y que, en general, éste último fue el gran beneficiado de la celebración de los cara a cara. Además, para tratar de dar respuesta a estas cuestiones utilizaremos los datos de la encuesta post-electoral del CIS de ese mismo año.

En primer lugar, en lo que respecta al conocimiento y valoración de los candidatos, en la tabla bajo estas líneas, en la que se recoge la nota media que otorgan los electores a cada candidato, en función de su seguimiento de los debates, vemos que se cumple lo que a priori cabría esperar: los que vieron únicamente el primer debate valoran en mayor medida a Aznar que a Gónzalez. En cambio, los que vieron sólo el segundo y los que vieron los dos (o parte de los dos) otorgan una nota más elevada a González.

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Un segundo posible efecto es la movilización de los electores. En este caso, de nuevo comprobamos como, efectivamente, los que siguieron con mayor atención el debate tuvieron unas tasas de participación mucho más altas. No obstante, hemos de tener también en cuenta que esto no implica necesariamente una causalidad, dado que lo más probable es que se trate de una relación espuria, en la que la verdadera variable independiente es el interés por la política.

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Por último, en lo que respecta a posibles cambios en la decisión de voto, hemos de enfocar el tema con bastante cautela, dado que es difícil medir las transferencias de electores de un partido a otro a través de una única encuesta (lo más conveniente sería hacerlo mediante un panel similar al de 2000). En cualquier caso, y con esta advertencia previa, fijémonos en dos tablas que se pueden obtener analizando los datos de 1993: en primer lugar, en lo que respecta a la influencia que los entrevistados declaran que tuvieron en ellos los debates, observamos como para casi un 4%, los cara a cara les influyeron ‘mucho’, y para cerca de un 16%, ‘bastante’. Preguntados sobre cómo creen que influyeron en el electorado en general, estos porcentajes son algo mayores.

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Por otra parte, si cruzamos el seguimiento del debate con la decisión de voto (de nuevo, insistiendo en que estos datos han de tomarse con mucha precaución), se repite el patrón que ya habíamos predicho anteriormente: los que siguieron únicamente el primer debate apoyaron más a Aznar que a González, mientras que los que vieron únicamente el segundo, o los dos, dieron un mayor respaldo al líder socialista.

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Como contrapunto a estos resultados, hemos de tener bien presente otro dato más: en 1993, un 78% de los electores ya tenían decidido su voto antes del inicio de la campaña electoral, y es bastante plausible que en estas elecciones este porcentaje sea algo mayor.

En conclusión, y volviendo a 2008, los debates de hoy y del próximo lunes pueden influir en el electorado a través de tres mecanismos diferentes: en primer lugar, la presencia de Aznar Zapatero y Rajoy en pantalla, dirigiéndose directamente a su electorado, y poniendo en contraste su manejo de la oratoria y la dialéctica, puede servir para reforzar su imagen como líderes políticos. En segundo lugar, la discusión política sobre determinados temas de ésta o anteriores legislaturas, o un mayor poder de convencimiento de alguno de los dos líderes puede provocar la ‘activación’ de determinados núcleos de votantes que podrían haber decidido quedarse en casa el 9M. Y, por último, la victoria o derrota de los cabeza de lista socialista y popular, y la habilidad que demuestren para desenvolverse con soltura en el debate, puede favorecer que bolsas de votantes potenciales de uno de los partidos decidan votar finalmente al otro.

Seguir leyendo » · Escrito el: 25-February-2008 · · 3 comentarios »

Gracias

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Ya lo comentaba el otro día, pero de nuevo me gustaría volver a insistir en lo muy agradecido que estoy a la red Las Ideas por la nominación de este blog al Premio Enrique Padrós en la categoría de mejor blog político escrito por un no profesional. Muchísimas gracias a todos los que votaron por este pequeño rincón de internet en la fase de las nominaciones y en la fase de decisión del premio, a todos los que lo han enlazado durante estos días y, por supuesto, a todos los que lo visitan.

Aún no sé si podré asistir este viernes a la entrega de los premios, pero vaya por delante mi más sincera enhorabuena a los dos dignos merecedores del galardón, Guillermo Fernández Vara y Enrique Meneses, a los que respeto y admiro enormemente.

Seguir leyendo » · Escrito el: 19-February-2008 · · 9 comentarios »

González vs. Aznar

El pasado domingo ‘la Sexta’ emitió un muy recomendable documental sobre los dos debates de 1993 entre Felipe González y José María Aznar, los únicos en nuestra joven democracia (al menos hasta el momento). He subido a youtube el programa, dividido en 8 partes, para todos aquellos que no pudieron verlos en su momento y también para aquellos que, aún habiéndolos visto, quieran recordar algunas de las partes más interesantes. El documental recoge también las opiniones de Manuel Campo Vidal, José María Maravall, Luis Mariñas, Javier Arenas, Miguel Ángel Rodríguez… todos ellos implicados en aquel momento en los debates.

A continuación, la primera parte (el resto después del salto y en mi canal de youtube).

Continue reading…

Seguir leyendo » · Escrito el: 19-February-2008 · · 5 comentarios »

Tensión demoscópica

Al hilo de la serie de sondeos que se han ido difundiendo en estos últimos días, y que presentan un panorama electoral bastante incierto (tanto por la variedad de resultados presentados, como por el escaso margen de diferencia PP-PSOE que presentan la mayoría de ellos), hay varias preguntas que, como observadores de la actualidad política, nos podemos formular.

¿Están manipuladas las encuestas?

“Manipular” quizás no sería la palabra adecuada, pero sí es cierto que los resultados de las encuestas pueden variar en función de los diferentes criterios que aplique la empresa que realice la encuesta, sin necesidad de ‘mentir’ en los resultados. Así, la decisión sobre el diseño del cuestionario de preguntas (orden, codificación, enunciado…), sobre la elección de la muestra y sobre la ‘cocina’ de los datos en bruto (cálculo de los escaños en función del porcentaje de voto, por ejemplo), puede afectar en un sentido o en otro.

Precisamente esta última fase de toda encuesta ha sido objeto de crítica en estos últimos días: la sospechosa diferencia entre los datos de intención de voto y la estimación de voto de la encuesta pre-electoral del CIS ha generado más de una acusación de manipulación. Es cierto que son datos que sorprenden, pero si los contrastamos con la pregunta de recuerdo de voto en las elecciones de 2004 podemos comprobar como pueden ser perfectamente plausibles. Por tanto, la pregunta que nos deberíamos hacer sería: ¿por qué la encuesta muestra un recuerdo de voto tan bajo al PP? ¿está mal escogida la muestra? ¿hay voto oculto al PP? ¿pero no habíamos quedado en que el voto oculto era el del PSOE?

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a = recuerdo de voto en elecciones anteriores
b = intención directa de voto
c = intención de voto + simpatía
d = resultados electorales (% sobre censo)
FUENTE: Encuestas pre-electorales del CIS

¿La perspectiva de unas elecciones ajustadas beneficia al PSOE?

Las polémicas palabras de Zapatero al término de su entrevista en Cuatro demuestran que en Ferraz están preocupados por una posible falta de movilización de los votantes de izquierda, y opinan que una mayor expectativa de cambio podría disparar la participación, tal y como ocurrió en 1993, 1996 o 2004. El argumento es sencillo: ante la perspectiva de un giro a la derecha, los votantes ‘exquisitos’ de izquierda, mucho más ‘infieles’ y volátiles podrían inclinar su voto hacia los socialistas, en vez de hacia IU o la abstención crítica.

Pero no todo es tan sencillo: tal y como comentan en La Moqueta Verde, los datos en las últimas encuestas parecen desdibujar un poco el panorama, ya que en esta ocasión el incremento de la abstención puede deberse a la desmovilización del centro. Un centro que, como vimos anteriormente, ya de por sí participa menos, que se encuentra más próximo ideológicamente al PSOE que al PP y que, ante una campaña de confrontación, puede hartarse y optar finalmente por la abstención. Así que mucho cuidado.

¿Qué nos dicen las encuestas sobre el ‘voto económico’?

Como ya comenté, en mi opinión, la importancia de la economía en estas elecciones dependerá de dos factores: el grado de responsabilidad del gobierno en la mala marcha de la economía y la valoración sobre una hipotética gestión económica de la oposición. Pues bien, sobre este asunto algunas de las encuestas muestran datos muy preocupantes para Zapatero: por ejemplo, según el CIS, tan solo el 17,4% de los españoles consideran buena o muy buena su política económica (un 60% la considera regular, mala o muy mala), y un 24,4% creen que los populares lo hubieran hecho mejor (un 26,5% piensa lo contrario y un 31,4% piensa lo mismo). Otro ejemplo: según La Vanguardia, los ciudadanos creen que ante problemas como la crisis económica o la inflación, el PP está más capacitado que el PSOE para solucionarlos (diferencias de 4 puntos).

Son datos preocupantes, pero que debemos poner en perspectiva: aún así, la mayoría de votantes socialistas siguen respaldando la gestión económica de Zapatero, y únicamente un 9,5% opina que el PP lo hubiera hecho mejor. Eso sí, si distinguimos por ideologías, el centro parece darle la espalda a Zapatero, aunque por la mínima.

Y para acabar…

Es curioso: las encuestas muestran que el voto se concentrará en más de un 80% en los dos principales partidos y, sin embargo, parece que ninguno de los dos se quedará cerca de la mayoría absoluta. En un país donde la cultura del pacto es escasa, ¿cómo puede afectar esto a la estabilidad gubernamental? ¿Es posible, como algunos se han atrevido a predecir, un pacto PP-PSOE, a imitación del pacto SPD-CDU alemán? ¿Perdonarían los votantes de ambos partidos una alianza así?

Seguir leyendo » · Escrito el: 17-February-2008 · · 6 comentarios »

Asuntos interiores

23 días para las elecciones, y los ánimos no podrían estar más caldeados. Además de temas como la clase socioeconómica, la ideología o la valoración de los líderes, no podemos olvidar que otra de las cuestiones que más valoran los ciudadanos a la hora de decidir su voto es la unidad interna de los partidos, quizás por una cuestión de estabilidad gubernamental, en caso de victoria, o quizás por evitar votar unas ideas que después no se demuestren las suyas. Sea como sea, los errores internos de los principales partidos políticos están centrando la actualidad política en las últimas horas. Tratemos de analizar por qué.

En el PSOE, aún se deben estar lamentando del error de Cuatro al difundir esas últimas palabras, ‘off-the-record’, de la entrevista de Zapatero. Es cierto que la famosa frase tampoco resulta sorprendente: la movilización de la izquierda es algo que todos vemos como necesario, tal y como comentó ayer el maestro Gabilondo. Sin embargo, en el PP, bien recomendados por sus ’spin-doctors’, han conseguido darle la vuelta al razonamiento, para convertir a Zapatero en el crispador mayor. Cualquiera que haya seguido mínimamente la actualidad política durante esta legislatura no vería en esta afirmación más que otra de las idioteces de los populares, ¿pero cómo reaccionarán aquellos ciudadanos, cada vez más desinformados, al ver cómo trata Antena 3, por poner un ejemplo, la noticia?

Esta cuestión no tendría más relevancia si se quedara aquí, pero lo negativo del tema es que supone un síntoma más de un grave problema de fondo en la estrategia de campaña de los socialistas: su incapacidad para centrar la agenda mediática en aquellos temas que más les favorecen. No hay más que hacer un repaso mental de los issues más destacados de estos últimos 15 días para darse cuenta de ello: inmigración, delincuencia, economía… Todos ellos temas tradicionales de la derecha, en los que a priori parte con ventaja. Aún no deben haber sonado las alarmas en Ferraz, pero viendo temas como éste, y con zapatero_rajoy_debate.jpgunas encuestas que no acaban de rechazar la idea del empate técnico, y unos debates que pueden ser decisivos… mi recomendación sería ser cautos y, ante todo, evitar por todos los medios que errores así se vuelvan a repetir.

Por parte del PP, los temas internos también están tomando especial importancia, aunque me temo que por otras cuestiones. Para empezar, la lucha Gallardón-Aguirre, se mantiene, pese a los esfuerzos del partido por soterrar el enfrentamiento. En función de como evolucione la cuestión, este tema puede suponer una importante sangría de votos para Rajoy. Sin embargo, esta sangría podría quedarse en nada comparada con lo que podría suponer una gran derrota en los debates. No podemos olvidar que Zapatero lleva todas las de ganar: tiene lo que los expertos llaman ‘telegenia’, sabe manejar mejor las entrevistas (tal y como pudimos comprobar la semana pasada con Gabilondo, o ayer con Buenafuente) y, lo más importante, tiene mucho a reprochar a Rajoy y poco a reprocharse a sí mismo. Prueba de ello es que, según muchos, Zapatero ha ganado todos los debates de esta legislatura.

Es este motivo lo que me hace inclinarme a pensar que la decisión de aceptar finalmente el debate ha sido una decisión del propio Rajoy, con la oposición de la mayoría de sus asesores y miembros del partido. Sólo así se entiende la actitud de los populares durante toda la negociación, que nos llevó a muchos a pensar que finalmente nos quedaríamos sin debate. Sinceramente, pese a que obviamente prefiero que se celebren los debates, mi recomendación al PP hubiera sido mantenerse firmes y bloquear esta posibilidad. Por cierto, falta por conocerse el nombre del moderador, aunque mi apuesta personal es por un doblete, 15 años después, de Manuel Campo Vidal.

Cambiemos de partido: ayer más de uno nos sobresaltamos con la noticia de la operación de Durán i Lleida. Ya llevábamos un par de días con rumores sobre su mal estado de salud (¿baja tensión? ¿gastroenteritis?), y la cuestión es que aún no se ha confirmado del todo que era exactamente lo que le sucedía (se ha dicho incluso que podría ser cáncer de pulmón). En cualquier caso, personalmente no me acabo de creer a aquellos que afirman que en 10 días volverá a participar en actividades del partido. Lo que está claro es que este asunto tendrá impacto sobre la campaña de la coalición y, aunque mis palabras pueden sonar políticamente incorrectas, me da la sensación de que esto beneficiará sus expectativas electorales. ¿Por qué? Por un lado, potenciará la aparición en escena del resto de líderes del partido (ayer mismo Jordi Pujol se vió obligado a sustituirle en una entrevista). Por el otro, supondrá desvincular la candidatura del escoramiento a la derecha que Durán le había conferido, después de su asistencia a actos como la famosa misa por la ‘familia nuclear’, hace unas semanas. Y tampoco olvidemos que le restará protagonismo a Unió para concedérselo a Convergència, algo de especial relevancia si CiU aspira a ‘robarle’ votos a ERC.

Y, efectivamente, el traspaso de votos es algo que ocurrirá, en mayor o menor medida, porque la debacle electoral de los republicanos puede ser de una magnitud que nadie espera. Al fuerte debate interno que aún se mantiene en el seno del partido, debemos añadir los problemas de financiación que están sufriendo (que ya arrastraban desde hace tiempo, y que se manifestará en estas elecciones en que sólo podrán hacer campaña en capitales de comarca), o la pésima campaña (al menos en mi opinión) que han preparado para estas elecciones. Con su mayor activo electoral, Carod-Rovira, de gira por el mundo; con un PP que intenta moderarse en su catalanofobia (véase por ejemplo las declaraciones de Esperanza Aguirre en Lleida); y con una gestión de gobierno bien poco independentista, está claro que sus expectativas han de resentirse. Veremos el 9M hasta qué punto.

Me reservo para el final un partido que arrastra problemas internos de forma crónica casi desde su fundación, en los años ochenta: Izquierda Unida. Después de las batallas internas por el control del partido, que ganó Llamazares, ahora se le deben sumar sus problemas en la Comunidad Valenciana, donde la antigua coalición que llevó a Isaura Navarro al Congreso se ha desintegrado, con una sopa de letras de siglas de difícil comprensión para el común de los mortales. Lo que está claro es que, por matemática electoral, es casi imposible que por separado puedan conseguir algún escaño. Si a esto le sumamos su mal llevada campaña, tanto en internet como con sus carteles electorales, y el desgaste de su versión catalana, que es posible que Joan Herrera no consiga sortear, lo más probable es que IU tenga que soportar el 9M una nueva derrota.

Como se suele decir, en todas partes cuecen habas, y no iba a ser menos en el interior de los partidos. Lo que está por ver es cómo premian o castigan los ciudadanos estas vicisitudes en las próximas elecciones.

Seguir leyendo » · Escrito el: 15-February-2008 · · 3 comentarios »

Mitos y leyendas electorales (y III)

Y cerramos, por el momento, esta serie de artículos dedicados a reflexionar sobre los ‘dogmas de fe’ del comportamiento electoral español con un par de referencias al sistema según el cual se rigen nuestros comicios.

La ley d’Hondt es terriblemente injusta, y ha generado el bipartidismo imperfecto español

Ésta es una idea que escuchamos frecuentemente en diferentes foros políticos, y que muchos dan por buena sin reflexionar antes sobre ella. Partamos de los conceptos: la Ley d’Hondt no es más que una fórmula electoral, es decir, un mecanismo que nos permite traducir las preferencias de los electores en escaños; siendo, junto al tamaño de la circunscripción y el umbral electoral, una de las tres variables básicas de un sistema electoral. Fórmulas electorales las hay de muy diferentes tipos, aunque las podemos clasificar en tres tipologías: mayoritarias, proporcionales y aleatorias.

Las mayoritarias, cuyos ejemplos más destacados serían el winner-takes-all (el partido con mayor número de votos se lleva todos los representantes de la circunscripción) o el first-past-the-post (utilizado habitualmente en distritos uninominales, en los que únicamente el candidato con más votos obtiene representación), tendrían por principal objetivo asegurar la estabilidad parlamentaria y evitar una excesiva fragmentación. Las proporcionales, entre las que se encontrarían la Ley d’Hondt y sus derivadas (Saint-Laguë, Imperiali…), así como otras más complejas, como la fórmula Hare o el método Hagenbach Bischoff; y que tendrían por finalidad asegurar una pluralidad de partidos con representación en las instituciones. En último lugar, tendríamos los sistemas aleatorios, muy utilizados en las antiguas democracias griegas, pero con poca utilidad práctica en la actualidad.

Así pues, se dice habitualmente que la Ley d’Hondt es injusta, pero, ¿qué es lo justo? ¿Que el porcentaje de votos se corresponda con el porcentaje de escaños? ¿Sería universalizable este criterio de justicia, si pensamos en países con un gran número de partidos efectivos, en los que un sistema de este tipo podría generar inestabilidad política? Sea como sea, si partimos de esta idea de lo justo, comprobamos como la Ley d’Hondt en sí no es injusta: de hecho, es una de las que más se aproximaría a nuestro ideal. Si aplicásemos diferentes tipos de fórmulas electorales al caso de la circunscripción en Barcelona (elecciones 2004), comprobaríamos como los resultados apenas varían (excluímos del análisis otras fórmulas, complejas de calcular por nuestro tipo de listas electorales):

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Y, sin embargo, un rápido vistazo a los resultados electorales nos permite comprobar como, pese a tener una fórmula electoral ‘justa’, los resultados no son injustos. ¿Por qué? La causa la debemos buscar, principalmente, en el tamaño de la circunscripción: la gran mayoría de provincias cuenta con 7 o menos representantes, siendo 7 la cifra a partir de la cual se considera que la ley d’Hondt puede generar asignaciones de escaños verdaderamente representativas. En un segundo lugar, también deberíamos atender al umbral electoral del 3%, aunque, en el caso español, en contadas ocasiones ha impedido que un partido obtuviera representación.

Una última reflexión para cerrar este primer bloque: ¿podemos culpar únicamente a nuestro sistema electoral de las dinámicas bipartidistas en nuestro país? En mi opinión, no. Para empezar, nos deberíamos preguntar quién diseño este sistema y con qué finalidad. También deberíamos tener en cuenta si los partidos actuales ya representan toda la divergencia de preferencias existente en nuestro país. Por ejemplo, a veces se critica la ausencia de un partido verde fuerte, un partido cristiano-demócrata, un partido republicano o un partido rural. Sin embargo, ¿podrían llegar a tener éxito estos partidos alguna vez? Es más, ¿puede un partido como IU, de orígenes comunistas, sobrevivir en un contexto en que la clase obrera, como tal, con una conciencia de clase y unos intereses comunes, está desapareciendo? Y, en último lugar, en una democracia tan mediatizada como la nuestra, ¿puede un partido pequeño permitirse el gasto necesario para sufragar una campaña electoral?

El voto útil es una invención de los socialistas para arrebartarle votos a Izquierda Unida.

El tema del voto útil ha sido (y me atrevo a decir que será) un argumento bastante recurrente en este blog. Ya lo hemos tratado con anterioridad, bien para rebatirlo o para reafirmarlo, pero siempre es interesante recuperarlo, y muy especialmente en unas elecciones generales.

Una primera apreciación: la idea del voto útil no es una invención de los socialistas. De hecho, ya Duverger en 1951 hablaba del efecto psicológico que generaba en los votantes un sistema electoral mayoritario, y que se traducía, en aquellos individuos con una primera preferencia electoral por un partido sin posibilidades de obtener representación, en una transferencia de su voto hacia su segunda preferencia. Esta idea, como ya hemos venido repitiendo, es perfectamente aplicable al sistema español, con una fórmula electoral proporcional, que en la práctica genera mayoritarismo, a causa del reducido tamaño de la mayoría de circunscripciones.

Sea ‘voto útil’ o ‘voto racional’ - terminología ésta que quizás sería más adecuada - lo cierto es que el caso de las generales españolas es un ejemplo paradigmático de cómo un amplio porcentaje votantes podrían obtener mayor utilidad si votaran por su segunda preferencia. Tomemos el ejemplo de Badajoz, en las últimas elecciones: si todos los que votaron IU (que no obtuvo representación), hubieran otorgado su voto al PSOE, éste hubiera obtenido 4 escaños, en lugar de los 3 que obtuvo; y el PP hubiera reducido su representación de 3 a 2. Para obtener lo contrario (que IU consiguiera un diputado), hubiera sido necesaria una transferencia de votos del PSOE a IU que multiplicara por 4 sus votantes.

Claro que no todo es siempre así de fácil. El caso de Girona, en las próximas elecciones, con toda probabilidad será un contraejemplo excelente. Partiendo de los resultados anteriores (PSOE 2, CiU 2, ERC 2), y asumiendo que ERC sufrirá un importante batacazo electoral (así lo afirman todas las encuestas, y no parece que su campaña electoral, para la que apenas tienen financiación, vaya a cambiar mucho las cosas), lo más probable es que el escaño de Joan Puig pase a manos populares. De esta forma, un traspaso de votos de ERC a PSC o CiU, o a la abstención, beneficiará precisamente a la que sería su última opción, el PP.

Algunos argumentarán, y probablemente con razón, que el voto en términos absolutos es igual de importante, se obtenga o no representación (por ejemplo, los ingresos de los partidos depende en gran parte de esta variable); o que, desde un punto de vista normativo, la presencia de terceros partidos en el Parlamento es positiva para el funcionamiento de la democracia. Y es cierto. Pero con el sistema electoral que tenemos, hemos de ser realistas: votar IU en circunscripciones donde seguramente no obtendrá representación beneficia al PP.

Y para acabar…

Concluyo con un poco de auto-bombo: esta mañana leía en Netoratón el anuncio de la nominación de este blog al Premio Enrique Padrós, en la categoría de mejor blog político escrito por un no profesional, que concede la red de blogs “Las ideas”. He de reconocer que ha sido un inesperado honor, más aún viendo los otros tres brillantísimos blogs con que comparte nominación este humilde rincón de la red, el de Antonio Gutiérrez Rubí, el de Enrique Meneses y el del Gran Wyoming. De verdad, muchísimas gracias a todos aquellos que han votado por este blog, y al colectivo de Las Ideas por la gran labor de debate y reflexión que vienen realizando desde 2003.

Seguir leyendo » · Escrito el: 13-February-2008 · · 2 comentarios »