¿Por qué no somos una dictadura militar?
Me ha parecido sumamente interesante el debate generado a raíz de este reto que Citoyen lanzaba en su blog, y cuyas primeras respuestas podemos leer en El Altavoz Magenta, La Revolución Naturalista, El Libro de la Almohada, el blog de Albert Esplugues o el de Geógrafo Subjetivo. Aunque un par de días más tarde, y desde mi ignorancia en estas cuestiones, me gustaría unirme también al debate dando mi opinión.
Para responder a esta pregunta, primero tendríamos que formular una teoría general sobre por qué los golpes de estado triunfan, por qué éstos se consolidan en forma de dictadura militar, y por qué en algunos casos estos regímenes acaban colapsándose. Parto de la base que son muchos los factores que influyen en estos tres fenómenos, factores que se refuerzan o desactivan entre sí, de manera que es evidente que no podemos hablar de una teoría que pueda explicar a la perfección todos los casos. Sin embargo, entendiendo esta cuestión desde el punto de vista del ejército, y bajo una perspectiva racionalista, creo que hay dos conceptos que son clave: la orientación y fuerza de la opinión pública, por un lado, y la “dependencia de la senda” (”path dependence“), por otro.
Cuando el ejército afronta la posibilidad de llevar a cabo un golpe de estado, si asumimos que es un actor racional (a efectos de este razonamiento, pongamos que sí), podemos considerar que valora tanto los beneficios como los costes de sus acciones. Los beneficios son, con pequeños matices, muy similares en todos los países y relativamente estables en el tiempo: podemos incluir dentro de esta categoría la obtención del monopolio del poder político y económico, el incremento de su bienestar material (aunque seguramente repartido de forma desigual entre los altos cargos y los soldados rasos), la posibilidad de reorganizar la sociedad de acuerdo a sus propios principios o incluso el beneficio intangible derivado de la satisfacción de hacer lo que uno cree que debe hacer (en el caso de los soldados, acatar las órdenes de sus superiores; en el caso de los altos cargos, “salvar el país” de lo que consideren una amenaza).
Es el lado de los costes lo que varía de manera más sustancial en función de las circunstancias. De nuevo, muchas son las variables que podríamos considerar: los propios costes materiales más directos, tanto en armas como en capital humano, la posibilidad de respuesta de países aliados democráticos, los costes “ideológicos”; en resumen, la probabilidad de fracaso y sus costes asociados. Pese a ello, desde mi punto de vista, considero que son dos los factores que influyen de manera decisiva en estos costes.
En primer lugar, la fuerza de la opinión pública y la intensidad de sus preferencias en relación a los diferentes tipos de regímenes (i.e. si opinan que, en algunas circunstancias, un régimen no democrático es preferible a otro democrático) moldean la posibilidad de que un golpe de estado militar pueda ser sofocado [o, en el caso de regímenes ya consolidados, que colapsen], con el consiguiente castigo, individual o colectivo, para el Ejército. No olvidemos que, por encima de cualquier otro objetivo (salvar la patria, defender unos determinados valores, etc.), la finalidad última de cualquier ejército es la misma de toda organización: garantizar su supervivencia y autonomía.
En segundo lugar, la existencia (o ausencia) de unas instituciones democráticas con fundamentos sólidos, y con unas dinámicas internas de “auto-refuerzo”, tiene un importante impacto en las posibilidades de éxito de un régimen militar: resulta impensable imaginar, por ejemplo, que el partido nazi hubiera aglutinado tanto poder si el impulso democratizador de la Constitución de Weimar hubieran cristalizado en un sistema políticamente estable. Hemos de tener claro que dentro de estas “instituciones democráticas” debemos incluir tanto las instituciones más “formales” (básicamente, las leyes y los órganos constitucionales) como aquellas más “informales” (cultura política democrática, el pactismo entre fuerzas políticas, la existencia de grupos anti-sistema con ideologías extremas…).
Partiendo de estos argumentos, ¿cómo podemos explicar, por ejemplo, la instauración, consolidación y colapso de la dictadura franquista? Aparte de por otros muchos factores, de tipo económico, militar, político, etc. (cuya importancia no niego en ningún momento), el éxito del bando nacional se basó, por un lado, en una despolitización de la opinión pública, que pasó a vivir de espaldas al régimen, resignándose en muchos casos a aceptarlo como “un mal menor” para evitar una nueva guerra civil; y, por otro, en la habilidad de la jerarquía franquista para dividir el poder entre las tres “familias” del régimen (iglesia, ejército y partido falangista), hasta alcanzar un equilibrio institucional que, como consecuencia de la “path dependence”, consiguió perpetuarse durante casi 40 años. De forma similar, su colapso se explicaría por la creciente oposición interna y el despertar de la opinión pública, y por el desgaste de este delicado equilibrio entre familias, que desembocarían en la concesión, por parte de la jerarquía franquista, y tras la muerte del general, de la necesidad de liberalizar el régimen (porque los costes de mantener la dictadura, sencillamente, se habían disparado).
En resumen, y respondiendo sintéticamente a la pregunta inicial: ¿por qué no somos una dictadura militar? En mi opinión, simplemente porque los costes que le supondrían al ejército la ejecución de un golpe de estado (la probabilidad de fracaso multiplicada por los costes asociados a este fracaso), que dependen de la intensidad y orientación de las preferencias de la opinión pública, y de la rigidez del equilibrio institucional (path dependence), son muy superiores a los beneficios que la instauración de una dictadura militar les otorgaría.






[...] nos unido también Becario en Moncloa con una explicación en términos de teoría de juegos y path dependence (que chafa un poco la mía [...]
21 September 2008 a las 17:29Aunque no estoy del todo de acuerdo (creo que no sólo los costes son importantes sino que sobre todo importa la motivación, osea, una parte de los “beneficios” que apuntas: y creo que no hay un motivo razonable posible, no hay un tema abierto o un conflicto sin resolver sobre el que los militares pudieran proponer algo), me ha gustado mucho tu propuesta, sobre todo por lo de la path dependence. Acabo de descubrir el blog
22 September 2008 a las 0:56HOla pablo:
Muchas gracias por unirte
Tu explicación me gusta mucho; a mí también me encanta Douglas North
Tiene desde mi punto de vista un fallo; consideras de forma un pelín apresurada al ejército como un actor colectivo. Lo cierto es que el 23f salió mal en parte porque el actor colectivo no funcionó.
En mi explicación incluiré una sección sobre las “constraints” que tu apuntas y otra sobre la psicología organizativa del ejército
Un saludo y gracias de nuevo
22 September 2008 a las 12:37[...] nos unido también Becario en Moncloa con una explicación en términos de teoría de juegos y path dependence (que chafa un poco la mía [...]
22 September 2008 a las 14:00[...] Geógrafo y de la orientación que me dio egócrata por mail. También coincide bastante con la de Becario en Moncloa aunque se nos habia ocurrido de forma relativamente independiente. En general supongo que juego con [...]
22 September 2008 a las 22:56Amb aquest post has fet que vagi 6 anys enrere a una classe (o vàries) amb Mariano Torcal!
Molt bon post Pablo, molt!
24 September 2008 a las 10:49