Rajoy pierde, Zapatero no arrasa
Se han vertido muchas opiniones, y de muy diferente contenido y forma, sobre el debate del pasado lunes. Algunas se centran más en los aspectos comunicativos y la imagen que dieron los candidatos, otras en una posible interpretación de los resultados de las encuestas, otras en las habilidades dialécticas de los candidatos y su capacidad para lidiar con determinados temas, otras en el contenido de los discursos de los candidatos y sus líneas argumentales de fondo, y así un largo etcétera, porque interpretaciones del debate pueden hacerse tantas como ciudadanos que lo vieron. Es difícil aportar algo nuevo ante tantos y tan brillantes análisis, pero lo intentaré, centrándome en tres aspectos concretos del cara a cara.
En primer lugar, Rajoy. Su estrategia se basó claramente en lanzar mensajes populistas y en acusar a Zapatero de mentiroso. La subida de los precios, la criminalidad, el diálogo con ETA, su etapa como ministro… todo se convirtió en un arma demagógica que no dudó en disparar una y otra vez. Precisamente sobre este tema hoy El País publica un interesante artículo, en el que desmonta algunas de las patrañas inventadas por Rajoy para desacreditar el gobierno de Zapatero (y también algunos de los datos que, de forma parcial, presentó también el socialista).
Una de las afirmaciones más pretenciosas, desde mi punto de vista, fue el porcentaje de inmigrantes en las cárceles españolas, que oscila en torno al 40%. Considero una irresponsabilidad muy grave utilizar estos datos a la ligera, porque lo único que producen es criminalización de los inmigrantes, alarma social y xenofobia. Ya expliqué aquí que las tasas más elevadas de delincuencia no se deben a la procedencia sino al nivel de exclusión social. Llevemos el ejemplo al absurdo: supongamos que el 80% de los presos tienen tatuajes, ¿esto significa que el hecho de llevar tatuajes aumenta la delincuencia? La cuestión es que, aunque prefiero pensar que el hecho de interpretar tan mal los datos se debe a pura ignorancia, me temo que parte de su manipulación fue consciente e intencionada. Y eso es grave, muy grave.
Una segunda cuestión, Zapatero. He de reconocer que sus intervenciones inicial y final fueron de libro, casi perfectas, y con mensajes muy acertados, como el hecho de reconocer sus fallos, o la atribución al Estado no el papel de ’salvador’ de los ciudadanos, sino de garante de la igualdad de oportunidades. Sin embargo, en el resto del debate, algo falló: su principal handicap fue el hecho de ser siempre quien cerrara los turnos de palabra. Esto le situaba ante una peligrosa encrucijada: responder los ataques constantes y demagógicos del líder popular o tratar de centrarse en aquellos temas que más le pudieran favorecer. En mi opinión, Zapatero intentó buscar una tercera vía, fracasando en el intento, y éste fue su gran error del debate.
Al socialista le faltó contundencia en su defensa contra las acusaciones de Rajoy, no consiguió guiar el debate hacia terrenos más favorables, y mucho menos fue capaz de poner verdaderamente contra las cuerdas a su rival. Rajoy perdió, lo dicen todas las encuestas, pero su derrota no fue consecuencia de una victoria de Zapatero, sino de sus propios errores. Veremos tras el segundo y decisivo debate, en el que Zapatero lanzará primero, si el líder socialista consigue ensanchar su ventaja sobre el popular.
Lo que está claro, y éste es el tercer punto sobre el que me quería fijar, es que el empate técnico se mantiene, al menos de cara a la galería: lo ajustado del debate favorecerá la movilización de la izquierda. La mayoría de ciudadanos pudieron ver el lunes a un Rajoy que no ha tirado la toalla en la carrera hacia la presidencia, a un Rajoy con un discurso populista que puede llegar a grandes capas de población; y a un Zapatero poco incisivo, perdido en algunos momentos, que pese a que desempeñó un papel en general aceptable, tampoco acabó de brillar. Por suerte, el lunes que viene tendrá otra oportunidad de demostrar su buena gestión durante esta legislatura y su superioridad, en todos los aspectos, al líder de la oposición.
Actualización: gracias a los comentarios de esta entrada, he llegado a otros dos interesantes análisis sobre lo que dio de si debate, uno de Antoni Gutiérrez-Rubí y otro de Domènec Pérez.

unas encuestas que no acaban de rechazar la idea del empate técnico, y unos debates que pueden ser decisivos… mi recomendación sería ser cautos y, ante todo, evitar por todos los medios que errores así se vuelvan a repetir.
Fórmulas electorales las hay de muy diferentes tipos, aunque las podemos clasificar en tres tipologías: mayoritarias, proporcionales y aleatorias.




