Cierre de campaña (I): Barcelona
Sprint final de la campaña: ayer Zapatero se hizo acompañar, en el Palau Sant Jordi, de la plana mayor del socialismo catalán, y de un viejo amigo, Felipe González, para impulsar la candidatura socialista, a falta de únicamente tres días para las elecciones. Fue un míting histórico, apoteósico: hacía décadas que no se conseguía tanta asistencia a un acto político en Catalunya. Muchos de los presentes incluso hacían alusión al míting de 1993, en este mismo escenario, que consiguió llenar también el olímpico Sant Jordi hasta la bandera.
Desde el inicio, era difícil contener la emoción: un espectáculo de luz y color, con miles de banderas ondeando al ritmo de Queen, hacía casi imposible no rendirse a la euforia socialista. Rosa María Sardà fue la encargada de presentar el acto, en el que el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, fue el encargado de dar la bienvenida a todos los presentes, recuperando la misma ilusión que hizo de Barcelona ciudad olímpica, y que ahora la hace fuerte como ciudad, lista para encarar los retos del futuro.
José Montilla, a continuación, fue el encargado de insistir en todos los mensajes clave de la campaña socialista: la mirada con optimismo hacia el futuro, el énfasis en la importancia de ir a votar el domingo para conseguir la mayoría social y de progreso que Catalunya y España necesitan, y para evitar que vuelvan las nubes negras de los ocho años de gobierno del Partido Popular, remarcando, como vienen haciendo desde hace semanas, que ‘no es lo mismo’ Zapatero que Rajoy.
Pero sería Carme Chacón, después de un optimista ‘Happy Day’ interpretado por un coro de gospel la que daría la buena noticia a todos los asistentes, confirmando lo que ya se notaba en el ambiente: el Palau Sant Jordi estaba lleno a rebosar. 35.000 personas dentro, y más de 5.000 que se habían quedado fuera, y estaban siguiendo el acto desde una sala anexa. El míting con más asistentes de los últimos treinta años en Catalunya. A partir de este momento, la emoción guió un discurso lleno de reivindicaciones al trabajo bien hecho por el Gobierno de Zapatero. Un discurso en el que, por cierto, no faltó la broma: Carme se autoproclamó como ‘la niña de Felipe‘, esa niña que tenía 11 años cuando González llegó al poder, y que se educó y creció en los 13 años de gobierno socialista.
Felipe cogió el guante y comenzó su intervención bromeando sobre el tema de la famosa niña, que tantas páginas de diario está llenando estos últimos días de campaña. Después de un improvisado ‘cumpleaños feliz‘, entonado por todos los asistentes, Felipe consiguió encandilarnos con un discurso lleno de alabanzas al proyecto de Zapatero (’Lo habéis hecho bien, pero no lo habéis sabido explicar’) y de críticas al no saber perder de los populares. No defraudó: el ex-presidente sabe cómo meterse al público en el bolsillo, y lo demostró como nunca, con su oratoria profunda e intelectual, pero didáctica y amena. Para acabar, vuelve a insistir en su condición de ciudadano, y pide el voto, como tal, para el actual Presidente.
Cuando sale a escena Zapatero, el Sant Jordi cae rendido a sus pies: una marea de banderas del PSC y de Catalunya se mueven al ritmo del himno socialista, en una apoteosis casi hipnótica, demostrando la fuerza de la movilización. La emoción es máxima: en el ambiente se respira una victoria apabullante el domingo. Y Zapatero refuerza esta idea desde el primer momento, con un ‘vamos a ganar‘. Hace cuatro años, en este mismo escenario, sería cuando pronunciara el famoso ‘Apoyaré…’. Esta vez, sin embargo, su compromiso es más sencillo de cumplir: afirma que devolverá Catalunya a un lugar privilegiado de España, el de motor económico, el de respeto a todas las culturas y sentimientos. Porque, según sus palabras, ‘la idea de España no tiene propiedad intelectual’. Unos minutos después de las 9, en la conexión en directo de los ‘Telediarios’, llegan las ideas clave de sus discursos, que el auditorio aplaude a rabiar: la defensa de un proyecto basado en la convivencia, en el desarrollo económico, en la justicia social, y no en la mentira, la crítica destructiva o el enfrentamiento entre banderas, que es lo que representa el Partido Popular.
El míting acaba haciendo honor a la idea de la Catalunya optimista. Pese a las encuestas de estos últimos días, Zapatero lo tiene muy claro: ‘Vamos a ganar, vamos a conseguir una mayoría amplia‘. Barcelona ha caído rendida a los pies del socialismo. La movilización es máxima, pero hace falta transformarla en votos el domingo.
Hoy, Barcelona. Mañana, Madrid.
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