Ganar en las urnas y (aún más) en las encuestas

Retomando el análisis de la Encuesta Post-Electoral del CIS, hay una cuestión sobre la que me gustaría reflexionar. Es ya bien conocida la sobreestimación que estas encuestas vienen realizando del porcentaje de votos del partido ganador y del la proporción de ciudadanos que votaron, pero en este caso concreto las diferencias son las más altas en mucho tiempo: en porcentaje sobre el censo, otorga al PSOE un 40% (el real fue del 32%), al PP un 24% (el real fue del 29%) y al abstencionismo 13% (el real fue el 26%).

Esto nos obliga a plantearnos dos cuestiones ineludibles: ¿por qué tanta diferencia? y ¿afectan estas sobreestimaciones a las conclusiones que podamos extraer de estos datos? En esta entrada intentaré lanzar algunas hipótesis sobre este tema, apoyándome en un par de artículos, bastante interesantes, referidos al caso norteamericano: “Sure, I voted for the winner!“, de L. Rae (1999), sobre la sobreestimación del voto al nominado en las primarias en las encuestas postelectorales del ANES; y “Winning at the polls and in the polls” (cuyo título he tomado “prestado”), de F. Mattei (1998), sobre la sobrerrepresentación de la ventaja de los congresistas “incumbents” en estas mismas encuestas.

En primer lugar, y antes de comenzar a formular posibles hipótesis, vamos a comparar los datos de las encuestas post-electorales del CIS con los resultados reales (en ambos casos, sobre el total de la muestra/censo). Como podemos comprobar en la tabla, con la única excepción de 1996, las encuestas tienden a sobreestimar el porcentaje de votantes del partido ganador en las elecciones y a infrarrepresentar el porcentaje de votantes del perdedor. En términos de participación electoral, la diferencia entre los datos de la encuesta y los datos reales arrojan una diferencia relativamente estable, alrededor de los 10-12 puntos.


Fuente de los datos: Encuestas Post-Electorales del CIS 1989-2008 (datos de la encuesta sobre el total de la muestra) y Ministerio del Interior (porcentajes sobre el total del censo).

Se trata, por tanto, de diferencias que en prácticamente todos los casos superan el margen de error de la encuesta y que, en consecuencia, podrían restar valor a las conclusiones que podamos extraer de su análisis. Ahora bien, ¿por qué tanta diferencia? Sin conocer a fondo el funcionamiento interno de estas encuestas, y de modo puramente especulativo, se me ocurren seis posibles hipótesis, muchas de ellas interrelacionadas:

1. Hipótesis de un mal diseño del cuestionario: elementos tan aparentemente insignificantes como el tipo de pregunta (abierta, cerrada…), su enunciado concreto o su posición en el cuestionario podrían tener un gran impacto sobre la tasa de respuesta o si ésta es coherente con la realidad.

2. Hipótesis de la falta de cobertura: como consecuencia de un mal diseño de la muestra, es posible que determinados grupos de población quedaran infrarrepresentados en ella.

3. Hipótesis de la “espiral de silencio: es posible que los votantes del partido perdedor tengan una menor inclinación a mostrar el verdadero sentido de su voto debido a que el resultado de las elecciones no concuerda con sus preferencias. Siguiendo más estrictamente los argumentos de Noelle-Neuman, en estos casos la opinión mayoritaria de los ciudadanos adquiere una posición hegemónica en el debate público, resultando casi imposible escapar de ella para mostrar una visión contraria.

4. Hipótesis del “votante no sofisticado”: es frecuente que muchos ciudadanos, como resultado de su reducido interés por la política, retengan poca información sobre las elecciones en su memoria. Si la encuesta, como es el caso de las del CIS, se realiza varias semanas después del día de los comicios, muchos de ellos “no recuerdan” a quién votaron o ni siquiera si fueron a votar.

Como resultado, su respuesta no se basa en el “recuerdo de voto”, sino en una reconstrucción de los factores que tuvo en cuenta a la hora de votar (sería algo muy cercano, en definitiva, a su “intención de voto” en el momento de la encuesta). Dado que la percepción de estos factores cambia a lo largo del tiempo, y que después de las elecciones suele tener lugar un crecimiento en popularidad del ganador (efecto “bandwagon”), en detrimento del partido perdedor (que en este caso ha coincidido además con una crisis interna), la consecuencia de todo ello es que los encuestados podrían afirmar haber votado al PSOE cuando en realidad votaron al PP o se abstuvieron.

5. Hipótesis de la menor tasa de respuesta entre los perdedores: otra posibilidad a considerar es que la muestra infrarrepresente a los votantes del partido perdedor por la simple razón de que éstos evitarán responder una encuesta sobre cuestiones electorales, como resultado de su “decepción” con el contexto político resultante de los comicios. Lo mismo ocurriría en el caso de los abstencionistas que, por tener un menor interés por la política, también estarán menos dispuestos a responder a un cuestionario de este tipo.

6. Hipótesis del “efecto Hawthorne: uno de los problemas derivados de las encuestas tipo panel (como parece ser la encuesta post-electoral de 2008) es que los encuestados podrían tener un incentivo adicional para informarse más sobre política o para participar, a sabiendas que posteriormente serán preguntados sobre su comportamiento.

Cada una de estas hipótesis tiene diferentes implicaciones y diferentes grados de verosimilitud para el caso español, que no comentaré con más profundidad para no alargar en exceso esta entrada. En todo caso, ¿cuál de ellas podría explicar mejor las diferencias entre los datos de la encuesta y los resultados reales? Habría que contrastarlo empíricamente (seguramente no sería demasiado complejo), pero a priori la tercera y cuarta hipótesis son las que parecen tener mayor relevancia para explicar lo relativo al partido ganador y perdedor, mientras que la segunda y quinta se ajustarían más a la infrarrepresentación de los abstencionistas.

Por último, una pregunta obligada es: ¿podemos dar por buenas las conclusiones a las que lleguemos mediante la utilización de esta encuesta? Desde mi poca experiencia en el manejo de modelos estadísticos, mi opinión es que depende de muchos factores. Por ejemplo, de si este “desajuste” entre realidad y encuesta se distribuye uniformemente entre los diferentes grupos sociales o, por el contrario, se concentra en alguno de ellos. Me explico: si los votantes “reales” del PP que respondieron en la encuesta que votaron al PSOE son precisamente aquellos más sensibles a los factores coyunturales y menos “anclados” al voto de un partido concreto y, por tanto, los que varían su voto de una elección a otra, es evidente que el hecho de “clasificarlos” mal dificulta nuestro entendimiento sobre por qué votaron en realidad al PP. De igual manera, si los abstencionistas incluidos en la muestra no son representativos del total de abstencionistas “reales”, resulta arriesgado hacer inferencias sobre, por ejemplo, qué características sociodemográficas favorecen la abstención.

Esto no quiere decir, para concluir, que debamos desechar directamente la posibilidad de utilizar este tipo de fuentes de datos. Desafortunadamente, un problema muy común en las ciencias sociales es esta “sombra de duda” que pende sobre la mayoría de estudios que, por definición, no pueden ser experimentales. Estos márgenes de error, sin embargo, no son tan importantes cuando una investigación se sustenta en un buen esquema teórico, cuando la metodología a seguir es rigurosa y objetiva, y cuando las hipótesis están bien planteadas. Aún así, creo que es importante reflexionar sobre la calidad de los datos de que disponemos antes de ponernos a trabajar más a fondo con ellos.

Seguir leyendo » · Escrito el: 15-July-08 · · 2 comentarios »

2 comentarios en “Ganar en las urnas y (aún más) en las encuestas”

  1. elLoco escribió:

    Creo que es más sencillo que todo esto, te arrojo otra teoría:

    En España, especialmente en la mayoría de las televisiones, ser de derechas está mal visto.

    Esto provoca que una parte de los votantes del PP y de los indecisos prefieran no reconocerlo abiertamente y por eso el PSOE salga sobrevalorado sistemáticamente.

    Según los datos que presentas el PSOE ha sido sobrevalorado en casi todas las ocasiones, justo lo contrario que el PP que ha sido infravalorado en todas casi todas.

    Además si examinamos los datos de sobrevaloración el PP solo ha sido sobrevalorado una vez por un 3% mientras que el PSOE hasta en un 8% cuatro veces.

    Bueno, esta es mi teoría y experiencia personal.

    17 July 2008 a las 14:11
  2. Buscando votantes populares « Geografía Subjetiva escribió:

    [...] Martes, 29 Julio 2008 por Geógrafo Subjetivo La última encuesta postelectoral del CIS ha dado que hablar en la “Blogosfera política” debido a la poca relación entre los resultados de las Elecciones Generales del 9 de marzo y el voto confesado en esta encuesta. En “La Moqueta Verde” han hablado de “luna de miel” entre el electorado y el vencedor electoral, mientras que Becario en Moncloa ha puesto en la mesa un debate más amplio con un etiología más plural la que a…. [...]

    29 July 2008 a las 3:13