Mitos y leyendas electorales (y III)
Y cerramos, por el momento, esta serie de artículos dedicados a reflexionar sobre los ‘dogmas de fe’ del comportamiento electoral español con un par de referencias al sistema según el cual se rigen nuestros comicios.
La ley d’Hondt es terriblemente injusta, y ha generado el bipartidismo imperfecto español
Ésta es una idea que escuchamos frecuentemente en diferentes foros políticos, y que muchos dan por buena sin reflexionar antes sobre ella. Partamos de los conceptos: la Ley d’Hondt no es más que una fórmula electoral, es decir, un mecanismo que nos permite traducir las preferencias de los electores en escaños; siendo, junto al tamaño de la circunscripción y el umbral electoral, una de las tres variables básicas de un sistema electoral.
Fórmulas electorales las hay de muy diferentes tipos, aunque las podemos clasificar en tres tipologías: mayoritarias, proporcionales y aleatorias.
Las mayoritarias, cuyos ejemplos más destacados serían el winner-takes-all (el partido con mayor número de votos se lleva todos los representantes de la circunscripción) o el first-past-the-post (utilizado habitualmente en distritos uninominales, en los que únicamente el candidato con más votos obtiene representación), tendrían por principal objetivo asegurar la estabilidad parlamentaria y evitar una excesiva fragmentación. Las proporcionales, entre las que se encontrarían la Ley d’Hondt y sus derivadas (Saint-Laguë, Imperiali…), así como otras más complejas, como la fórmula Hare o el método Hagenbach Bischoff; y que tendrían por finalidad asegurar una pluralidad de partidos con representación en las instituciones. En último lugar, tendríamos los sistemas aleatorios, muy utilizados en las antiguas democracias griegas, pero con poca utilidad práctica en la actualidad.
Así pues, se dice habitualmente que la Ley d’Hondt es injusta, pero, ¿qué es lo justo? ¿Que el porcentaje de votos se corresponda con el porcentaje de escaños? ¿Sería universalizable este criterio de justicia, si pensamos en países con un gran número de partidos efectivos, en los que un sistema de este tipo podría generar inestabilidad política? Sea como sea, si partimos de esta idea de lo justo, comprobamos como la Ley d’Hondt en sí no es injusta: de hecho, es una de las que más se aproximaría a nuestro ideal. Si aplicásemos diferentes tipos de fórmulas electorales al caso de la circunscripción en Barcelona (elecciones 2004), comprobaríamos como los resultados apenas varían (excluímos del análisis otras fórmulas, complejas de calcular por nuestro tipo de listas electorales):
Y, sin embargo, un rápido vistazo a los resultados electorales nos permite comprobar como, pese a tener una fórmula electoral ‘justa’, los resultados no son injustos. ¿Por qué? La causa la debemos buscar, principalmente, en el tamaño de la circunscripción: la gran mayoría de provincias cuenta con 7 o menos representantes, siendo 7 la cifra a partir de la cual se considera que la ley d’Hondt puede generar asignaciones de escaños verdaderamente representativas. En un segundo lugar, también deberíamos atender al umbral electoral del 3%, aunque, en el caso español, en contadas ocasiones ha impedido que un partido obtuviera representación.
Una última reflexión para cerrar este primer bloque: ¿podemos culpar únicamente a nuestro sistema electoral de las dinámicas bipartidistas en nuestro país? En mi opinión, no. Para empezar, nos deberíamos preguntar quién diseño este sistema y con qué finalidad. También deberíamos tener en cuenta si los partidos actuales ya representan toda la divergencia de preferencias existente en nuestro país. Por ejemplo, a veces se critica la ausencia de un partido verde fuerte, un partido cristiano-demócrata, un partido republicano o un partido rural. Sin embargo, ¿podrían llegar a tener éxito estos partidos alguna vez? Es más, ¿puede un partido como IU, de orígenes comunistas, sobrevivir en un contexto en que la clase obrera, como tal, con una conciencia de clase y unos intereses comunes, está desapareciendo? Y, en último lugar, en una democracia tan mediatizada como la nuestra, ¿puede un partido pequeño permitirse el gasto necesario para sufragar una campaña electoral?
El voto útil es una invención de los socialistas para arrebartarle votos a Izquierda Unida.
El tema del voto útil ha sido (y me atrevo a decir que será) un argumento bastante recurrente en este blog. Ya lo hemos tratado con anterioridad, bien para rebatirlo o para reafirmarlo, pero siempre es interesante recuperarlo, y muy especialmente en unas elecciones generales.
Una primera apreciación: la idea del voto útil no es una invención de los socialistas. De hecho, ya Duverger en 1951 hablaba del efecto psicológico que generaba en los votantes un sistema electoral mayoritario, y que se traducía, en aquellos individuos con una primera preferencia electoral por un partido sin posibilidades de obtener representación, en una transferencia de su voto hacia su segunda preferencia. Esta idea, como ya hemos venido repitiendo, es perfectamente aplicable al sistema español, con una fórmula electoral proporcional, que en la práctica genera mayoritarismo, a causa del reducido tamaño de la mayoría de circunscripciones.
Sea ‘voto útil’ o ‘voto racional’ - terminología ésta que quizás sería más adecuada - lo cierto es que el caso de las generales españolas es un ejemplo paradigmático de cómo un amplio porcentaje votantes podrían obtener mayor utilidad si votaran por su segunda preferencia. Tomemos el ejemplo de Badajoz, en las últimas elecciones: si todos los que votaron IU (que no obtuvo representación), hubieran otorgado su voto al PSOE, éste hubiera obtenido 4 escaños, en lugar de los 3 que obtuvo; y el PP hubiera reducido su representación de 3 a 2. Para obtener lo contrario (que IU consiguiera un diputado), hubiera sido necesaria una transferencia de votos del PSOE a IU que multiplicara por 4 sus votantes.
Claro que no todo es siempre así de fácil. El caso de Girona, en las próximas elecciones, con toda probabilidad será un contraejemplo excelente. Partiendo de los resultados anteriores (PSOE 2, CiU 2, ERC 2), y asumiendo que ERC sufrirá un importante batacazo electoral (así lo afirman todas las encuestas, y no parece que su campaña electoral, para la que apenas tienen financiación, vaya a cambiar mucho las cosas), lo más probable es que el escaño de Joan Puig pase a manos populares. De esta forma, un traspaso de votos de ERC a PSC o CiU, o a la abstención, beneficiará precisamente a la que sería su última opción, el PP.
Algunos argumentarán, y probablemente con razón, que el voto en términos absolutos es igual de importante, se obtenga o no representación (por ejemplo, los ingresos de los partidos depende en gran parte de esta variable); o que, desde un punto de vista normativo, la presencia de terceros partidos en el Parlamento es positiva para el funcionamiento de la democracia. Y es cierto. Pero con el sistema electoral que tenemos, hemos de ser realistas: votar IU en circunscripciones donde seguramente no obtendrá representación beneficia al PP.
Y para acabar…
Concluyo con un poco de auto-bombo: esta mañana leía en Netoratón el anuncio de la nominación de este blog al Premio Enrique Padrós, en la categoría de mejor blog político escrito por un no profesional, que concede la red de blogs “Las ideas”. He de reconocer que ha sido un inesperado honor, más aún viendo los otros tres brillantísimos blogs con que comparte nominación este humilde rincón de la red, el de Antonio Gutiérrez Rubí, el de Enrique Meneses y el del Gran Wyoming. De verdad, muchísimas gracias a todos aquellos que han votado por este blog, y al colectivo de Las Ideas por la gran labor de debate y reflexión que vienen realizando desde 2003.






Haces unos días escribí algunas cosas sobre el “voto útil” y me interesaría mucho conocer tu opinión. Me ha gustado mucho lo que llevo leído de tu blog.
http://geografosubjetivo.wordpress.com/2008/02/07/concepto-y-teoria-del-voto-util/
16 February 2008 a las 22:24Me parece penoso que gente de pensamiento minoritario tenga sesgado su derecho de elección, según donde viva.
Yo por ejemplo vivo en Albacete, donde ésta circunstancia la vivimos de manera crítica. Aquí, en las elecciones generales, votar a un partido que no sea PP o PSOE es tirar tu voto directamente a la basura. Me parece nefasto para la democracia, que se discrimine tanto a las opciones alternativas a los dos grandes partidos.
El problema de las circunscripciones me parece muy grave, porque se están llevando a la desaparición de otras formas de pensar en el parlamento, cuando a pesar de ser minoritarias en comparación con los grandes partidos, son compartidas por una gran cantidad de gente.
Para mi, la democracia que mejor se desarrolla, es aquella en la que las cosas hay que dialogarlas y pactarlas. Y acostumbrarse a ver las opiniones de cuanta más gente mejor.
De hecho, yo pienso que la democracia de hoy día sirve sobre todo, para cambiar las cosas en momentos críticos. Me parece penoso.
Sin embargo sigo pensando que hay que votar, pues hay mucha gente que se ha dejado la piel y la sangre en que nosotros ahora podamos elegir, aunque sea imperfecto.
18 February 2008 a las 22:19