La corrupción aumenta en España… ¿o no?
Esta semana se presentaban, como viene ya siendo habitual por estas fechas, los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) que publica anualmente la ONG Transparencia Internacional. Elaborado a partir de la agregación de diferentes encuestas de otros organismos internacionales, este índice clasifica a un amplio número de países (en esta ocasión, hasta 180) en función de la corrupción que perciben sus habitantes, en una escala del 0 (máxima corrupción) al 10 (máxima transparencia).
Y, como suele ocurrir cuando los medios de comunicación se hacen eco de este tipo de estudios (no únicamente en nuestro país), la interpretación que de él se ha hecho se distancia mucho de las conclusiones reales que podemos extraer de esta nueva serie de datos. Con contadas excepciones, la mayoría de ellos destacaban, bajo titulares como “la corrupción aumenta en España“, la bajada de nuestro país tres posiciones en el “ranking de países menos corruptos” (del 25 al 28), debido a un descenso de 2 décimas en el IPC (de 6,7 a 6,5).
Sin embargo, lo cierto es que hemos de tomar estos datos con muchísima cautela. Como discutíamos en los comentarios de esta entrada, en la que utilizaba el IPC para comentar la relación entre desarrollo económico y corrupción, este tipo de datos está basado no en medidas objetivas de la corrupción (si es que existen), sino en las percepciones de una serie de personas, bien informadas sobre la situación de la corrupción en cada uno de sus países (al menos, en teoría), a las que se entrevista en varias encuestas, con diferentes metodologías. Y, por mucho que se agreguen y estandaricen muchas encuestas, el IPC no deja de medir únicamente percepciones subjetivas, con las dudas que ello conlleva, desde la misma definición de corrupción (sobre la que no existe apenas consenso en la literatura sobre esta cuestión) hasta su “vara de medir” (lo que en un país puede considerarse un grave abuso de la autoridad, en otro puede ser algo habitual, que pasa desapercibido).
Pero la necesidad de tomar estas precauciones no impide que estos datos nos puedan ser de utilidad. Aunque pueda resultar un poco arriesgado sostener que en este último año ha aumentado la percepción de corrupción en España (al fin y al cabo, el dato de 2007 se encuentra dentro del intervalo de confianza del dato de 2008; es decir, que las diferencias no son apenas significativas), sí podemos afirmar que este último dato confirma una leve tendencia descendente en el nivel de transparencia percibido en nuestras instituciones públicas, en línea con lo que está ocurriendo en otros países cercanos, como Francia, Reino Unido, Portugal e incluso Finlandia. En únicamente cuatro años hemos bajado desde el 7,1 de 2004 al 6,5 de 2008. Y la causa de este descenso muy probablemente se debe a la proliferación de escándalos de corrupción urbanística en muchos de nuestros ayuntamientos (más seguramente a su dimensión mediática que a un posible aumento del nivel “real” de corrupción).
Índice de Percepción de la Corrupción (1993-2008)

Fuente: Transparency International
Pese a todos los inconvenientes que comentaba, lo cierto es que estos datos, al abarcar tan amplio número de países, pueden servirnos de base para responder a preguntas bastante interesantes. Si hace unas semanas discutíamos la asociación entre corrupción y crecimiento económico, hoy me gustaría hacer una breve referencia a la relación entre corrupción y nivel de democraticidad. Una reflexión bastante frecuente, quizás no tanto en España pero sí en aquellos países con un apoyo menor a la democracia, es que la corrupción no entiende de regímenes políticos, y que por tanto se extiende por igual tanto en democracias como en dictaduras. La intuición nos indica que esto no debe ser así en la realidad: con ciertos matices, las democracias por definición suministran a los ciudadanos un instrumento clave para seleccionar políticos virtuosos y castigar a aquellos que no lo son; un instrumento que no es otro que el voto libre, secreto y periódico. La pregunta es: ¿sustentan los datos esta afirmación? ¿En los países más democráticos hay menos corrupción?
Índice de Percepción de la Corrupción 2008 recodificado (Y) según “Índice de Democraticidad recodificado” a partir de los datos de Polity IV 2007 (X)

Fuente: Transparency International y Polity IV Project
En el gráfico sobre estas líneas comparamos los datos del IPC de 2008 (recodificados de tal manera que la máxima corrupción corresponde al valor 10) con los del Polity IV Project de 2007, que mide, entre otras variables, el grado de “democraticidad” de cada país (para más información sobre su metodología, clic aquí; en la gráfica he recodificado los valores a una escala de 0 a 10, de menor a mayor “democraticidad”). Como se aprecia, aunque estadísticamente existe una correlación significativa entre ambas variables (a mayor “democraticidad”, menor corrupción), la asociación no es particularmente fuerte ni totalmente lineal, de lo cual podemos deducir que seguramente existen terceras variables, también relevantes, que escapan al análisis del gráfico (¿quizás determinadas configuraciones institucionales en democracia son más eficaces que otras en la lucha contra la corrupción? ¿el nivel de desarrollo económico puede afectar también a esta relación?), o que simplemente alguno de estos dos índices no responden en realidad a lo que estamos pretendiendo medir (esto quizás nos da una pista).
En fin, el propósito de esta entrada tampoco es ahondar en el análisis de la relación entre estas dos variables, sino únicamente poner de manifiesto que, pese a la limitada fiabilidad de los datos de Transparencia Internacional, que habitualmente son utilizados de manera errónea, en algunos casos pueden sernos útiles para reflexionar sobre cuestiones tan interesantes como éstas. Seguramente este breve artículo no será el último en que me sirva de estos datos; volveremos sobre este tema más adelante.










