El Senado español y sus paradojas

Pese a los esfuerzos del Gobierno de Zapatero para revitalizarlo, lo cierto es que el Senado sigue siendo una de las instituciones más desconocidas por el ciudadano medio. Concebida en su origen con el propósito de convertirla en una cámara de representación territorial, al estilo del Bundesrat alemán, ya desde su configuración legal en la Constitución parecía condenada al olvido. Debido a sus limitadas competencias legislativas (que la degradan al nivel de mera “cámara de corrección gramatical”), a su complejo sistema electoral (que la mayoría de votantes no entienden) y al progresivo abandono que ha sufrido por parte de los partidos políticos (relegándolo al papel de “cementerio de elefantes políticos”), el Senado de nuestro país ha perdido todo protagonismo en la vida política, a la espera de una reforma que nunca acaba de llegar.

Sin embargo, en clave electoral, hay varios elementos relacionados con el Senado que, aunque sea a nivel puramente anecdótico, me parecen interesantes. El primero de ellos es el referente a los resultados de los comicios de 2008 en los que, como en 2004, se dio la paradoja de que el partido más votado no se convirtió en el partido con más senadores. Como vemos en la tabla bajo estas líneas, el PP fue el partido que mayor número de senadores obtuvo (101), pese a tener menos votos que la suma de PSOE y ENTESA (coalición PSC-ERC-ICV en Catalunya)[1]. Si contabilizamos además los senadores designados por las Comunidades Autónomas, la ventaja del PP sobre el PSOE aumenta aún más, hasta los 8 senadores[2].

Tabla 1: Resultados elecciones 2008 al Senado

Fuente: datos del Ministerio del Interior y del Senado, en www.senado.es

La segunda paradoja es que, como vemos, los partidos nacionalistas y regionalistas tienen una menor representación en el Senado que en el Congreso, pese a ser ésta primera la “cámara territorial”. Así, es curioso comprobar cómo también en este caso se repiten los dos sesgos a que hacíamos referencia al hablar sobre el sistema electoral para elegir el Congreso de los Diputados: el sesgo mayoritario (los dos partidos grandes obtienen un mayor porcentaje de senadores que de votos) y el sesgo conservador (debido al “peculiar” prorrateo electoral y a la distribución geográfica de los votantes de cada partido, el PP – antes UCD – sale muy beneficiado en el reparto de los escaños).

Y una tercera paradoja es la relativa al número de candidatos que los partidos deciden presentar en cada circunscripción. La ley electoral permite presentar, en principio, tantos candidatos como escaños a ocupar (en las circunscripciones peninsulares, cuatro), para que los votantes luego decidan (votando un máximo de 3 nombres) cuáles prefieren. En la práctica, sin embargo, la mayoría de partidos optan por presentar únicamente tantos candidatos como votos tienen los ciudadanos (es decir, 3), para evitar la dispersión de los votos entre los miembros de la lista.

Pero, ¿es ésta una decisión racional? Lo cierto es que no siempre: cuando el partido más votado en una circunscripción supera por un amplio margen de votos a su contrincante, un uso “estratégico” de la posibilidad de presentar hasta 4 candidatos podría ser especialmente beneficioso. Vamos a verlo con un ejemplo algo extremo, pero real: los resultados de las elecciones al Senado por la provincia de Barcelona en las pasadas elecciones.

Tabla 2: Resultados elecciones 2008 al Senado (Barcelona)

Fuente: datos del Ministerio del Interior (en cursiva los senadores electos).

Como se puede apreciar en la tabla 2, la coalición Entesa Catalana de Progrés (formada por PSC, ERC e ICV) obtuvo 3 de los 4 senadores, con un total de votos que duplicaba de sobra el apoyo electoral del segundo partido, CiU, que obtuvo el otro senador. Imaginemos ahora por un momento que la coalición hubiera decidido presentar un nombre más (uno conocido, como por ejemplo el de la diputada Lourdes Muñoz). Y pongamos por caso que los votantes, por una afortunada casualidad o por una súbita claridad mental (como la que ocurre en el “Ensayo sobre la lucidez” de Saramago), redistribuyen sus votos a partes iguales entre los cuatro candidatos, tal y como se refleja en la tabla 3. En síntesis, lo que ocurriría sería que los votantes de la Entesa (1.360.000, aprox.) se dividirían en 4 partes iguales (de 340.000 votantes), con un perfil de preferencias diferentes. Por ejemplo, el votante “tipo II” votaría por Arqué, Guillot y Muñoz.

Tabla 3: Resultados elecciones hipotéticas al Senado (Barcelona)

En consecuencia, en estas “condiciones óptimas”, la Entesa conseguiría los 4 senadores de la circunscripción (la quinta candidata más votada sería Candini, con poco más de 600.000 sufragios). Y la cuestión es que, lejos de tratarse de un caso aislado, un rápido vistazo a los resultados en el resto de provincias catalanas (tabla 4) arroja una curiosa conclusión: si la coalición hubiera jugado bien sus cartas, y los electores se hubieran coordinado adecuadamente, la Entesa Catalana de Progrés hubiera podido obtener todos los senadores catalanes.

Tabla 4: Resultados elecciones 2008 al Senado

Está claro que es más fácil verlo una vez pasadas las elecciones que antes de ellas, cuando existe un claro riesgo de que la jugada salga mal y se acaben perdiendo 2 de los 3 senadores. Pero en aquellas provincias en que un partido obtiene una abultada mayoría (Murcia, Sevilla, Ávila, Salamanca, Huelva, Jaén, Segovia…), no sé hasta qué punto sería descabellada la idea de presentar como ‘número 4′ de la lista a una persona relativamente conocida por el público, que fuera capaz de atraer votos (y a ser posible, con un apellido que empiece por una letra “de las últimas”), para intentar maximizar el número de senadores de cada partido.

En fin, ésta no deja ser una de tantas otras curiosidades relacionadas con esta segunda cámara política en nuestro país, de la que tan poco se suele hablar. Para quien le interese el tema, Alberto Penadés e Ignacio Urquizu han publicado al respecto varios artículos y monografías muy interesantes, que han servido de inspiración para esta entrada.

[1] Tomo como referencia los votos al Congreso de PP y la suma de PSOE, ERC e ICV. Es evidente que estas cifras son diferentes de las de votos al Senado, pero los estudios sobre este tema han demostrado que la amplia mayoría de los ciudadanos suele votar lo mismo en ambas papeletas. En cualquier caso, independientemente de las cantidades exactas, es más que evidente que el PP obtuvo menos votos pero más senadores que el PSOE + Entesa.
[2] PP = 101 senadores de elección directa + 24 de designación autonómica (se incluye un independiente de UPN). PSOE = 86 senadores de elección directa (PSOE) + 10 senadores de elección directa (dentro de la Entesa) + 2 senadores independientes de elección directa + 19 senadores de designación autonómica (se incluye un independiente del PSM). En total, PP = 125; PSOE = 117.

Seguir leyendo » · Escrito el: 17-July-08 · · 3 comentarios »

3 comentarios en “El Senado español y sus paradojas”

  1. Geógrafo Subjetivo escribió:

    Una curiosa idea la del cuarto senador “de extrangis”, pero en el fondo daría igual, porque el Senado no sirve absolutamente para nada, de hecho Felipe González gobernó en su última legislatura con un Senado con mayoría absoluta del PP (si no me confundo). Mi propuesta no es reformarlo, es eliminarlo: http://geografosubjetivo.wordpress.com/2008/04/19/extinguir-el-senado/

    18 July 2008 a las 0:14
  2. Xavier escribió:

    Ei Pablo. He tornat a actualitzar el bloc i de pas l’he modernitzat i canviat de web. Ara és http://www.xafebloc.blogspot.com.

    03 August 2008 a las 23:32
  3. Anonymous escribió:

    Si el problema, como argumenta “geógrafo subjetivo” es la representatividad del senado, la opción de eliminarlo no arregla el motivo por el cual existe. Y parece que todo el mundo cree que debe existir. El tema es para qué sirve y para qué materias debe servir.
    Lo ideal, y digo ideal porque en la España del café para todos esto será imposible, es que sea una verdadera cámara de representación territorial. Y para ello debe haber representación de los parlamentos autonómicos. En un estado federal la representación no deriva del pueblo sino de los entes federales. Para ello, cada autonomía debería llevar por ejemplo 2 representantes: uno del gobierno autonómico y otro del principal partido de la oposición. Y además el voto debería ser único, nada de CiU votando una cosa y PSC otra. Eso garantizaría que al cámara fuera de verdadera representación territorial.
    Otra cosa es para qué usarla. Lo ideal de nuevo sería que sólo interviniera en leyes orgánicas, incluidos presupeustos y en materias compartidas con las CCAA.
    La opción de un consejo autonómico sin capacidad legislativa, además de ya existir pero usarse muy poco (apenas 1 vez hasta 2004), no abandona el modelo centralista/regionalista de derivación del estado.
    Mientras las CCAA no sean consideradas también estado no se puede hablar de federalismo ni de pseudofederalismo como he leído en algunos sitios.
    Saludos,
    Andreu Orte
    Ex-profesor UPF
    Consultor UOC

    12 August 2008 a las 9:17