Elecciones Europeas (I). La abstención

A semana y media de la celebración de las elecciones al Parlamento Europeo en España, que se presentan como las más disputadas de las cinco convocadas hasta ahora, lo único que puede darse por seguro es que la abstención será elevadísima. Pese a los esfuerzos de las instituciones europeas y de los partidos políticos en la movilización de sus electorados, lo más probable es que la participación acabe de nuevo por debajo del 50%, en niveles similares a los de 2004.

Gran parte de la responsabilidad de esta baja participación en los comicios europeos se apoya en su propio diseño institucional: el hecho de que las circunscripciones se correspondan con los diferentes estados conlleva que los sistemas de partidos resultantes sean muy similares a los de las elecciones a nivel nacional. Los comicios europeos se convierten, como es bien conocido, en elecciones de “segundo orden”, en que únicamente acuden a las urnas los ciudadanos más motivados para votar. A esto ha contribuido también el fracaso de las instituciones comunitarias a la hora de fomentar una “cultura política europea”, y de publicitar su labor y su importancia en términos políticos, generando ciudadanos que se sienten alejados, más política que geográficamente, de Estrasburgo y Bruselas, y de sus representantes en dichas instituciones.

Uno de los elementos más significativos de este fracaso es el hecho de que, paradójicamente (o quizás no) sean los más jóvenes los que muestren mayores niveles de abstencionismo diferencial en las elecciones europeas respecto las nacionales, al menos en España, como muestro en la siguiente tabla. Aunque, en términos absolutos, la mayor bolsa de abstencionistas se encuentra en los ciudadanos de edad adulta (debido a que, sobre el total de la población, representan una mayor proporción), el hecho de que los más jóvenes tiendan tan poco a participar supone, a mi juicio, una cuestión que merece ser estudiada con más profundidad. Porque si son los jóvenes menores de 30 años, socializados en un período en que las instituciones europeas ya funcionaban a pleno rendimiento, los más abstencionistas: ¿cabe esperar, en el futuro, una ciudadanía aún más pasiva electoralmente, como consecuencia del lógico reemplazo generacional?


Fuente: Encuestas Post-Electorales del CIS y European Election Studies (sólo para datos agregados de las elecciones europeas)

El debate de fondo sobre esta cuestión, sobre el que se ha investigado profusamente en la ciencia política, es el relativo a la importancia de la socialización y de la coyuntura vital de cada invididuo en sus pautas de comportamiento electoral. En este caso concreto, ¿por qué los jóvenes participan menos en las elecciones europeas? Una respuesta podría ser simplemente su falta de interés por la política, debido al momento de su “ciclo vital”, en que perciben la política como algo distante, “que no les afecta”. Otra haría referencia a un elemento más generacional: el hecho de haberse socializado políticamente en un contexto de menor intensidad del debate político, en que las cuestiones europeas pierden peso. El hecho de optar por una u otra respuesta tiene diferentes implicaciones: mientras que, de aceptar la primera, el abstencionismo sería un fenómeno transitorio, que desaparecería según fueran madurando políticamente; si aceptamos la segunda, cabría esperar que su tendencia a abstenerse se mantuviera estable a lo largo de toda su vida. En el largo plazo, según las generaciones superiores fueran siendo reemplazadas por las más jóvenes, esto generaría una ciudadanía elevadamente abstencionista.

La mejor manera de intentar responder a esta pregunta es desde una perspectiva longitudinal, con gráficos similares a los que presenté hace un tiempo, para la identificación ideológica. En el primero de ellos represento las diferencias entre las tasas de abstención de cada grupo de edad respecto a la media de cada elección, para la totalidad de países de la Unión Europea. El hecho de representar las diferencias respecto a la media y no las tasas de abstencionismo se basa en que así puede controlarse el efecto del contexto específico de cada elección.

GRÁFICO 1. Diferencia entre abstención media en cada elección y tasas de abstencionismo de cada cohorte de edad en elecciones europeas (total de países)

Fuente: European Election Studies. Nota: valores más elevados corresponden a una mayor participación.

Los datos del gráfico sugieren, en primer lugar, que los elevados niveles de abstención que se registran en España en las generaciones más jóvenes son similares cuando analizamos el total de países. Por otra parte, las estables diferencias entre cohortes sustentan, en parte, la idea del fracaso de la Unión Europea en el fomento de una cultura política participativa a nivel europeo: cuanto más reciente es la cohorte, menor es su participación en las elecciones al Parlamento Europeo.

Sin embargo, el hecho de que sean sólo cuatro las elecciones celebradas hasta el momento dificulta confirmar hasta qué punto las diferencias entre generaciones se debe al efecto de la socialización o simplemente al hecho de estar atravesando cada una un momento diferente de su ciclo vital. Para responder a esta cuestión, hemos de recurrir a otro tipo de elecciones, para los que las series temporales disponibles son mayores, como el caso de las elecciones generales en España o, aún mejor, las elecciones presidenciales en Estados Unidos. A continuación presento el mismo tipo de gráficos para ambos países.

GRÁFICO 2. Diferencia entre abstención media en cada elección y tasas de abstencionismo de cada cohorte de edad en elecciones generales en España

Fuente: Encuestas Post-Electorales del CIS

GRÁFICO 3. Diferencia entre abstención media en cada elección y tasas de abstencionismo de cada cohorte de edad en elecciones presidenciales en EEUU

Fuente: American National Election Studies

Estos dos últimos gráficos, al contrario que el anterior, nos animan a ser optimistas: si prestamos atención a la evolución de las cohortes más jóvenes, comprobamos cómo, sin excepción, todas ellas incrementan su participación electoral según avanzan en edad, situándose en la media poblacional o ligeramente por encima de ella al llegar a los 35-40 años. Pese a ello, vemos como las dos generaciones más recientes muestran unas tasas de abstencionismo inferiores a las que tenían las cohortes superiores cuando contaban con su misma edad, lo cual sugiere que las diferencias entre cohortes no desaparecen por completo.

En cualquier caso, de lo que no hay duda es que en las elecciones europeas de la próxima semana se volverán a batir récords en el abstencionismo, como consecuencia de una ciudadanía que, cada vez más, percibe muy lejanos a sus representantes europeos en el Parlamento Europeo, y que entiende estos comicios como una manera de simplemente mostrar su opinión con el panorama político de su país. Y estos dos elementos afectan de manera muy especial a los más jóvenes que, como de nuevo cabe esperar, serán los que se acerquen en menor proporción a las urnas.

Seguir leyendo » · Escrito el: 28-May-2009 · · 4 comentarios »

Primera lectura

El pasado viernes el Centro de Investigaciones Sociológicas publicó en su página web (¡por fin!) el avance de resultados del estudio post-electoral sobre los comicios de este 2008. Y aunque aún tendremos que esperar algo más para poder disponer de los microdatos, con los que podremos elaborar análisis ya un poco más refinados a nivel individual, lo cierto es que los cruces por variables sociodemográficas y políticas que ofrece el CIS ya son por sí mismos extremadamente interesantes. Si a esto añadimos que la encuesta es tipo panel (lo cual nos permite tomar como variable de control el voto en 2004 y, más adelante, seguramente también la intención de voto) y que el cuestionario está perfectamente elaborado (en mi opinión, es el mejor de todos los estudios postelectorales realizados hasta la fecha - mi enhorabuena para los responsables, pues), el cóctel resultante debería hacerle la boca agua a cualquier politólogo.

Un primer vistazo a una de las cuestiones centrales, las transferencias de votantes entre partidos de 2004 a 2008, permite confirmar algunas de las intuiciones a que hacíamos en anteriores entradas: el PSOE crece a costa de IU y los partidos nacionalistas; y entre PSOE y PP se produce un intercambio de votantes favorable en términos netos a éste último.

Otro aspecto interesante al que debemos prestar la atención es la distribución de los votantes de cada partido en la escala ideológica, que, como ya comentamos, es el eje principal en que se articula el juego político en nuestro país (junto con el eje centro-periferia, en algunas comunidades autónomas). En los siguientes gráficos (2008, en grande; y de 1993 a 2004, más pequeños, click para ampliar) se refleja la distribución de los encuestados en dicho eje. El valor ‘0′ hace referencia a los que no se ubicaron en la escala. Los porcentajes están calculados no sobre el total de cada posición sino sobre el total de votantes. Aunque esto resta claridad al gráfico, he optado por mostrarlo así porque de esta forma podemos observar también la evolución en la distribución de los votantes a lo largo de las elecciones.

__________1993_______________1996_______________2000_______________2004__________


Fuente: Estudios Post-Electorales del CIS
Izq* = suma de los % de voto de IU, ERC y BNG.
Dcha* = suma de los % de voto de PNV y CiU.

Aunque el hecho de que en el avance de resultados se agrupen los valores de 2 en 2 dificulta la comparación entre las diferentes elecciones, parece confirmarse la tendencia creciente a la “unimodalidad” en la distribución a lo largo del eje (es decir, los ciudadanos cada vez más tienden a agruparse de acuerdo a una curva normal y no una curva con - casi - dos modas, como ocurría hasta 1996), aunque en estas últimas elecciones el ‘votante medio’ se ha desplazado levemente hacia la izquierda respecto 2004 (4,56 frente a 4,65), recuperando un nivel que no se alcanzaba desde 1989 (también 4,56; el resto de los valores: 1993 = 4,67; 1996 = 4,71; 2000 = 4,90).

En lo que respecta a la decisión por votar o abstenerse, los datos de 2008 muestran como la mayor bolsa de abstencionistas se encuentra entre los votantes “de centro” y los no ubicados y no entre los votantes de izquierda (desmintiendo la hipótesis de la “izquierda abstencionista”).

Por último, los gráficos confirman que el centro-derecha y la derecha son terreno casi exclusivo del PP. Las victorias del PSOE se fundamentan, por tanto, no en conseguir conquistar el centro, sino en convencer al electorado de izquierda, mucho más numeroso que el de derecha (es la famosa “mayoría natural de izquierdas“). Desde esta perspectiva, las victorias del PP se sustentaron, más que en avanzar hacia la izquierda, en “arrastrar” a votantes de centro-izquierda hacia el centro-derecha y en desmovilizar a los votantes de izquierda (algo que se comprueba muy fácilmente comparando los gráficos de 2000 y 2004). Sería interesante complementar estos gráficos con algunos datos sobre la ubicación ideológica de los partidos según los votantes. Echo de menos en el cuestionario de la encuesta alguna pregunta de este tipo, aunque supongo que se habrá excluido por algún motivo.

Un par de observaciones más sobre los resultados de la encuesta. La primera relativa a los debates electorales entre Rajoy y Zapatero. Como cabía esperar, parece que no tuvieron un efecto relevante sobre el resultado: tan sólo un 1,5% de los encuestados afirma que cambiaron su voto después de verlos. Es probable, eso sí, que contribuyeran a favorecer la participación: a un 7,3% de los ciudadanos, los debates les animaron a votar; y a un 18,6% les reforzaron su decisión de votar al partido que pensaban. De todas formas, habrá que contrastar estas primeras impresiones mediante análisis más refinados, aprovechando además que la encuesta es tipo panel y que incluye preguntas sobre los medios de comunicación que utilizó cada encuestado para informarse sobre la campaña (lo cual da pie a preguntas tan interesantes como: controlando por identificación partidista, ¿afecta el medio utilizado por cada votante para informarse a su interpretación de los cara a cara y, por tanto, también a su voto?).

La segunda de las observaciones es la relativa a uno de los principales enigmas de las elecciones. En la noche electoral, cuando UPD superó todas las expectativas, todos nos preguntamos: ¿de dónde vienen estos votantes? ¿Quiénes son? Aunque el número de votantes de UPD recogidos en la muestra es limitado (sólo 85), y las diferencias en los porcentajes puede que no sean significativas, sirve para ofrecernos una primera respuesta.

Los que optaron por apoyar la candidatura de Rosa Díez parecen tener un perfil escorado hacia la izquierda en temas de contenido ideológico (inmigración, gasto social, adopción por parejas homosexuales, religiosidad…), ubicándose de media en el 4,88 (aunque habría que atender también a la desviación típica de este valor, no recogida en el avance de resultados). En temas territoriales y de política antiterrorista, por el contrario, tienen una postura mucho más cercana a los ‘populares’ que a los socialistas, de acuerdo también a su posición en la escala de “españolismo”. Respecto a su procedencia, en su mayoría provienen del PSOE (36,2%), el PP (27,8%) o la abstención (22,9%).

Por último, y confirmando su carácter de “partido de intelectuales”, sus votantes son los que tienen un perfil de estudios más elevado: un 43,5% de ellos tiene estudios superiores, frente a un 7,35% del PSOE, un 11,4% del PP o un 13,2% de IU. Como cabe esperar de este nivel de estudios más alto, más del 50% de los encuestados que afirman haber votado UPD ostenta un estatus socioeconómico calificado por el CIS como “clase alta o media-alta”, muy por encima del resto de partidos (por ejemplo, 14,7% del PSOE, 19,6% del PP o 29% de IU).

Seguir leyendo » · Escrito el: 30-June-2008 · · 6 comentarios »

La participación ha beneficiado al PP

Una de las ideas clave sobre las que se sustenta el estudio del comportamiento electoral de los españoles es el hecho de que los ciudadanos que se autodefinen ideológicamente como de izquierdas, y, por tanto, votan a partidos de izquierda, son ciudadanos más abstencionistas, más ‘infieles’ y más volátiles. Esto nos ha llevado a muchos analistas a afirmar de forma categórica que una mayor participación favorece a la izquierda: si los votantes de derecha siempre votan, el hecho de que la abstención sea menor implica que los votantes de izquierda han ido efectivamente a votar.

Sin embargo, la hipótesis que me gustaría plantear en este artículo es algo diferente: tanto los votantes de derecha como de izquierda tienden igualmente al abstencionismo en determinadas situaciones. Es falsa, por tanto, esta idea antropológica de la derecha de ‘misa y voto’ y una izquierda ‘exquisita’. En mi opinión, el hecho de que un bloque ideológico tienda a abstenerse en mayor medida se debe más a las estrategias de los partidos que ocupan dicho espacio (más bien, la falta de estrategia: desunión interna, líderes poco carismáticos, campañas mal diseñadas…), que a un determinado perfil del votante.

Como ya he comentado en otras ocasiones, los datos de las pocas elecciones que se han celebrado hasta ahora en España nos impiden afirmar de forma categórica que la izquierda se abstenga más (especialmente si obviamos las elecciones de 2000, por sus circunstancias especiales para los partidos de este bloque). Es más, como ya se intuía en las diferentes encuestas conocidas antes de las elecciones, todo indicaba a que en estos comicios tampoco se apreciaría una tendencia clara en este sentido. Y, mientras esperamos a que el CIS elabore nuestra apreciada encuesta post-electoral, podemos tratar de realizar un primer análisis a partir de los resultados por circunscripciones.

En los dos siguientes gráficos de dispersión, se recoge el porcentaje de voto a PP y PSOE sobre el total de votantes, en función de la participación en cada provincia. De ser cierto el mito de la izquierda abstencionista/movilizada, a priori cabría esperar un mayor porcentaje de voto al PSOE en aquellas provincias con menor abstención, y viceversa: partiendo de un número de votos más o menos estable para los populares, que no cambia a lo largo de las elecciones, un mayor porcentaje de participación en una provincia debería estar causado por una mayor participación de los votantes socialistas. Es decir, según lo que argumenta César Molinas, debería existir una relación estadísticamente significativa entre la participación y el voto al PSOE.

Gráficos 1 y 2: porcentaje de voto a PSOE (rojo) y PP (azul), en función de la participación electoral en cada provincia
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¿Qué conclusiones podemos extraer de estos datos? Para empezar, la hipótesis que planteaba César Molinas se refuta a la luz de estos datos: el porcentaje de participación ni beneficia ni perjudica al PSOE (la relación no es significativa). Y la sorpresa es que, contrariamente a lo que se esperaría, existe una fuerte relación positiva entre participación y voto al PP: parece que un menor abstencionismo mejora las expectativas electorales de los populares.

Una crítica que se puede hacer a estos gráficos es bastante obvia: el voto al PSOE no incluye todo el voto de izquierda, ni el voto al PP todo el de derecha. De nuevo, hasta que no tengamos los datos de la post-electoral del CIS no podremos cruzar la participación con la ideología, pero una aproximación bastante certera de estos resultados podría resultar de sumar a estos dos partidos los votos del resto de partidos con representación parlamentaria. Los gráficos resultantes serían los siguientes:

Gráficos 3 y 4: porcentaje de voto a partidos de izquierda (rojo) y derecha (azul), en función de la participación electoral en cada provincia
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Como vemos, los resultados son prácticamente los mismos: la relación entre participación y voto a partidos de izquierda, pese a ser levemente negativa, sigue sin ser significativa; por el contrario, la relación entre participación y voto a partidos de derecha sí es positiva y significativa.

De nuevo insisto en que se trata de una primera aproximación a los resultados, ya que sería conveniente hacer una comparación con los datos de las últimas elecciones, y ver si el incremento del PP se ha producido en aquellas circunscripciones donde se ha registrado mayor participación (aunque intuyo que efectivamente así ha sido). Por tanto, es cierto que estas afirmaciones pueden ser objeto de críticas desde diferentes perspectivas, pero los datos son los que son: en las últimas elecciones, la mayor participación favoreció a la derecha.

PD: para quien quiera ‘jugar’ un poco más con los datos, los dejo aquí a vuestra disposición: resultados.zip

Seguir leyendo » · Escrito el: 14-March-2008 · · 3 comentarios »

Claves para seguir el 9M

1. Los datos de participación.

A las 14.30 tendremos los primeros datos sobre asistencia a las urnas, en una jornada marcada aún por el atentado del pasado viernes. Lo más importante, independientemente de a quién puede o no beneficiar una mayor participación, es el hecho de que una asistencia masiva a los colegios electorales supondrá una nueva victoria de la democracia sobre el terror y la manipulación.

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Fuente: Ministerio del Interior

2. Los resultados: número total de votos, porcentaje y atribución de escaños.

Zapatero fue el presidente con mayor número de votos de la historia de la democracia, y hoy aspirar a volver a superar el umbral de los 11 millones. También es importante ver si se mantiene el suelo electoral del PP en torno a los 9 millones y medio. En lo que respecta a los escaños, recordemos que la mayoría absoluta se encuentra en los 176, y que los socialistas necesitan de 6 a 8 puntos de diferencia para conseguir este resultado.

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Fuente: Ministerio del Interior

3. Circunscripciones clave.

Muy atentos a las grandes ciudades (Barcelona, Madrid, Valencia y Sevilla), donde es más fácil que ‘baile’ algún escaño. También Teruel, por su valor simbólico: el partido que gana en la provincia aragonesa siempre gana las elecciones en toda España.

Más…

Durante todo el día de hoy, actualizaciones constantes en Twitter.
Resultados y análisis, minuto a minuto, en el Universo Netvibes de Becario en Moncloa.

Seguir leyendo » · Escrito el: 09-March-2008 · · Sin comentarios »

Vota con todas tus fuerzas

Actitudes políticas como la desafección, el descontento o la insatisfacción son cada vez más frecuentes en la mayoría de los países occidentales: los ciudadanos cada vez nos identificamos menos con nuestros políticos, sentimos que no nos escuchan, que no nos representan, que no resuelven nuestros problemas. Uno de los más claros síntomas es el grado de abstencionismo. Pese a que en el caso español no está claro del todo que se haya producido en los últimos años un descenso de la participación electoral (más bien parece que el electorado sigue un patrón de movilización en función de la coyuntura política), a nivel agregado los datos no engañan: según Peter Mair, en los años 90 se concentraron el 75% de las elecciones con menor participación de la historia.congreso.jpg

¿Cuáles son las razones que llevan a los ciudadanos a no implicarse en la política? Las declaraciones del pasado fin de semana de Gabriel Elorriaga (PP) dejaban en evidencia que este tipo de actitudes han sido claramente fomentadas por algunos partidos políticos, pero también debemos buscar las causas en factores institucionales, culturales, históricos (en España, sin duda, la influencia desmovilizadora del franquismo aún se nota), etc. Sin embargo, el objetivo de este artículo no es buscar las causas de la desconfianza ciudadana hacia la política, sino más bien indagar qué hay de cierto en determinados tópicos populares, que se han impuesto en la opinión pública, y sirven como excusa para no ir a votar.

La política no me afecta

Aunque no nos demos cuenta, la política lo impregna todo. Vivimos en un Estado de Derecho, en el que todo lo que podemos hacer y no hacer está delimitado por unas leyes, redactadas por nuestros representantes. Vivimos en un Estado Social, en el que el Estado presta la mayoría de servicios que utilizamos habitualmente: sanidad, educación, seguridad, pensiones… Vivimos en un Estado Democrático, en el que los ciudadanos elegimos a nuestros representantes, para que sean éstos los que diseñen e implementen las políticas públicas. Dado que la anarquía es una utopía, es inevitable contar con un Estado dirigido por políticos para poder asegurar la convivencia en paz y la prestación de unos servicios mínimos.

Por tanto, la política influye en mil y una cosas de nuestra vida cotidiana, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, sin que podamos escapar de su influencia. Participar en la política, ya sea mediante la implicación en un partido o mediante las urnas, es decidir sobre cómo queremos que sea nuestra vida. Votar es importante, sea al partido que sea. Y todos aquellos que no se sienten representados siempre tienen la oportunidad de crear su propio partido, u optar por otros métodos de participación, como las manifestaciones, el asociacionismo, el consumo electoral, la huelga, etc. No hay excusa, ni por los medios, ni por la finalidad: como ciudadanos, tenemos el deber moral de participar.

Todos los políticos son iguales

Es cierto que las diferencias entre izquierda y derecha se han ido difuminando en las últimas décadas: después de la caída del socialismo real, los principios sobre los que se sustentan las democracias liberales, y sus sistemas económicos mixtos, se han acabado imponiendo, casi como dogmas de fe. En este contexto, las políticas de izquierda y derecha tienden a converger en ideas interclasistas, aunque es indudable que las diferencias se mantienen. ‘No es lo mismo’, afirma uno de los lemas electorales del PSOE. Y es cierto: no hace falta más que comparar los ocho años de gobierno del Partido Popular con estos cuatro años de gobierno de los socialistas para apreciar claramente las enormes diferencias.071204nmarin.jpg

Pero, tratando de escapar de las críticas de parcialidad que seguramente se harán a este razonamiento, la verdad es que las diferencias entre las políticas de izquierda y derecha se pueden medir de forma empírica. Éste es precisamente el objetivo de iniciativas como el “Party Manifest Project” (dirigido por Ian Budge), que ha evaluado los programas electorales de 25 países diferentes durante las tres últimas décadas, aplicando un índice de categorías de izquierda y derecha. Como principales conclusiones, destacan el hecho de que, efectivamente, las diferencias entre partidos de izquierda y partidos de derecha se mantienen (pese a una cierta convergencia), y la fuerte correlación que existe entre los programas electorales y la estructura del gasto público que decide el partido que gana las elecciones (en otras palabras, que los programas electorales tienden a cumplirse).

Todos los políticos son unos corruptos

Para empezar, no todos los políticos son corruptos: de hecho, la mayoría no lo son. Como pasa en todo, el problema es que una minoría de corruptos ha conseguido desprestigiar la clase política en general. Pese al repunte de los casos de corrupción en estos últimos años, especialmente en temas urbanísticos, lo cierto es los grandes escándalos políticos (como aquellos de principios de los 90) se suceden cada vez con menos frecuencia. Palabras como ‘prevaricación’, ‘malversación de fondos’, ‘tráfico de influencias’, etc., cada vez copan menos páginas en los periódicos, en parte gracias al autocontrol que los políticos han ido implementando: muchos están ahora obligados a declarar su patrimonio antes y después de ocupar un cargo público, el transfuguismo se ha declarado casi unánimemente como reprochable, y los partidos suelen expulsar a aquellos políticos acusados de algún delito.

Lo que resulta más curioso de todo es que, pese a que muchos ciudadanos consideran a los políticos corruptos, especialmente a nivel municipal, siguen votándoles una y otra vez. En vez de castigarles electoralmente, como ocurrió con el PSOE a principios de los 90, les mantienen en el poder. Quizás debamos buscar la causa en las redes clientelares que se establecen en muchos pueblos. Quizás deberíamos buscarla también en los apoyos económicos y mediáticos que reciben muchos de los encausados por la corrupción. Y es que algo está claro: no hay político corrupto sin un empresario detrás que le ofrezca un ‘maletín’.

Es más, como plantea el brillante politólogo Mariano Torcal, cuando señalamos con nuestro dedo acusador a los políticos, olvidamos que el resto de la sociedad también es corrupta: ¿quién no conoce a alguien que estafe, aunque sea una pequeña cantidad, a Hacienda? ¿quién no ha escuchado alguna vez historia sobre manipulaciones intencionadas en los recuentos electorales, aunque no afecten al resultado final? ¿quién no ha tenido noticias de alguien que haya cometido un delito? Si los políticos son representativos de la sociedad, no debería sorprendernos tanto que se den casos así. Esto no justifica en ningún caso un comportamiento delictivo, por supuesto, pero sí debería inducirnos a una reflexión sobre la corrupción en general, no únicamente de los políticos.

Los políticos gozan de privilegios: elevados sueldos, inmunidad jurídica…

Los salarios de los diputados del Congreso son públicos, y se pueden consultar, lo cual nos permite establecer comparaciones con el sueldo de sus homólogos europeos (por ejemplo, los británicos). Así, comprobaremos que el sueldo de un diputado español es bastante inferior a la media europea, y al salario que podrían obtener si trabajasen en una empresa privada. Pese a que estoy seguro de que mi opinión no será muy popular, creo que el salario de nuestros representantes debería ser más elevado, porque así se reducirían los incentivos que llevan a los mejores intelectuales a acabar en empresas privadas, donde cobran más, y también porque así existirían menos incentivos a compensar la falta de poder adquisitivo con ’subvenciones’ provenientes de manos no muy limpias.

Por otra parte, la inmunidad jurídica no implica impunidad: los diputados deben actuar como tales con la máxima libertad de expresión, sin miedo a que de sus palabras o actos en sede parlamentaria puedan derivarse responsabilidades jurídicas. Sin embargo, esto no les exime de poder comparecer ante la justicia si cometen un delito y, además, les puede ser retirada la inmunidad si así lo consideran las Cortes. Por tanto, no se trata un de privilegio sin límites para el político: el mayor grado de libertad se justifica únicamente cuando actúa buscando el interés público.

En conclusión…

Votar es más que importante, es imprescindible. La participación es el elemento estructurador de un sistema democrático, sin el cual pierde todo sentido. No valen excusas faltas de razón como las que acabo de mencionar: los políticos no son una clase social superior, separada de la sociedad, en búsqueda de su beneficio privado, sino que son también ciudadanos, como nosotros, que deciden dedicar parte de su vida a defender el interés público. El próximo domingo todos estamos llamados a votar. Y debemos hacerlo. No importan las siglas, lo que importa es participar. Porque es la participación lo que nos hace ciudadanos.

Seguir leyendo » · Escrito el: 06-March-2008 · · 5 comentarios »

Tensión demoscópica

Al hilo de la serie de sondeos que se han ido difundiendo en estos últimos días, y que presentan un panorama electoral bastante incierto (tanto por la variedad de resultados presentados, como por el escaso margen de diferencia PP-PSOE que presentan la mayoría de ellos), hay varias preguntas que, como observadores de la actualidad política, nos podemos formular.

¿Están manipuladas las encuestas?

“Manipular” quizás no sería la palabra adecuada, pero sí es cierto que los resultados de las encuestas pueden variar en función de los diferentes criterios que aplique la empresa que realice la encuesta, sin necesidad de ‘mentir’ en los resultados. Así, la decisión sobre el diseño del cuestionario de preguntas (orden, codificación, enunciado…), sobre la elección de la muestra y sobre la ‘cocina’ de los datos en bruto (cálculo de los escaños en función del porcentaje de voto, por ejemplo), puede afectar en un sentido o en otro.

Precisamente esta última fase de toda encuesta ha sido objeto de crítica en estos últimos días: la sospechosa diferencia entre los datos de intención de voto y la estimación de voto de la encuesta pre-electoral del CIS ha generado más de una acusación de manipulación. Es cierto que son datos que sorprenden, pero si los contrastamos con la pregunta de recuerdo de voto en las elecciones de 2004 podemos comprobar como pueden ser perfectamente plausibles. Por tanto, la pregunta que nos deberíamos hacer sería: ¿por qué la encuesta muestra un recuerdo de voto tan bajo al PP? ¿está mal escogida la muestra? ¿hay voto oculto al PP? ¿pero no habíamos quedado en que el voto oculto era el del PSOE?

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a = recuerdo de voto en elecciones anteriores
b = intención directa de voto
c = intención de voto + simpatía
d = resultados electorales (% sobre censo)
FUENTE: Encuestas pre-electorales del CIS

¿La perspectiva de unas elecciones ajustadas beneficia al PSOE?

Las polémicas palabras de Zapatero al término de su entrevista en Cuatro demuestran que en Ferraz están preocupados por una posible falta de movilización de los votantes de izquierda, y opinan que una mayor expectativa de cambio podría disparar la participación, tal y como ocurrió en 1993, 1996 o 2004. El argumento es sencillo: ante la perspectiva de un giro a la derecha, los votantes ‘exquisitos’ de izquierda, mucho más ‘infieles’ y volátiles podrían inclinar su voto hacia los socialistas, en vez de hacia IU o la abstención crítica.

Pero no todo es tan sencillo: tal y como comentan en La Moqueta Verde, los datos en las últimas encuestas parecen desdibujar un poco el panorama, ya que en esta ocasión el incremento de la abstención puede deberse a la desmovilización del centro. Un centro que, como vimos anteriormente, ya de por sí participa menos, que se encuentra más próximo ideológicamente al PSOE que al PP y que, ante una campaña de confrontación, puede hartarse y optar finalmente por la abstención. Así que mucho cuidado.

¿Qué nos dicen las encuestas sobre el ‘voto económico’?

Como ya comenté, en mi opinión, la importancia de la economía en estas elecciones dependerá de dos factores: el grado de responsabilidad del gobierno en la mala marcha de la economía y la valoración sobre una hipotética gestión económica de la oposición. Pues bien, sobre este asunto algunas de las encuestas muestran datos muy preocupantes para Zapatero: por ejemplo, según el CIS, tan solo el 17,4% de los españoles consideran buena o muy buena su política económica (un 60% la considera regular, mala o muy mala), y un 24,4% creen que los populares lo hubieran hecho mejor (un 26,5% piensa lo contrario y un 31,4% piensa lo mismo). Otro ejemplo: según La Vanguardia, los ciudadanos creen que ante problemas como la crisis económica o la inflación, el PP está más capacitado que el PSOE para solucionarlos (diferencias de 4 puntos).

Son datos preocupantes, pero que debemos poner en perspectiva: aún así, la mayoría de votantes socialistas siguen respaldando la gestión económica de Zapatero, y únicamente un 9,5% opina que el PP lo hubiera hecho mejor. Eso sí, si distinguimos por ideologías, el centro parece darle la espalda a Zapatero, aunque por la mínima.

Y para acabar…

Es curioso: las encuestas muestran que el voto se concentrará en más de un 80% en los dos principales partidos y, sin embargo, parece que ninguno de los dos se quedará cerca de la mayoría absoluta. En un país donde la cultura del pacto es escasa, ¿cómo puede afectar esto a la estabilidad gubernamental? ¿Es posible, como algunos se han atrevido a predecir, un pacto PP-PSOE, a imitación del pacto SPD-CDU alemán? ¿Perdonarían los votantes de ambos partidos una alianza así?

Seguir leyendo » · Escrito el: 17-February-2008 · · 6 comentarios »

La batalla por el centro

El País publica hoy un más que recomendable artículo del politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca, al respecto del manido dogma electoral que afirma que “las elecciones se ganan por el centro“. Según el autor, el centro, más que una ideología, sería un espacio de competición electoral poblado por ciudadanos de muy diferentes facciones ideológicas: liberales, conservadores, socialdemócratas y otros grupos menores. Este grupo de ciudadanos - que, según las encuestas, representa el 20% - tendría en común que, en la decisión de votar, pesan más los factores coyunturales (liderazgo, división interna de los partidos, confianza de los candidatos, situación económica…) que los factores identitarios (ideología e identificación partidista) y socioestructurales (clase social, nivel educativo, edad…). Además, como resultado de esta carencia de una ideología o unos principios integradores, tienden a tener opiniones divergentes sobre los principales issues de la agenda mediática, sin un esquema coherente que guíe dichas opiniones.

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En consecuencia - y este aspecto es el que más relevante puede resultar para los partidos -, los votantes de centro son mucho más volátiles que los que tienen una ideología definida y, por tanto, son los que pueden decantar la balanza electoral hacia un lado u otro. Esta idea, complementada con una visión dinámica de la escala ideológica, nos pueden servir para tratar de dar explicación a las estrategias de campaña de los dos principales partidos de cara a las elecciones del 9-M, especialmente en lo que concierten a los diferentes temas a que están dando prioridad y, dentro de ellos, a los elementos que más se enfatizan.

2245772405_e15ab0fded.jpgEn primer lugar, el PP: según Sánchez-Cuenca, su principal estrategia a lo largo de la legislatura habría sido desgastar la imagen del Presidente, manteniendo elevado el nivel de crispación, y con una movilización continua de su electorado. En lo que llevamos de campaña - y todo parece indicar que seguirá así - el PP ha mantenido este perfil alto, con una fuerte presencia mediática. Por temas, el issue central es claramente la economía: Rajoy pretende emular aquel “It’s the economy, stupid!” pronunciado por un joven Clinton contra un George Bush padre lastrado por la derrota de la Guerra del Golfo. El mensaje principal de los populares es demostrar que ellos “tienen las ideas claras”: mientras que Zapatero se ha centrado durante esta legislatura en temas ‘irrelevantes’, a ellos lo que les importa de verdad es la economía real, la de los ciudadanos que no pueden llegar a final de mes. Para ello, Rajoy ha incluído en su programa un paquete de medidas estrella (que se pone a recitar memorísticamente en cuanto tiene oportunidad), ha ‘fichado’ al ‘brillante economista’ Pizarro, y utiliza los ocho años de ‘buena gestión económica’ de Aznar como aval de sus propuestas.

La estrategia en sí es buena, no voy a negarlo. Después de cuatro años con una labor de oposición patética, ya era hora de que se centraran en lo que de verdad importa. El problema es que toda esta palabrería apesta a populismo barato, y que puede ser contraargumentada bien fácilmente: contra Pizarro, Zapatero tiene a Solbes; en medidas estrella, los socialistas también van sobrados; y si es por gestión económica, si por algo se han caracterizado estos cuatro años ha sido por unos indicadores macroeconómicos muy superiores a los de la “era Rato”. Esto no quiere decir, claro está, que el mensaje del PP pueda calar hondo en este electorado de centro que venimos comentando, especialmente cuando la respuesta del Gobierno ante la inminente desaceleración económica está siendo bastante tibia. El voto económico no ha sido, por lo general, demasiado relevante en España (más que como refuerzo de otros indicadores); veremos de aquí al 9M si esta tendencia se mantiene.

000000117422.jpgPor otra parte: el PSOE. Si hay algo que une a los electores de izquierda de este país es su rechazo al PP. Los socialistas lo saben, y parte de su campaña se está centrando en lanzar un mensaje de unidad contra la posibilidad de que vuelva a gobernar la derecha, muy similar al de las elecciones de 1993. Prueba de ellos son las ‘matriuskas’ de los socialistas catalanes, la campaña de déscredito de Manuel Pizarro, la identificación del extremismo de los obispos y la extrema derecha con el extremismo del PP, el caso Severo Ochoa, las declaraciones de Dimas Cuevas y, sobre todo, el énfasis en la defenestración de Gallardón como muestra del escoramiento de los populares hacia la derecha. Se trata, por tanto, de una campaña con un triple objetivo: tratar de desplazar la imagen del PP hacia la derecha, lejos del centro político; presentar al PSOE como un partido de centro-izquierda, pero respetuoso y tolerante con todas las opiniones; y forzar la unidad de los votantes de izquierda en contra de la ‘hecatombe’ que supondría un nuevo gobierno popular.

Sin embargo, en mi opinión, este tipo de campaña, también de alto perfil y de confrontación, le puede salir cara al PSOE, por varios motivos. En primer lugar, Zapatero necesita una fuerte participación (más del 71%, dicen algunos) para tener posibilidades de ganar, y una campaña de desgaste genera descontento y abstencionismo. En segundo lugar, la guerra abierta del PSOE contra la gerontocracia eclesiástica roba espacio a la que debería ser su principal guerra: la de las ideas y los hechos. Cada declaración crítica con la Iglesia es una declaración menos de alabanza de los éxitos socialistas durante esta legislatura. Y recordemos que entre estos éxitos no se encuentra precisamente la promoción del laicismo, sino todo lo contrario. En tercer lugar, el PSOE corre el riesgo de que se intercambien los roles políticos de estos últimos años: los socialistas pueden pasar de víctimas de la crispación a generadores de confrontación, mientras que los populares pueden pasar de ser oposición destructiva a máquinas de propuestas con apoyo ciudadano. Así, volviendo de nuevo al tema del centro ideológico, los roles que desempeñe cada actor y, sobre todo, su percepción por parte de los ciudadanos, puede tener una especial influencia en este nicho de votantes.

En conclusión: la principal batalla del 9M será la batalla por el centro, sí, pero el PSOE tiene también abierto otro importante frente por la izquierda, donde se sitúan sus votantes menos fieles, pero no por ello más prescindibles. Zapatero tiene un mes para convencer a ambos de que sus “motivos para creer” son más fuertes que sus “motivos para llorar“.

Seguir leyendo » · Escrito el: 07-February-2008 · · 2 comentarios »