Elecciones Europeas (II). La competición (bi)partidista
No nos engañemos. Las elecciones europeas sólo tienen de “europeas” el nombre. Pero es que no puede ser de otra manera. Ni los partidos enfocan la campaña en clave europea, ni los votantes piensan en Europa al ejercer su voto, ni la manera en qué están planteados estos comicios favorece el debate sobre cuestiones europeas.
Partiendo de que la competición partidista debe interpretarse, por tanto, predominantemente en clave nacional, ¿cómo se presenta la lucha por los 50 eurodiputados en juego? El Partido Popular partía en principio con una amplísima ventaja: el tipo de elección, la pésima coyuntura económica y la debilidad del gobierno de Zapatero deberían ser suficientes en principio como para asegurarle
una victoria holgada, sin demasiada dificultad. Pero la realidad es tozuda: a una semana de la cita electoral, el empate técnico se mantiene, según las encuestas. Si la estrategia movilizadora del PSOE tuviera éxito, es posible que los populares ni siquiera consigan superar a los socialistas en votos.
Rajoy es quien más carne política se juega en estas elecciones. Una derrota - o victoria por la mínima - sería un duro golpe para su liderazgo, tal y como muchos se empeñan en recordarle. El éxito popular en Galicia, que él atribuye a la intensa campaña que realizó pueblo a pueblo, le dio un tiempo extra para reformular su estrategia y plantear el asalto a Moncloa (y también a Génova 13). Pero vista la elección del candidato y algunas de sus (in)decisiones durante la campaña, parece seguir viviendo únicamente en el presente continuo, en el ataque al monstruo de la semana. Como un cylon político que resucita después de cada embiste, aunque sin un “plan” a largo plazo que garantice su supervivencia más allá de las próximas elecciones.
Pero Rajoy no es el único que se juega gran parte de su crédito político el próximo domingo. Zapatero afronta, aún a pesar de esos supuestos “brotes verdes” que se otean en el horizonte, el peor momento de su presidencia. Poco más de un año después de su reelección, la valoración que hacen los ciudadanos de su gobierno se encuentra en su punto mínimo, pese al impulso que supuso el cambio de gobierno y el debate del Estado de la Nación.
Es poco probable que una derrota del PSOE en estas elecciones le lleve a convocar elecciones anticipadas, pero es evidente que Zapatero necesita refrendar su respaldo popular para salir de la dinámica de soledad legislativa en la que se encuentra inmerso, motivo por el cual está implicándose tan directamente en la campaña.
Otro elemento en que se está manifestando de manera significativa la importancia de estas elecciones para los dos principales partidos de ámbito nacional es el tipo de mensaje político que están lanzando. Se trata de un discurso movilizador pero también crispante, que está impregnando de principio a fin sus campañas: el PSOE, azuzando el miedo a la derecha y sus soluciones ante la crisis; el PP, con su ya clásico discurso de “paro, despilfarro y corrupción”. Una estrategia ya veterana en la política española, pero que tristemente parece ser la más efectiva para el triple objetivo de toda campaña: asegurarse que “los nuestros” irán a votar, y por nuestro partido, intentar captar nuevos votantes ideológicamente próximos y evitar que antiguos votantes del partido acaben eligiendo la papeleta de otro color político.
En estas elecciones concretas, en que desaparecen los incentivos al voto estratégico (o “voto útil”), y en que por primera vez los votantes de ambos partidos cuentan con alternativas que les pueden resultar ideológicamente atractivas, éste último objetivo es el que parece estar guiando la campaña de ambos partidos. El perfil ideológico elevado de sus “spots”, “mítines” y apariciones en los medios parece tener el propósito de “cubrirse las espaldas” ante una posible fuga de votos a IU o UPyD, que con facilidad podrían ser capaces de obtener 1 ó 2 eurodiputados.
Dicho todo esto, ¿con qué titulares abrirán los periódicos el día 8 de junio? Las encuestas de los últimos días coinciden en manifestar un empate técnico (el margen de victoria del PP entra en todos los casos dentro del margen de error), aunque algo menos ajustado que el de la encuesta pre-electoral de CIS. En todo caso, estos datos se distancian bastante de los 6 puntos de ventaja que Hix y Marsh otorgaban a los populares en sus predicciones (basadas en datos de encuesta y variables de tipo político).
De cualquier manera, hemos de tomar estos datos con muchísima cautela por tres motivos: la muestra de estas encuestas era bastante reducida (a excepción del CIS; aunque en cualquier caso esto no es tan importante al tratarse de una única circunscripción), la enorme incertidumbre que existe respecto a la participación electoral (que pone en entredicho cualquier estimación que se haga en la “cocina” de cada encuesta) y el posible trasvase “oculto” de votos al PSOE, desde la abstención y otros partidos minoritarios. La importancia de estos tres aspectos es importante en todas las elecciones, pero aún más en las europeas, en que el electorado es mucho más volátil que en las generales o autonómicas y, por tanto, más propenso a cambiar su orientación de voto en el último momento.
En conclusión, es difícil prever qué ocurrirá el día 7 a partir de las ocho de la tarde. Los populares probablemente esperan una noche como la del 12 de junio de 1994. Los socialistas firmarían cualquier resultado cercano al del 13 de junio de 2004. Lo más probable, sin embargo, es una pírrica victoria en votos del PP y un empate en escaños, que no les sirvan ni a unos ni a otros para superar la situación de incertidumbre que ambos partidos están viviendo.






Gracias por la referencia a mi entrada y enhorabuena por el análisis de este post. Yo sigo dándole vueltas al tema de la abstención…
03 June 2009 a las 9:34Se hace difícil ir a votar mañana, todos son la misma calaña pp, psoe, IU, ciu… chorizos acomodados y mentirosos patológicos. Pero siempre nos quedarán los partidos pequeños!
06 June 2009 a las 13:57? ??? ? ??????????..
12 December 2009 a las 5:18