Corrupción y economía

Cuando escuchamos la palabra “corrupción”, inmediatamente nos vienen a la mente imágenes de líderes políticos (presidentes, ministros, alcaldes, concejales, secretarios generales…) que se aprovechan de los privilegios derivados de su cargo para enriquecerse a nivel personal, otorgar favores a familiares y amigos, debilitar a sus contricantes electorales, etc. Sin embargo, un estudio más detallado de esta patología – la corrupción política – nos indica que, pese a ser la que mayor repercusión mediática suele tener, no es ni de lejos la más frecuente en la mayoría de los sistemas políticos.

Y es que, en muchos países del mundo, lo más habitual a la hora de tratar con la administración pública es verse obligado a sobornar a los funcionarios (corrupción administrativa) para realizar cualquier tipo de trámite. De igual manera que también es relativamente frecuente, en el ámbito empresarial de algunos países, que la colusión entre compañías o la difusión selectiva de información privilegiada (corrupción empresarial) llegue a tal punto que sea imposible garantizar la libertad de mercado. Incluso la evasión fiscal, cuando se convierte en un elemento estructural del sistema político, puede llegar a ser considerada también un determinado tipo de corrupción (por así llamarla, la corrupción “ciudadana”). Cuando, desafortunadamente, estos cuatro tipos de corrupción se combinan en un único país, el sistema político sufre severas dificultades para mantenerse a flote, no ya únicamente a nivel político, sino también económico.

Sin embargo, pese a que este efecto negativo de la corrupción sobre la economía parece intuitivo y trivial, en la literatura sobre la cuestión han existido muchas voces discordantes con esta hipótesis. Se ha argumentado, por ejemplo, que la corrupción era la respuesta, desde el punto de vista de la teoría de la elección racional, a incongruencias entre las decisiones del gobierno y las presiones provenientes del mercado. Por así decirlo, la corrupción “engrasaría el mecanismo” de la toma de decisiones, aumentando su eficiencia desde un punto de vista estrictamente económico. Por ejemplo, el hecho de conseguir ilegalmente una licencia de obra para construir una refinería de petróleo en un terreno protegido podría aumentar el crecimiento en la zona. Otra hipótesis que se ha apuntado para “justificar” la necesidad de la corrupción es la relacionada con los sobornos a los funcionarios: como éstos realizarán de forma más rápida los trámites para los que han recibido una mayor suma de dinero, se ahorrará el tiempo de aquellas personas cuyo tiempo tiene un valor superior (porque serán las que mayor poder adquisitivo tendrán). Incluso se ha llegado a afirmar que la existencia de una fuente de ingresos “no oficial” para los funcionarios públicos puede ser beneficiosa, porque permite fijar salarios más bajos, de forma que el gobierno puede destinar estos recursos a otros usos “más productivos”. Por último, en el caso español, como ya comenté, tras las elecciones de 2007, un argumento recurrente en los ciudadanos que seguían apoyando a alcaldes corruptos era que “había mejorado mucho el pueblo en los últimos años”, “que había atraído la inversión de grandes empresas, generando así más puestos de trabajo” o incluso que “gracias a las prácticas corruptas, ahora tenemos un campo de fútbol en el pueblo”.

Estas hipótesis, que claramente tienen un propósito político detrás (justificar la corrupción), pueden ser fácilmente rebatidas de manera también teórica. Sin embargo, es igualmente interesante comprobar cómo la propia realidad económica de los diferentes países contradice estas ideas. Vamos a verlo con un par de ejemplos. En los siguientes gráficos de dispersión se muestra la correlación existente entre el nivel de corrupción en cada país (medido a través del Índice de Percepción de la Corrupción 2007, elaborado por la organización Transparencia Internacional) y dos variables de tipo socioeconómico: el logaritmo del PIB per càpita en 2007; y el Índice de Desarrollo Humano de la ONU en 2007 (que mide el bienestar a través de tres variables relativas a la educación, la esperanza de vida y la riqueza).

GRÁFICOS 1 y 2: log. de PIB per càpita 2007 (Y1) y Índice de Desarrollo Humano 2007 (Y2) según Índice de Percepción de la Corrupción 2007 (X)

Fuente de los datos: Fondo Monetario Internacional (PIBpc); Human Development Report 2007/08, UNPD (IDH); y Transparencia Internacional (IPC). *Escala del IPC: 0 (máxima corrupción) – 10 (mínima de corrupción).

Como ya se intuye en los gráficos, la correlación en ambos casos es muy fuerte y significativa: los países con mayor índice de corrupción tienen un menor PIB per cápita y un menor nivel de bienestar; en los países con menos corrupción existe un nivel más elevado de riqueza y bienestar. Y aunque alguno de estos indicadores (especialmente el relativo a la corrupción) presenta algunas deficiencias metodológicas, podemos otorgar una relativa fiabilidad a estos resultados.

Ahora bien, ¿podemos concluir de estos datos que es la corrupción lo que dificulta que estos países mejoren sus niveles de riqueza y bienestar? Es decir, ¿la corrupción causa pobreza o es la pobreza lo que facilita la corrupción? Es difícil responder a esta pregunta, aunque la respuesta más probable es que la relación sea recíproca. Por un lado, es cierto que prácticas como las que mencionaba en la introducción a esta entrada reducen las posibilidad de crecimiento económico de una sociedad. Por poner un par de ejemplos, la malversación de caudales públicos o la evasión fiscal pueden limitar los recursos que se destinan a gasto en infraestructuras. Sin embargo, por otra parte, también es verdad que en países que previamente ya eran pobres es más fácil que afloren este tipo de prácticas, dado que el Estado carece de suficientes medios como para luchar contra ellas de manera efectiva. En este sentido, es posible que incluso ambas variables estén influidas por una tercera, externa a ellas pero fuertemente relacionada: la calidad del diseño institucional, que puede generar incentivos a la corrupción y que puede determinar de igual manera el grado de riqueza y bienestar de una sociedad.

En cualquier caso, retomando el punto central de mi argumentación, lo que es evidente es que, al contrario de lo que algunos autores han argumentado, la corrupción de ninguna manera puede ser considerada como un mecanismo para impulsar el crecimiento económico. Las prácticas corruptas, tan tristemente frecuentes en nuestro país en el ámbito municipal, deben ser perseguidas y castigadas sin excepción. Y opino que desde los medios de comunicación sería muy importante también hacer un poco de pedagogía sobre las nefastas consecuencias a medio y largo plazo que la corrupción tiene no únicamente sobre la desafección política o la legitimidad de nuestra democracia (que también) sino de igual manera sobre el grado de riqueza o pobreza de nuestros pueblos y ciudades.

Seguir leyendo » · Escrito el: 08-July-08 · · 8 comentarios »

8 comentarios en “Corrupción y economía”

  1. Lluis escribió:

    Muy interesante!
    Es curioso ver como tus modelos tienen un problema claro de heterocdastidad (y eso que ya has logeado tus variables). Sería interesante saber por que la varianza de los errores es tan alta en el caso de baja corrupción y en cambio tan baja en el caso de alta corrupcion.

    En el primer gráfico quizas sugiere que la relación no es lineal: vamos, que es necesario un alto grado de corrupcion para que acabe afectando a la economía de un país. En cambio, corrupción de baja intensidad no tiene mayores costes para el desarrollo económico.

    10 July 2008 a las 16:40
  2. Alex Guerrero escribió:

    El problema es que sólo disponemos de datos sobre percepciones , que están muy denigrados por la academia. Estamos trabajando en un proyecto parecido sin demasiado éxito*. La corrupción es una de esas variables (como la violencia doméstica) donde los datos son poco representativos de la realidad, sólo son un proxy, porque las percepciones de la gente no necesariamente se ajustan perfectamente a la realidad todo el tiempo. Por ejemplo, la “sensación de que se evade muchos impuestos” puede caer simplemente por una buena campaña de márketing de la agencia tributaria y algunas medidas menores, sin que exista un efecto real en el nivel de evasión fiscal. Lo mismo sucede respecto a la sensación de que hay muchas o pocas “mordidas”. Por eso es muy frustrante pensar en políticas que reduzcan la corrupción.

    ¿Qué quiere decir que el desarrollo económico reduce la corrupción a efectos prácticos? ¿Un sistema de justicia más eficiente? ¿Prensa libre y con medios? ¿Ciudadanos capacitados e informados? ¿Funcionarios mejor pagados, o pagados suficientemente, y por tanto, menos corruptibles? Seguramente es una mezcla de muchos de estos factores y otros, interaccionando positivamente según aumenta el nivel de renta. Claro que igual la corrupción es tan lastrosa que es imposible crecer, o incluso mantener una democracia muy corrupta.

    * (aunque hemos encontrado una correlación interesante entre las políticas educativas exitosas y una posterior caida en la corrupción, que sugeriría que el incremento global de la capacidad de la gente para informarse e interesarse aumenta el control sobre los políticos).

    10 July 2008 a las 23:39
  3. Franesco escribió:

    ¿Para cuándo uno de tus acertados informes sobre la corrupción empresarial?

    Porque es increíble el nivel de los hoteles, restaurantes, vehículos con “manos libres” y pasajes en bussines que se gastan algunos a costa del salario de sus compañeros subordinados, cuando luego todos veranean en sitios similares cuando de pagar con la propia tarjeta se trata…

    11 July 2008 a las 0:08
  4. Geógrafo Subjetivo escribió:

    La corrupción crea pobreza porque aumenta los costes y además puede que por ella se rechacen las opciones más ventajosas.

    Dice Alex Guerrero que estos informes se basan en percepciones. La verdad es que en buena parte si, pero hay aspectos más objetivos. Estuve estudiando el relativo a la Justicia y hay preguntas como “¿ha pagado usted soborno a jueces el último año?” que no tienen nada de percepción subjetiva.

    11 July 2008 a las 21:52
  5. Pablo B. escribió:

    Gracias por vuestros comentarios, siempre tan interesantes.

    Lluis, es cierto que el problema de heterocedasticidad es bastante evidente, especialmente en el segundo modelo. Intuyo que lo más probable es que se deba al hecho de no considerar otras muchas variables que sin duda afectan al crecimiento económico (Alex ha citado varias de ellas), y a que los datos del IPC son por lo general bastante deficientes (de nuevo Alex lo explica a la perfección).

    Estas deficiencias se han intentado solucionar, en el caso de los datos de Transparencia Internacional, limitando las encuestas únicamente a expertos, y agregando datos de diferentes muestras. Aún así, yo creo que hay un sesgo “a la baja” bastante evidente: los expertos que mejor conozcan la corrupción seguramente estarán implicados en ella (lo cual les supone un incentivo para restarle importancia), y los que no la conozcan tan de cerca no podrán medir su verdadero alcance. En cualquier caso, el hecho de que estos datos abarquen un período temporal relativamente largo, y a la práctica totalidad de países, pienso que le dan un valor empírico considerable.

    Ha habido, por cierto, varios intentos de “calcular” el nivel de corrupción a partir de datos objetivos. Geógrafo cita una manera de tratar de obtener datos más específicos a través de encuesta, que es cierto que se utiliza cada vez con más frecuencia. A nivel más agregado, creo recordar que Miriam Golden escribió hace poco un artículo en el que estimaba el nivel de corrupción a partir de la diferencia entre el gasto público en infraestructuras y el valor monetario de lo que “realmente” se construyó. En fin, no no sé hasta qué punto puede ser más fiable su indicador, pero de nuevo, al ser de lo poco que hay sobre esta cuestión, es bastante interesante.

    Franesco, la verdad es que es muy importante el tema que propones, aunque no sé si soy el más adecuado para hablar sobre él, porque los temas sobre los que he estado investigando estos meses se limitan, por el momento, al ámbito de la corrupción política, sobre la que seguiré escribiendo en próximas entradas.

    15 July 2008 a las 21:19
  6. elLoco escribió:

    En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.

    Me parece realmente curioso que alguien piense que la corrupción es un motor de engrase en una economía saludable. Puede que en economías disfuncionales sirva de algo pero realmente alguien se cree que “utilización de las funciones y medios de organizaciones públicas en provecho, económico o de otra índole” por parte de sus gestores no tiene elevadísimo precio económica a largo plazo.
    Como bien se apuntaba si la carreteras se hacen de 2 carriles por que se quedan con la pasta de los otros 2, cual creéis que es el impacto económico en el transporte de mercancías, turismo, etc. Más cuando el dinero “extra” se utiliza para el bien individual no el colectivo, es decir se genera menos riqueza con el mismo gasto por eso el país no evoluciona o evoluciona más lentamente.

    Afirmaciones como “se ahorrará el tiempo de aquellas personas cuyo tiempo tiene un valor superior” me parecen que son propias de la forma de pensar de un mafioso, o un narcotraficante, y está claro que estos son lo que más necesitan de los servicios corruptos de la administración y más poder adquisitivo tienen.

    17 July 2008 a las 14:28
  7. Alex Guerrero escribió:

    El Banco Mundial tiene diversos estudios que no puedo citar de memoria pero he leido, al estilo de el de Golden, que calculaban la diferencia entre inversión en infrastructuras (carreteras rurales) y coste efectivo de estas. Claro que calcular el coste de la corrupción en ese programa (financiar carreteras rurales en Indonesia) requeria una cantidad de información tan increible, que no creo que sea replicable a gran escala. Incluía no sólo los precios de los materiales de construcción a nivel regional/zona, el salario medio en la zona, el precio de los arquitectos y jefes de obra, la “calidad” de la carretera cada 2 kilómetros (con extracciones del asfalto y su estudio a lo largo de decenas de kilómetros), y otras decenas de variables que, todas juntas, permitían calcular el coste real (y no a ojo de buen cubero) de esas infrastructuras.

    Tarea casi imposible. No entro ya a valorar la incapacidad técnica y humana de los tribunales de cuentas, agencias inspectoras y contralorías generales en evaluar si toda nuestra administración está siendo eficaz y eficiente, y no están habiendo casos de corrupción en todas partes…

    Al final más que una capacidad potente de “controlar” todo cuanto pasa en la administración, creo que lo que de verdad reduce la corrupción es el control recíproco de los propios implicados, y como nadie está a “salvo” en su posición para corromperse y que otros miembros de la administración, sea por integridad o por envídia, tomen venganza y denuncien esos casos.

    28 July 2008 a las 23:46
  8. becario en moncloa » La corrupción aumenta en España… ¿o no? escribió:

    [...] es que hemos de tomar estos datos con muchísima cautela. Como discutíamos en los comentarios de esta entrada, en la que utilizaba el IPC para comentar la relación entre desarrollo económico y corrupción, [...]

    28 September 2008 a las 21:09