CiU: A la derecha de la izquierda

Siempre me ha llamado bastante la atención el hecho de que en Catalunya y en España, los partidos ‘a la derecha de la izquierda’ muestran normalmente bastantes reparos a la hora de auto-definirse como ‘de derechas’. Quizás por la herencia que el franquismo ha dejado en nuestro vocabulario político (en el que el término ‘derecha’, para algunos, tiene ciertas connotaciones negativas) o quizás porque de verdad no lo son, la cuestión es que formaciones políticas como el Partido Popular, Convergència i Unió o el Partido Nacionalista Vasco han optado normalmente por otras fórmulas a la hora de ubicarse en el eje ideológico: conservadores, centristas (o centro-derechistas), convergentes, liberales… Por tanto, una cuestión que nos podemos plantear sería: ¿son estos partidos realmente de ‘derecha’? En el caso del PP, creo que no hay dudas a la hora de ubicarlo a la derecha (más adelante apoyaré esta afirmación con datos) pero, ¿y en el caso de CiU? ¿Podemos clasificar a la coalición en el grupo de los partidos de derecha, junto a los populares?

Antes de continuar, creo que son necesarias un par de aclaraciones. La primera es terminológica: ¿qué entendemos por ‘derecha’ e ‘izquierda’? Definiciones las hay a centenares, aunque, en mi opinión, la que utiliza la mayoría de ciudadanos es la que asigna a partidos de izquierda la defensa de valores e ideas como la igualdad de oportunidades, la tolerancia, la participación, la necesidad de justicia social, la apuesta por un Estado garantista y protector, etc; y a partidos de derecha principios como el de una autoridad fuerte, el mérito, el trabajo, la fe en el mercado, la idoneidad de un Estado mínimo y poco regulador, etc. En el caso de CiU, hemos de tener presentes dos apreciaciones más. Por un lado, no podemos olvidar que se trata de una coalición de dos partidos, con perfiles ideológicos algo diferentes. No obstante, en este artículo, los trataré como uno solo, dado que los ciudadanos, cuando votan, votan a los dos, porque presentan un programa único a las elecciones y porque a la hora de ubicarlo ideológicamente, los votantes ya tienen en cuenta estos dos perfiles diferentes. Además, en segundo lugar, la presencia en Catalunya de un segundo eje de conflicto político (el territorial), puede difuminar la visión que los ciudadanos tengan de este partido porque, en términos generales, existe un leve solapamiento entre ambos (la izquierda tiende a ser más ‘descentralizadora’ que la derecha, al menos en el caso español) y, además, algunos ciudadanos que den prioridad al eje territorial a la hora de emitir su voto, pese a ser de izquierdas, pueden tratar de acomodar su voto con su ideología, ubicando al partido más a la izquierda de lo que realmente está.

Dicho esto, intentemos responder con datos a la pregunta que formulaba al principio. Una primera forma de verlo sería a partir de los datos qué nos indican en qué punto del eje ideológico sitúan los ciudadanos a la coalición (recordemos que el 1 es izquierda y el 10 derecha y que, por tanto, el ‘centro’ es el 5,5). En el siguiente gráfico se recoge esta cifra durante las últimas seis citas electorales (los datos corresponden a las encuestas post-electorales del CIS excepto para 2008, en que he utilizado la pre-electoral).

Gráfico 1: Evolución ubicación ideológica partidos según ciudadanos

Fuente: Post-electoral CIS 2004
(CiU* se refiere únicamente a los votantes de la coalición)

Como vemos, la ubicación media de CiU ha ido variando en función de las elecciones (en los dos primeros casos, seguramente debido al bajo número de observaciones de la muestra), pero en general se ha mantenido en la horquilla 5,5-6,5, estabilizándose en los últimos 12 años un poco por encima del 6. Si comparamos estos datos con los del PSOE (centro-izquierda) o PP (derecha), la coalición se ha mantenido bastante equidistante respecto los dos otros partidos, con lo cual podríamos ubicarla sin miedo a equivocarnos claramente en el centro-derecha ideológico. Resulta bastante curioso comprobar como, además, los votantes de CiU (representados como CiU*) adjudican al partido una posición más centrada que el resto de votantes (quizás por lo que comentábamos antes del cambio en la ‘percepción’ como consecuencia del ‘hecho’).

Una segunda forma de estudiar el tema a partir de datos de encuesta partiría de la metodología utilizaba por Pablo Fernández en este artículo de La Moqueta, y consistiría en ver la ubicación de CiU en el espectro ideológico en función de la propia ubicación de los votantes en dicho eje. El reducido tamaño de la muestra resta valor estadístico al gráfico que podemos ver bajo estas líneas, pero en cierto modo se intuye que puede ocurrir algo muy parecido a lo que Lluís Orriols definía como ‘efecto V’, en el caso del Partido Popular, aunque en este caso no tan pronunciado. Sería interesante comprobar a partir de una muestra más amplia si efectivamente es así o no. Lo dejamos para próximos artículos.

Gráfico 2: Ubicación CiU en función de la ideología del encuestado

Fuente: post-electoral 2004 CIS

Una crítica evidente a estos gráficos es que se basan únicamente en percepciones subjetivas de los ciudadanos, algo que es cierto. Una manera de superar este problema (incurriendo en otros, pero eso es ya otra historia) es utilizar los datos del Comparative Manifest Project que, como ya expliqué brevemente hace un tiempo, ha analizado durante más de 30 años los programas electorales de los partidos políticos de casi 25 países, ubicándolos a la derecha o a la izquierda en función de una clasificación de -100 (izqda.) a 100 (dcha.). La clasificación, a la que se llega tras la aplicación de un programa informático, tiene en cuenta la presencia en el texto de determinadas cadenas de palabras, que se ordenan bajo diferentes categorías (economía planificada o de mercado, bienestar, paz internacional…) a las que posteriormente se adjudican diferentes valores.

En el caso español, creo que existen datos para prácticamente todo el período democrático, aunque lamentablemente de los que yo dispongo llegan únicamente a 1996. En el gráfico siguiente podemos ver los referidos al PSOE, PP e CiU.

Gráfico 3: Evolución ideológica por partidos

Fuente: CPM

Hay varios aspectos que podemos comentar de estos datos. En primer lugar, llama bastante la atención la ‘deriva’ hacia la izquierda de los tres partidos en 1989, algo que se mantiene durante las siguientes elecciones. Sería interesante pensar por qué, si es un problema de los datos o si efectivamente los tres partidos adoptaron un discurso mucho más progresista en dichos comicios. Por tratar de imaginar alguna explicación, podríamos pensar que los socialistas intentaron competir por la izquierda con IU, despreocupándose del centro, que el PP buscó con un discurso menos conservador. En este ‘viaje al centro’, además, le acompañaría la coalición catalanista, que se mantiene un programa relativamente cercano al del PP, al menos en términos ideológicos. A la vista de los datos, parece que la diferencia que perciben los votantes entre ambos partidos es superior a la que sus programas electorales indican.

Respondiendo a la pregunta que planteaba al inicio, ¿es CiU un partido de ‘derechas’? Sí. Por un lado, los ciudadanos lo ubican en el espectro ideológico en el centro-derecha y, aunque sus votantes tengan una imagen más ‘centrada’ de la coalición, siguen ubicándola por encima del 5,5. Por otro, al analizar los datos del CPM, pese a clasificar el programa del partido como ‘de izquierdas’, la relatividad del eje ideológico en función del país que estemos analizando nos obliga a compararlo con otros partidos para llegar a una respuesta. Y el hecho de que no esté demasiado lejos del Partido Popular parece indicarnos que CiU se ubica más a la derecha de los que los ciudadanos encuestados opinan. Así ha quedado refrendado también en la poco científica pero sin duda interesante encuesta que lancé hace una semana, en la que, de un total de 14 votos, tan sólo tres se decantaron por la opción ‘centro’, mientras que la mayoría optó por el ‘centro-derecha’ (6) o la ‘derecha’ a secas (4).

Seguir leyendo » · Escrito el: 22-April-2008 · · 10 comentarios »

Asuntos interiores

23 días para las elecciones, y los ánimos no podrían estar más caldeados. Además de temas como la clase socioeconómica, la ideología o la valoración de los líderes, no podemos olvidar que otra de las cuestiones que más valoran los ciudadanos a la hora de decidir su voto es la unidad interna de los partidos, quizás por una cuestión de estabilidad gubernamental, en caso de victoria, o quizás por evitar votar unas ideas que después no se demuestren las suyas. Sea como sea, los errores internos de los principales partidos políticos están centrando la actualidad política en las últimas horas. Tratemos de analizar por qué.

En el PSOE, aún se deben estar lamentando del error de Cuatro al difundir esas últimas palabras, ‘off-the-record’, de la entrevista de Zapatero. Es cierto que la famosa frase tampoco resulta sorprendente: la movilización de la izquierda es algo que todos vemos como necesario, tal y como comentó ayer el maestro Gabilondo. Sin embargo, en el PP, bien recomendados por sus ’spin-doctors’, han conseguido darle la vuelta al razonamiento, para convertir a Zapatero en el crispador mayor. Cualquiera que haya seguido mínimamente la actualidad política durante esta legislatura no vería en esta afirmación más que otra de las idioteces de los populares, ¿pero cómo reaccionarán aquellos ciudadanos, cada vez más desinformados, al ver cómo trata Antena 3, por poner un ejemplo, la noticia?

Esta cuestión no tendría más relevancia si se quedara aquí, pero lo negativo del tema es que supone un síntoma más de un grave problema de fondo en la estrategia de campaña de los socialistas: su incapacidad para centrar la agenda mediática en aquellos temas que más les favorecen. No hay más que hacer un repaso mental de los issues más destacados de estos últimos 15 días para darse cuenta de ello: inmigración, delincuencia, economía… Todos ellos temas tradicionales de la derecha, en los que a priori parte con ventaja. Aún no deben haber sonado las alarmas en Ferraz, pero viendo temas como éste, y con zapatero_rajoy_debate.jpgunas encuestas que no acaban de rechazar la idea del empate técnico, y unos debates que pueden ser decisivos… mi recomendación sería ser cautos y, ante todo, evitar por todos los medios que errores así se vuelvan a repetir.

Por parte del PP, los temas internos también están tomando especial importancia, aunque me temo que por otras cuestiones. Para empezar, la lucha Gallardón-Aguirre, se mantiene, pese a los esfuerzos del partido por soterrar el enfrentamiento. En función de como evolucione la cuestión, este tema puede suponer una importante sangría de votos para Rajoy. Sin embargo, esta sangría podría quedarse en nada comparada con lo que podría suponer una gran derrota en los debates. No podemos olvidar que Zapatero lleva todas las de ganar: tiene lo que los expertos llaman ‘telegenia’, sabe manejar mejor las entrevistas (tal y como pudimos comprobar la semana pasada con Gabilondo, o ayer con Buenafuente) y, lo más importante, tiene mucho a reprochar a Rajoy y poco a reprocharse a sí mismo. Prueba de ello es que, según muchos, Zapatero ha ganado todos los debates de esta legislatura.

Es este motivo lo que me hace inclinarme a pensar que la decisión de aceptar finalmente el debate ha sido una decisión del propio Rajoy, con la oposición de la mayoría de sus asesores y miembros del partido. Sólo así se entiende la actitud de los populares durante toda la negociación, que nos llevó a muchos a pensar que finalmente nos quedaríamos sin debate. Sinceramente, pese a que obviamente prefiero que se celebren los debates, mi recomendación al PP hubiera sido mantenerse firmes y bloquear esta posibilidad. Por cierto, falta por conocerse el nombre del moderador, aunque mi apuesta personal es por un doblete, 15 años después, de Manuel Campo Vidal.

Cambiemos de partido: ayer más de uno nos sobresaltamos con la noticia de la operación de Durán i Lleida. Ya llevábamos un par de días con rumores sobre su mal estado de salud (¿baja tensión? ¿gastroenteritis?), y la cuestión es que aún no se ha confirmado del todo que era exactamente lo que le sucedía (se ha dicho incluso que podría ser cáncer de pulmón). En cualquier caso, personalmente no me acabo de creer a aquellos que afirman que en 10 días volverá a participar en actividades del partido. Lo que está claro es que este asunto tendrá impacto sobre la campaña de la coalición y, aunque mis palabras pueden sonar políticamente incorrectas, me da la sensación de que esto beneficiará sus expectativas electorales. ¿Por qué? Por un lado, potenciará la aparición en escena del resto de líderes del partido (ayer mismo Jordi Pujol se vió obligado a sustituirle en una entrevista). Por el otro, supondrá desvincular la candidatura del escoramiento a la derecha que Durán le había conferido, después de su asistencia a actos como la famosa misa por la ‘familia nuclear’, hace unas semanas. Y tampoco olvidemos que le restará protagonismo a Unió para concedérselo a Convergència, algo de especial relevancia si CiU aspira a ‘robarle’ votos a ERC.

Y, efectivamente, el traspaso de votos es algo que ocurrirá, en mayor o menor medida, porque la debacle electoral de los republicanos puede ser de una magnitud que nadie espera. Al fuerte debate interno que aún se mantiene en el seno del partido, debemos añadir los problemas de financiación que están sufriendo (que ya arrastraban desde hace tiempo, y que se manifestará en estas elecciones en que sólo podrán hacer campaña en capitales de comarca), o la pésima campaña (al menos en mi opinión) que han preparado para estas elecciones. Con su mayor activo electoral, Carod-Rovira, de gira por el mundo; con un PP que intenta moderarse en su catalanofobia (véase por ejemplo las declaraciones de Esperanza Aguirre en Lleida); y con una gestión de gobierno bien poco independentista, está claro que sus expectativas han de resentirse. Veremos el 9M hasta qué punto.

Me reservo para el final un partido que arrastra problemas internos de forma crónica casi desde su fundación, en los años ochenta: Izquierda Unida. Después de las batallas internas por el control del partido, que ganó Llamazares, ahora se le deben sumar sus problemas en la Comunidad Valenciana, donde la antigua coalición que llevó a Isaura Navarro al Congreso se ha desintegrado, con una sopa de letras de siglas de difícil comprensión para el común de los mortales. Lo que está claro es que, por matemática electoral, es casi imposible que por separado puedan conseguir algún escaño. Si a esto le sumamos su mal llevada campaña, tanto en internet como con sus carteles electorales, y el desgaste de su versión catalana, que es posible que Joan Herrera no consiga sortear, lo más probable es que IU tenga que soportar el 9M una nueva derrota.

Como se suele decir, en todas partes cuecen habas, y no iba a ser menos en el interior de los partidos. Lo que está por ver es cómo premian o castigan los ciudadanos estas vicisitudes en las próximas elecciones.

Seguir leyendo » · Escrito el: 15-February-2008 · · 3 comentarios »

Sin novedad en el frente

duran1peq.JPGAunque no tanto como Izquierda Unida, en estas elecciones Convergència i Unió también deberá luchar contra un bipartidismo cada vez menos imperfecto como el español. Lo tiene muy difícil la coalición para poder volver a alcanzar sus resultados de hace un par de legislaturas, y que lo convertían en prácticamente un ‘partido bisagra’ entre PP y PSOE. Aún así, parte con ventaja en el sentido en que sus últimos resultados fueron los peores de los últimos 20 años y, por tanto, tiene poco qué perder y mucho que ganar. Con respecto a sus posibles estrategias, en mi opinión, sus dirigentes deberán enfrentarse durante la próxima campaña electoral a un dilema de difícil solución: reforzar su perfil moderado y su capacidad para influir en la gestión de gobierno; o, por el contrario, continuar por el camino iniciado por Mas y su ‘dret a decidir’, tratando de captar parte del electorado descontento de ERC.

La primera de las opciones se basaría en su notable fuerza en el Congreso de los Diputados (seguramente volverán a ser la tercera fuerza política), y su importancia en el probable caso de que ninguno de los dos partidos principales obtuvieran la mayoría absoluta. Si ya en la legislatura anterior, PSOE y CIU sumaban 174 escaños; en esta legislatura, casi todos los sondeos indican que podrían superar el límite de los 176 escaños. Sin embargo, esta estrategia comporta un riesgo añadido: es bien conocido el fenómeno del voto dual, que se da con mucha fuerza en Cataluña (un cierto porcentaje de votantes de CiU en las autonómicas pasan a votar PSOE en las generales). Un perfil moderado, y poco diferenciado de los dos principales partidos, podría fomentar esta dinámica. Y esto se podría acentuar aún más en el caso en que la coalición no aclarase desde un principio que no está dispuesta a pactar con el PP. A esto deberíamos añadir también que el PSC, su principal rival político en este aspecto, ha reforzado bastante su perfil catalanista en estos últimos meses, lo cual reduciría el rechazo de aquellos que votarían a Zapatero pero no votarían a Bono (votar PSC sería una garantía de que el gobierno socialista tendría también un perfil más federalista).

Una segunda posibilidad sería continuar por la senda iniciada por Artur Mas y su fundación de la “Casa gran del catalanisme”. Partiendo del hecho que es casi seguro que ERC perderá un mínimo de 2 escaños, CiU podría aspirar a captar esta parte del electorado que, de otra manera, seguramente pasaría al abstencionismo o al voto de partidos extraparlamentarios. En parte, me da la sensación que ésta es la estrategia prioritaria en CiU, algo que se puede comprobar en toda la campaña que está realizando como protesta por la crisis de infraestructuras en Catalunya. Sin embargo, creo que no será una opción exitosa. En primer lugar, no podemos olvidar que la “Casa Gran” no deja de ser un concepto bastante borroso, una apuesta sin mojarse por algo parecido a la autodeterminación y, en definitiva, poco más que un gesto electoralista. No estoy seguro de si este tipo de ideas son especialmente atractivas para el sector “crítico” de ERC, que precisamente quiere huir de la falta de contundencia en este sentido de los cargos del partido en el poder. Por otra parte, tampoco se nos debe escapar quién es el cabeza de lista de CiU al Congreso: Duran i Lleida; alguien que no se caracteriza precisamente por ser muy cercano al centro político (no olvidemos que, por ejemplo, votó en contra del matrimonio homosexual), y por tanto, no muy bien visto por ERC.

duran2peq.JPGPasando ahora a un análisis más cuantitativo, provincia por provincia, hay dos circunscripciones que deberían ser clave para CiU: Lleida i Barcelona. En la primera de ellas, la coalición se quedó en las últimas elecciones a tan solo 250 votos de obtener un escaño más. Aunque tampoco lo tendrá excesivamente fácil, porque tanto el PSC (que obtuvo unos buenos resultados en las últimas municpales) como el PP (que se quedó a pocos votos más, 370 exactamente, de obtener ese mismo escaño) serán duros competidores. Los sondeos publicados hasta la fecha (de El Mundo y Público) no le son muy favorables a CiU: el primero afirma que el último escaño caería en las filas del PP, mientras que el segundo cree que los socialistas lo mantendrían. Personalmente, me inclino (más por intuición que por otra cosa) por esta segunda posibilidad.

El segundo gran campo de batalla para CiU será Barcelona. El elevado tamaño de la circunscripción (31 representantes) facilita los cambios, y hemos de tener en cuenta también los resultados de las últimas elecciones: en las generales, los dos últimos escaños se los llevaron, respectivamente, PP y PSC; y en las municipales, CiU fue el partido que más mejoró sus resultados. Respecto a los resultados concretos, la coalición podría beneficiarse del casi seguro retroceso de ERC en un mínimo de un escaño. Las encuestas de nuevo difieren: Público presenta un resultado casi inverosímil (PSC subiría hasta 2 hasta 16, a costa de CiU y ERC), mientras que El Mundo dibuja un panorama con pocos cambios (tan solo un trasvase de un escaño del PSC a CiU). Desde mi punto de vista, es bastante probable que CiU gane este diputado, seguramente a costa de ERC, pero también creo que es posible que el PSC aumente su representación, en detrimento del PP.

En las otras dos circunscripciones, es mucho más difícil que se produzcan cambios de relevancia para CiU: en Girona se encuentra a unos 30.000 votos de conseguir un escaño más; y en Tarragona, a casi 50.000. Y también es difícil que pierda escaños: el último se atribuyó, respectivamente, a ERC (que seguramente lo perderá, a favor del PP), y a los populares (que mantendrán).

Como conclusión, el titular más importante es que no hay titulares. Y eso es una buena noticia para Duran i Lleida, bastante debilitado y contestado internamente, y con riesgo de quedar dañado en caso de empeorar los resultados de 2004. En mi opinión, esto es difícil que suceda, ya que seguramente conseguirá mantener sus 10 diputados o, en todo caso, aumentar hasta 11 con el de Barcelona. Veremos, también en este caso, si mis predicciones se cumplen.

PD: Las fotos son de Òscar Salcedo, futuro alto cargo de Convergència i Unió. ;)

Seguir leyendo » · Escrito el: 10-January-2008 · · 2 comentarios »