Y quien se quiera ir, que se vaya
Acción y reacción. Poco más de un mes después de que Rajoy pronunciara, de forma acalorada, estas palabras en un míting en Elche, ya son cuatro las figuras simbólicas que han abandonado el partido (Zaplana, Acebes, San Gil y Ortega Lara). Y cuarenta los dirigentes que, de una forma u otra, han criticado el presunto ‘nuevo rumbo’ que está tomando Rajoy como respuesta a la derrota electoral, materializado en un par de tímidas referencias a la recuperación de ese ‘viaje al centro’ que parece que nunca acabará y a la ‘nominación’ de Gallardón como uno de los candidatos a secretario general del partido.
Desde un punto de vista analítico, es interesante comprobar como esta serie de disidencias no suponen más que un cambio en el modo de canalizar la crítica interna dentro del Partido Popular. De acuerdo a la tríada conceptual sugerida por Hirscham, los miembros de toda organización pueden mostrar su descontento con su funcionamiento actual o alguna de las decisiones de sus líderes a través de tres mecanismos: la “voz” (interna, si no trasciende a los medios de comunicación; externa, si se realiza de forma pública), la “salida” (abandonar el partido) o la “lealtad” (abstenerse de realizar la crítica). La decisión por una u otra vía dependería, a priori, de la estructura de incentivos derivada de la pertenencia a la organización y de cada opción concreta.
En el caso del Partido Popular, la lealtad ha sido la nota predominante durante los últimos 20 años, por varios motivos: los enormes beneficios de pertenecer a un partido ‘grande’ (y con muchos cargos a repartir entre sus miembros), la amplitud de sus principios definitorios (el PP abarca la mayor parte del espectro ideológico a la derecha del PSOE), los enormes costes derivados de la crítica a un partido fuertemente jerarquizado (véase el caso de Piqué, por ejemplo), etc. Sin embargo, esta estructura de incentivos, después de las sucesivas derrotas electorales de Rajoy, ha cambiado, especialmente por el lado de los costes: la pérdida - aunque leve - del liderazgo interno de Rajoy ha propiciado la aparición de nuevos centros de poder en el partido a nivel regional (Madrid, por ejemplo); y la creación de un nuevo partido bastante dispuesto a acoger a los disidentes, así como el desarrollo de nuevas redes de comunicación (y la realineación de ‘viejas redes’) dispuestas a dar apoyo a los heterodoxos han contribuido también a hacer más fácil la crítica.
La resolución de esta crisis es, a estas alturas, prácticamente impredecible. Tal y como comenté hace ya unas semanas, es muy difícil aventurarse a interpretar los hechos de estos días desde el conocimiento parcial que puede tener un observador externo, de forma que lo único que podemos hacer es limitarnos a leer entre líneas lo que los líderes del Partido Popular pueden estar filtrando a la prensa. Hoy precisamente la edición digital de El País abre con la noticia de que Juan Costa podría presentarse como candidato alternativo a Rajoy, para lo cual el propio Presidente del partido podría cederle algunos de sus avales, con el propósito de mejorar la democracia interna y, por ende, también la legitimidad de Rajoy (más que probable ganador).
Sin embargo, la democracia interna no es la panacea que pueda solucionar todos los problemas del Partido Popular. Ni, por lo general, de ningún partido. Por una razón muy simple: es cierto que la democracia crea demócratas, pero es aún más cierto que para que la democracia triunfe, debe existir previamente un sentimiento de democraticidad, en el sentido “przeworkiano” del término (”la democracia es un sistema político en que el gobierno pierde las elecciones”). A nivel interno, el razonamiento es el mismo: para que triunfe la democracia, es importante que sus participantes estén dispuestos a asumir los resultados de la decisión del partido, sea cual sea. Que no se me malinterprete: no estoy dudando del sentimiento democrático del Partido Popular. No. Simplemente tengo mis reservas sobre que determinados sectores del partido estén dispuestos a asumir que Rajoy pueda ganar limpiamente la batalla interna, sin volver a buscar pelea durante los próximos cuatro años.
Concluyo con las cuatro claves centrales que, en mi opinión, subyacen y explican todo este conflicto, y que el tiempo parece estar demostrando como ciertas: los líderes fácticos del partido (al menos, los que cuentan con el apoyo de la ‘brunete’ mediática) sólo se presentarán si saben que ganarán la batalla; la estructura del partido es un factor a favor de Rajoy, y la explotará a conciencia; los medios de comunicación conservadores actuaran como espoleadores de la guerra interna; las nuevas tecnologías jugarán un papel clave en la renovación (SMS, redes sociales, blogs…).
Veremos cómo se desarrolla este conflicto en que, casi cada día, se producen novedades. Para un observador externo, sin duda, el tema resulta poco menos que entretenido. Sin embargo, me preocupan las consecuencias que pueda tener esta crisis en la propia democracia española, y en la ausencia de una necesaria labor de oposición al gobierno, especialmente en un momento de adversidad económica como el que estamos viviendo.
Más | Tres análisis muy acertados sobre la situación actual del PP, en Materias Grises, Sí, Ministro y en Debate Callejero (con la firma de Ignacio Sánchez-Cuenca)






Ver al facherío insultando a los dirigentes a la puerta de Génova es algo que encuentro bastante parecido a la justicia poética. Esto es lo que pasa cuando te pegas cuatro años embruteciendo al personal.
23 May 2008 a las 16:05Muy bueno lo de “justicia poética”, me encanta. Cría cuervos y te sacarán los ojos… A ver en qué desemboca todo esto.
23 May 2008 a las 16:06El PP se rompee..seguro!!
25 May 2008 a las 15:57La política ha perdido tanto punch que, hasta situaciones tan aparentemente llamativas como la actual me parecen carentes de interés
25 May 2008 a las 18:49Tienes razón, Becario. Lo realmente importante es el daño que le están haciendo al sistema democrático. El otro día, en mi blog, recordaba los tiempos del Sindicato del Crimen: “por el bien del Estado aunque destruyamos el Estado”.
26 May 2008 a las 8:21[...] Y quien se quiera ir que se vaya (lealtad salida y voz en el PP) [...]
02 June 2008 a las 14:55