A datos anecdóticos de las elecciones en España, como el famoso ‘no hay Presidente español que haya durado más de un año en el cargo sin una Z en el nombre’ o ‘la oposición nunca gana unas elecciones, es el gobierno quien las pierde’, deberíamos añadir a partir de ahora el de ‘cuantas más referencias a la unidad en el nombre de un partido, más desunido estará éste, y peores resultados electorales obtendrá‘. Y es que el electorado español ha castigado con especial dureza la división interna de los partidos: en 1982, uno de los principales motivos del descalabro de UCD fue su desintegración interna, y en las pasadas elecciones, está claro que, más allá de la sospecha del voto útil, los votantes no han dado su visto bueno a las luchas a muerte en el seno de Izquierda Unida. UPyD también contiene una referencia a la unión en su nombre, algo bastante llamativo teniendo en cuenta que nació como una escisión del PSOE. Veremos dentro de cuatro años cómo anda su situación interna y si el electorado lo castiga también.
Pero me interesa especialmente el caso de Izquierda Unida: fuimos muchos los que nos sorprendimos el día 9 por la noche cuando conocimos los resultados de la coalición. Eran los peores resultados de su historia, una derrota sin paliativos. Y fue esa misma noche que Llamazares presentó su dimisión, no sin antes culpar de sus malos resultados al fantasma del ‘voto útil’, al ‘tsunami bipartidista’ y a la ley electoral, que claramente les es adversa. Y, de autocrítica, bien poco.
Sin negar la posible influencia de estos tres factores, hay varias preguntas que me vienen a la mente: ¿por qué recurren ahora la ley electoral, 30 años después de que se aprobara? ¿Es que antes no les desfavorecía de igual forma? Es más, si la culpa de su fracaso se atribuye principalmente a las distorsiones mayoritarias del sistema electoral, ¿cómo es posible que 1996 obtuvieran 21 escaños con exactamente el mismo sistema? Izquierda Unida se ha quejado amargamente de que los debates únicamente entre dos partidos han fomentado la bipolarización y también les han perjudicado. Pero, ¿no hubo también debates en 1993? ¿Y no mejoró la coalición sus resultados en aquellas elecciones? Recordemos que en aquel año, más que nunca, el PSOE hizo una llamada al voto de izquierdas para evitar el ascenso de la derecha al poder. ¿No inducía esto a una tendencia bipolarizante de igual o mayor magnitud?
En el penúltimo artículo de este blog, en el que comenté el efecto de la participación sobre los dos principales partidos, propuse una manera de ampliar el análisis, comparando el incremento de estos partidos en función del incremento de la participación, por provincias. Retomo ahora este razonamiento para, además, introducir una primera aproximación al posible efecto del voto útil. Así, en la siguiente matriz, se recogen las correlaciones entre el incremento en el porcentaje de voto a estos tres partidos y el incremento de la participación. Por tanto, de haber existido realmente voto útil, lo que cabría esperar sería una correlación negativa entre mayor voto al PSOE y mayor voto a IU: las provincias donde más ha bajado IU deberían ser las mismas donde más ha subido el PSOE.

Gráficos 1 y 2: Incremento del % de voto al PSOE (Y) en función de la participación (X); e Incremento del % de voto al PSOE (Y) en función del incremento del % de voto a IU.


Nuevamente insisto en que estos resultados deben tomarse con muchísima cautela: no tiene en cuenta otros partidos de ámbito no estatal y, además, una correlación elevada entre dos partidos no implica necesariamente una transferencia de votos (por el tema de la falacia ecológica). Sin embargo, puede servirnos como un instrumento de análisis útil, hasta que tengamos disponibles encuestas más detalladas.
Así pues, ¿qué nos dicen estos resultados? Para empezar, podemos matizar la afirmación que hicimos en su momento sobre el efecto de la participación: ésta parece que no ha beneficiado al PP, sino que ha perjudicado al PSOE (aunque sí es cierto que, de rebote, también ha favorecido a los populares). Además, respecto al voto útil, los datos muestran un interesante resultado: en aquellas provincias donde más ha bajado IU, también ha bajado el PSOE (y viceversa). Por tanto, da la sensación de que no ha existido un voto útil realmente importante, sino más bien un retroceso general de la izquierda en ciertas provincias y un avance en otras. Y, por último, podemos confirmar algo bastante obvio: en aquellas provincias donde han subido IU y PSOE, ha bajado el PP.
Es difícil medir el efecto del voto útil a partir de los resultados electorales. Sin embargo, a la vista de estos datos, parece claro que no toda la culpa del descalabro de IU se puede atribuir al hecho de votar por la segunda preferencia para evitar el ascenso de la derecha. La coalición de izquierdas, en mi opinión, debería hacer mucha autocrítica: si existe un ‘tsunami bipartidista’ también es porque ellos han dejado que ocurriera. No se puede hacer política como hacen ellos sin esperar que su electorado no lo castigue: una pésima campaña, con un ‘Gaspi’ que daba verdadera pena, una muy mala gestión en aquellas comunidades y ayuntamientos donde gobiernan (Catalunya, Asturias, Barcelona, Cáceres… cito estos porque son los casos que tengo más recientes, pero seguro que hay más), y detalles realmente lamentables como su gobierno de coalición con ANV en Mondragón, donde fue asesinado Isaías Carrasco.
En conclusión, ¿a qué puede deberse el descalabro de IU? Sí, el voto útil puede ser una de las causas: una posible hipótesis sería la transferencia de votantes de IU al PSOE, y del PSOE al PP (con lo cual, de forma agregada, los resultados serían los mismos a los que acabo de presentar, algo muy similar a lo que ocurre en el caso de ERC). Pero no puede ser entendida como la única causa: si estos votantes han ‘pasado’ al PSOE o a la abstención, no es únicamente por frenar el ascenso de la derecha, sino también porque la opción de IU no les ha satisfecho. Mala gestión de gobierno, promesas inalcanzables, mala campaña, desunión interna… A la hora de explicar sus resultados, yo me inclinaría más por estos motivos que no únicamente por el ya famoso ‘tsunami bipartidista’.