Primera lectura
El pasado viernes el Centro de Investigaciones Sociológicas publicó en su página web (¡por fin!) el avance de resultados del estudio post-electoral sobre los comicios de este 2008. Y aunque aún tendremos que esperar algo más para poder disponer de los microdatos, con los que podremos elaborar análisis ya un poco más refinados a nivel individual, lo cierto es que los cruces por variables sociodemográficas y políticas que ofrece el CIS ya son por sí mismos extremadamente interesantes. Si a esto añadimos que la encuesta es tipo panel (lo cual nos permite tomar como variable de control el voto en 2004 y, más adelante, seguramente también la intención de voto) y que el cuestionario está perfectamente elaborado (en mi opinión, es el mejor de todos los estudios postelectorales realizados hasta la fecha - mi enhorabuena para los responsables, pues), el cóctel resultante debería hacerle la boca agua a cualquier politólogo.
Un primer vistazo a una de las cuestiones centrales, las transferencias de votantes entre partidos de 2004 a 2008, permite confirmar algunas de las intuiciones a que hacíamos en anteriores entradas: el PSOE crece a costa de IU y los partidos nacionalistas; y entre PSOE y PP se produce un intercambio de votantes favorable en términos netos a éste último.
Otro aspecto interesante al que debemos prestar la atención es la distribución de los votantes de cada partido en la escala ideológica, que, como ya comentamos, es el eje principal en que se articula el juego político en nuestro país (junto con el eje centro-periferia, en algunas comunidades autónomas). En los siguientes gráficos (2008, en grande; y de 1993 a 2004, más pequeños, click para ampliar) se refleja la distribución de los encuestados en dicho eje. El valor ‘0′ hace referencia a los que no se ubicaron en la escala. Los porcentajes están calculados no sobre el total de cada posición sino sobre el total de votantes. Aunque esto resta claridad al gráfico, he optado por mostrarlo así porque de esta forma podemos observar también la evolución en la distribución de los votantes a lo largo de las elecciones.

__________1993_______________1996_______________2000_______________2004__________



Fuente: Estudios Post-Electorales del CIS
Izq* = suma de los % de voto de IU, ERC y BNG.
Dcha* = suma de los % de voto de PNV y CiU.
Aunque el hecho de que en el avance de resultados se agrupen los valores de 2 en 2 dificulta la comparación entre las diferentes elecciones, parece confirmarse la tendencia creciente a la “unimodalidad” en la distribución a lo largo del eje (es decir, los ciudadanos cada vez más tienden a agruparse de acuerdo a una curva normal y no una curva con - casi - dos modas, como ocurría hasta 1996), aunque en estas últimas elecciones el ‘votante medio’ se ha desplazado levemente hacia la izquierda respecto 2004 (4,56 frente a 4,65), recuperando un nivel que no se alcanzaba desde 1989 (también 4,56; el resto de los valores: 1993 = 4,67; 1996 = 4,71; 2000 = 4,90).
En lo que respecta a la decisión por votar o abstenerse, los datos de 2008 muestran como la mayor bolsa de abstencionistas se encuentra entre los votantes “de centro” y los no ubicados y no entre los votantes de izquierda (desmintiendo la hipótesis de la “izquierda abstencionista”).
Por último, los gráficos confirman que el centro-derecha y la derecha son terreno casi exclusivo del PP. Las victorias del PSOE se fundamentan, por tanto, no en conseguir conquistar el centro, sino en convencer al electorado de izquierda, mucho más numeroso que el de derecha (es la famosa “mayoría natural de izquierdas“). Desde esta perspectiva, las victorias del PP se sustentaron, más que en avanzar hacia la izquierda, en “arrastrar” a votantes de centro-izquierda hacia el centro-derecha y en desmovilizar a los votantes de izquierda (algo que se comprueba muy fácilmente comparando los gráficos de 2000 y 2004). Sería interesante complementar estos gráficos con algunos datos sobre la ubicación ideológica de los partidos según los votantes. Echo de menos en el cuestionario de la encuesta alguna pregunta de este tipo, aunque supongo que se habrá excluido por algún motivo.
Un par de observaciones más sobre los resultados de la encuesta. La primera relativa a los debates electorales entre Rajoy y Zapatero. Como cabía esperar, parece que no tuvieron un efecto relevante sobre el resultado: tan sólo un 1,5% de los encuestados afirma que cambiaron su voto después de verlos. Es probable, eso sí, que contribuyeran a favorecer la participación: a un 7,3% de los ciudadanos, los debates les animaron a votar; y a un 18,6% les reforzaron su decisión de votar al partido que pensaban. De todas formas, habrá que contrastar estas primeras impresiones mediante análisis más refinados, aprovechando además que la encuesta es tipo panel y que incluye preguntas sobre los medios de comunicación que utilizó cada encuestado para informarse sobre la campaña (lo cual da pie a preguntas tan interesantes como: controlando por identificación partidista, ¿afecta el medio utilizado por cada votante para informarse a su interpretación de los cara a cara y, por tanto, también a su voto?).
La segunda de las observaciones es la relativa a uno de los principales enigmas de las elecciones. En la noche electoral, cuando UPD superó todas las expectativas, todos nos preguntamos: ¿de dónde vienen estos votantes? ¿Quiénes son? Aunque el número de votantes de UPD recogidos en la muestra es limitado (sólo 85), y las diferencias en los porcentajes puede que no sean significativas, sirve para ofrecernos una primera respuesta.
Los que optaron por apoyar la candidatura de Rosa Díez parecen tener un perfil escorado hacia la izquierda en temas de contenido ideológico (inmigración, gasto social, adopción por parejas homosexuales, religiosidad…), ubicándose de media en el 4,88 (aunque habría que atender también a la desviación típica de este valor, no recogida en el avance de resultados). En temas territoriales y de política antiterrorista, por el contrario, tienen una postura mucho más cercana a los ‘populares’ que a los socialistas, de acuerdo también a su posición en la escala de “españolismo”. Respecto a su procedencia, en su mayoría provienen del PSOE (36,2%), el PP (27,8%) o la abstención (22,9%).
Por último, y confirmando su carácter de “partido de intelectuales”, sus votantes son los que tienen un perfil de estudios más elevado: un 43,5% de ellos tiene estudios superiores, frente a un 7,35% del PSOE, un 11,4% del PP o un 13,2% de IU. Como cabe esperar de este nivel de estudios más alto, más del 50% de los encuestados que afirman haber votado UPD ostenta un estatus socioeconómico calificado por el CIS como “clase alta o media-alta”, muy por encima del resto de partidos (por ejemplo, 14,7% del PSOE, 19,6% del PP o 29% de IU).
Los objetivos de esta nueva línea de acción política serían dos. En primer lugar, la estrategia de la moderación busca ganar terreno por el centro político, arrebatando votantes al PSOE. En segundo lugar, y de forma simultánea, lo que se persigue es desactivar el "voto del miedo al PP", que fue la clave que permitió la victoria de los socialistas, al conseguir aglutinar en torno a sí a votantes provenientes de diversas formaciones políticas minoritarias, temerosos de un nuevo gobierno del PP, que se veía como continuación del gobierno de Aznar de 2000 a 2004. En mi opinión, es éste segundo objetivo el primordial en esta nueva estrategia: no podemos olvidar que el PP obtuvo el 9M prácticamente los mismos votantes que en 2000 le dieron mayoría absoluta, y que, estudiando la distribución del voto en la escala ideológica, ya consiguió recortar de forma significativa la diferencia entre PSOE y PP en los votantes de centro.




