Diferencias

Seguir leyendo » · Escrito el: 29-June-2007 · · Comments Off

La obligación de votar

Anteayer por la noche, en el programa “La nit al dia”, presentado por la periodista Mònica Terribas en TV3, pudimos disfrutar de una interesante entrevista a Josep Maria Colomer, uno de los politólogos con más prestigio internacional que tenemos actualmente en nuestro país, en la que comentaron la propuesta que un grupo de expertos liderados por él mismo había hecho llegar al Parlament de Catalunya. Entre los múltiples temas que se tocaron durante el programa, fue inevitable acabar comentando el descenso de la participación política en España, tanto a nivel general como electoral, y qué soluciones podrían tomar los políticos para acabar con el problema, que pone en jaque el funcionamiento de la democracia. Y lo que planteó el politólogo es una medida que ya comenté aquí en su día: el voto obligatorio. Sobre esta posibilidad, son tres las cuestiones que deberíamos responder: ¿sería conveniente hacerlo? ¿cómo se podría establecer? y ¿la normativa española lo permitiría?

Desde un punto de vista normativo, el razonamiento que justificaría la necesidad de recurrir a esta medida está claro: como ciudadanos y miembros de una comunidad, no vivimos como células aisladas, sino que estamos en una constante interacción con aquellos que nos rodean, y es gracias a esta interacción que podemos sobrevivir. Dejando de lado consideraciones sobre la antropología del ser humano, lo cierto es que, fruto de las necesidades de coordinación entre una sociedad cada vez mayor, es necesario establecer unas normas, en las que se impongan una serie de derechos – pero también de obligaciones – a todo aquel que quiere vivir en esa sociedad. Y, de forma paralela a como todos disfrutamos de derechos humanos y políticos como la vida, la salud, la educación, la libertad ideológica, de expresión y de conciencia, etc., también nos vemos sujetos a una serie de obligaciones: respetar el imperio de la ley, cumplir con nuestras obligaciones tributarias, participar en la vida política y jurídica (a través de los jurados populares o en las mesas electorales, por ejemplo), etc. Mi opinión en este sentido es que, igual que es nuestro deber pagar impuestos, también lo debería ser ir a votar: un estado no se puede mantener sin impuestos de la misma forma que tampoco se puede mantener sin la legitimidad que le otorgaría un respaldo mayoritario en las urnas al gobierno (ya sea de un solo partido o de coalición; sobre el total de la ciudadanía). Así pues, esta razón ya es suficientemente fuerte por si sola para justificar la imposición de esta medida.

Ha sido éste el argumento utilizado en los 32 países que en la actualidad obligan a sus ciudadanos a votar para imponer este sistema. Sin embargo, las diferencias entre los distintos sistemas son bastante notables, y nos dan una serie de pistas sobre qué diferentes modelos podríamos aplicar en nuestro país. El primero de ellos, inspirado en los casos de Argentina o Austria (hasta 1992) implicaría únicamente introducir el voto como un derecho irrenunciable y, por tanto, como una obligación, pero sin ningún tipo de medida punitiva para asegurar su cumplimiento. El segundo vincularía el hecho de votar o no con el acceso a diferentes derechos o servicios públicos o privados: en Bélgica, quien no vota de forma repetida pierde definitivamente su derecho al sufragio; en Perú o Grecia, los no votantes no tienen acceso a los servicios producidos en oficinas públicas (por ejemplo, no podrían iniciar una empresa). Por último, una medida extrema para asegurar el voto de los ciudadanos sería castigar el incumplimiento de esta obligación con medidas sancionadoras, de tipo meramente económico (en Australia, la multa oscila entre los 20 y los 100 dólares) o incluso penales (no aplicadas, por el momento, en ninguna democracia). Personalmente, me inclinaría por un sistema como el segundo: por ejemplo, los que no votaran, no tendrían derecho a recibir una beca o subvención estatal, ni a tener desgravaciones en sus declaraciones de la renta, ni a poder recibir descuentos por familia numerosa, etc.

Obviamente, esta medida también presenta muchos inconvenientes: por ejemplo, podría incrementar el ‘voto al azar’ y el voto nulo, podría favorecer a los partidos de extrema derecha y extrema izquierda, con mensajes populistas, podría aumentar el rechazo a la democracia como sistema, etc. Sin embargo, lo más importante sería que la imposición del voto podría entenderse como una infracción de los derechos básicos de ciudadanía que, por definición, no son irrenunciables. Así, igual que, aunque tengamos libertad religiosa, no tenemos por qué profesar una religión; el hecho de tener derecho a votar no implica, desde un punto de vista legal, la obligación de ir a las urnas. Y es así como está establecido en nuestra Constitución: a diferencia de los derechos humanos (derecho a la vida, a la libertad, a la intimidad, al honor, a la tutela judicial efectiva, etc), que son irrenunciables, el derecho al voto es un derecho político, igual que el derecho a participar en partidos políticos, el derecho de manifestación, el derecho de petición, el derecho al sufragio pasivo, etc. Así, por tanto, de acuerdo a nuestro ordenamiento jurídico actual, no se puede imponer la obligación de votar, por más que desde el punto de vista normativo nos parezca adecuado. En conclusión, si existiera una voluntad política de imponer esta medida, sería necesario reformar la Constitución y, posteriormente, la Ley de Régimen Electoral General.

Hemos visto, en definitiva, como desde el punto de vista normativo sería adecuado imponer la obligatoriedad del voto, como una obligación ciudadana similar a la de pagar impuestos; hemos comprobado también como este sistema es utilizado en muchos y muy variados países en el mundo (en un total de 32, con ejemplos tan cercanos como Bélgica, Grecia, Argentina, y Holanda hasta 1970); y hemos detallado como, si bien esta medida chocaría con nuestro ordenamiento jurídico, bastaría una reforma constitucional para poder llevarla a cabo. Faltaría ahora, por tanto, únicamente la voluntad política real y efectiva de acabar con la abstención. Si es que existe, claro, algo que podríamos dudar. Porque, al fin y al cabo, ¿a quién beneficia la baja participación?

Para acabar, un dato (Anduiza y Bosch, 2005): antes de 1970, con voto obligatorio, la abstención en Holanda oscilaba en torno al 5%. Después de esta fecha, en el momento en que los holandeses no están obligados por ley a acudir a las urnas, la abstención aumentó hasta el 21%.

Más información | Wikipedia

Seguir leyendo » · Escrito el: 28-June-2007 · · 2 comentarios »

Tendencias en la relación entre medios y política

En las democracias contemporáneas, los medios de comunicación desempeñan un papel fundamental en tanto en cuanto actúan como intermediarios entre ciudadanos y representantes: por un lado, permiten a los votantes informarse sobre la actuación de su gobierno; por otro, les dan la posibilidad a los políticos de tomar el pulso a la opinión pública. En las últimas décadas, con la expansión de las formas de comunicación, tanto por la introducción de la televisión en la vida cotidiana de los ciudadanos, como por la aparición de nuevas formas de comunicación, como internet o los teléfonos móviles, la importancia de los ‘mass media’ ha ido incrementándose aún más. Así, en la actualidad, todo el proceso político discurre de forma paralela al proceso comunicativo. Y es por ello que todo buen político debe ser un gran conocedor de este segundo tipo de procesos, pues es ésta la única manera de poder llegar al mayor número de votantes potenciales.

Pero, ¿qué transformaciones ha sufrido la política como consecuencia de esta expansión de los ‘mass media’? En primer lugar, en los últimos veinte años, tanto las campañas electorales como la vida política general ha sufrido un proceso de fuerte personalización. Pierden peso específico las ideologías e identidades partidistas, así como los programas electorales y la eficacia de los cuadros gobernantes de los partidos; mientras que factores como la imagen del candidato, su firme posición sobre Clinton Sopranoun tema concreto o su proximidad a los votantes ganan importancia a la hora de explicar el voto. Esta tendencia se acentúa con la televisión, que permite ‘recibir en casa’ a los políticos, dándoles una sensación de cercanía al ciudadano; pero alcanza su punto máximo con la incorporación de internet en nuestra vida cotidiana. De esta forma, los políticos juegan con la viralidad y con el contacto directo con sus votantes a través de sitios web como youtube, myspace, twitter o sus páginas personales. ¿Ejemplos? Los frecuentes ‘videocasts’ de Ségolène Royal en la campaña por las presidenciales francesas, o la brillante estrategia de Hillary Clinton, al protagonizar junto a su marido una pequeña parodia del final de la serie “Los Soprano”, que ha sido comentada ya por miles de blogs, canales de televisión y periódicos (una búsqueda en google refleja más de 900.000 referencias al video), consiguiendo una enorme difusión de forma totalmente gratuita.

Como vemos, la relación entre políticos y ciudadanos adquiere mayor complejidad: en un contexto de fuerte competencia entre candidatos, éstos deben afanarse por obtener la máxima repercusión posible. Y es precisamente este aspecto el que nos lleva a la segunda gran transformación: la profesionalización de la relación entre medios y candidatos. Esto implica que, en la actualidad, todo candidato con verdaderas aspiraciones debe dotarse de un buen gabinete de comunicación, formado por politólogos, periodistas, ‘spin doctors‘, etc. Este órgano asesor desarrollaría una doble función: por un lado, actuarían como filtro de la opinión pública, comentando al político aquellos aspectos de mayor relevancia para su actuación, y ampliando o explicando aquellos temas que le sean de mayor interés; por otro, se encargarían de gestionar las relaciones del candidato con la prensa, asesorándole sobre sus discursos, sobre cómo crear titulares y conseguir mayor cobertura mediática, y complementando la información que suministra a los medios, mediante la redacción de notas de prensa, dossiers o filtraciones.

Por último, en parte como consecuencia de las dos transformaciones anteriores, la política se caracteriza actualmente por su espectacularización. Factores como la posibilidad de complementar la información políticas con imágenes, la posibilidad de retransmitir en directo la campaña, o la inmediatez y ubicuidad informativa que permite internet, han fomentado la presentación de la campaña al espectador de los medios de comunicación como una pugna entre partidos, con un ganador y un perdedor, en la noche electoral. En este sentido, se prima la competitividad, el juego de la declaración y la contradeclaración, la propuesta y contrapropuesta, los aspectos curiosos y entretenidos de las campañas, y se rehuye del debate sobre políticas sectoriales o la confrontación de ideologías. Las encuestas juegan un papel primordial en esta lucha: reflejan el estado de la opinión pública, y adelantan quien va a ser el ganador y quién el perdedor, como si de una quiniela se tratara.

Y, por supuesto, la gran pregunta: ¿estas transformaciones enriquecen o empobrecen el funcionamiento de la democracia? Es cierto que parece existir una cierta correlación entre la personalización, profesionalizació y espectacularización de la política, y el proceso de erosión de la participación política y electoral en las democracias occidentales, durante el último cuarto de siglo. Pero, ¿existe una verdadera causalidad detrás de ello? ¿Podemos echarle la culpa a la televisión, por ejemplo, del incremento del abstencionismo? Mi opinión es que los medios de comunicación no pueden rehuir de su parte de responsabilidad, y no deberían presentar a los políticos como únicos culpables. A veces se olvida que, además de la función de entretener e informar, tanto televisión, radio, periódicos o blogs, deberían tener la función moral y cívica de formar a los ciudadanos en la cultura democrática. Así, todas estas transformaciones pueden ser positivas, si ayudan a acercar a los políticos al ciudadano de a pie, y consiguen despertar su interés por el proceso electoral, pero también puede tener como consecuencia añadida una desvirtuación de las diferencias ideológicas entre partidos, una pérdida de riqueza en el debate político y una mayor desafección y pérdida de eficacia subjetiva de los votantes en relación al proceso político. En cualquier caso, éste es un debate complejo, en el que se pueden plantear puntos de vista muy diversos. Ya tendremos tiempo más adelante de volver sobre el tema con detenimiento.

Seguir leyendo » · Escrito el: 26-June-2007 · · Comments Off

La soledad de Zapatero

Zapatero soledad

A nueve meses de las próximas elecciones, las cosas no le van nada bien al Presidente. Después de una primera parte de la legislatura brillante, tanto a nivel legislativo como diplomático, y con una opinión pública mayoritariamente a favor, el socialista afronta el camino hacia su posible reelección de una de las peores maneras posibles: prácticamente sin apoyos, sin grandes logros políticos en el horizonte que puedan mejorar su imagen pública, con el lastre de la ruptura del proceso de paz, y con un incipiente ‘síndrome de la Moncloa’, como el que ya sufrieron González y Aznar, y que consiste en el alejamiento de los problemas reales de la sociedad y en una obsesión por el ego y su imagen.

En primer lugar, en lo que respecta a los apoyos partidistas, la política dialogadora del primer momento, influenciada quizás por el intento de evitar otro gobierno popular, hace tiempo que quedó atrás. Así, el PSOE se encuentra a medio camino entre IU, para quien las reformas sociales han sido claramente insuficientes, y los nacionalistas catalanes. Por un lado, CiU recrimina al presidente su falta de lealtad al permitir que Montilla fuera President. Por otro, ERC se siente traicionada por la promesa incumplida de un Estatut de máximos. El único partido con el que el presidente mantiene aún cierta afinidad es el PNV, con el que ha ido de la mano en el proceso de paz, aunque esta alianza podría romperse ante un posible desplante de los socialistas navarros.

Pero su falta de apoyos no queda aquí: dentro de su propio partido, ya hay quien cuestiona la potestad del Presidente para dirigirles hacia la victoria. Se critica el poco acierto al elegir ‘sus’ candidatos (véase el caso de la estrepitosa derrota de Sebastián o la poca habilidad negociadora de López-Aguilar, que quedará en la oposición al no entenderse con Paulino Rivero, aún siendo la lista más votada). La corriente más cercana a Zapatero pierde posiciones en un partido en cuyo trasfondo hay políticos como Guerra, Bono, Chaves o Francisco Vázquez, que no se resignan a mantenerse apartados de la vida política de la capital. Y eso por no hablar de los que han criticado abiertamente alguna de las decisiones de Zapatero, como la eurodiputada Rosa Díez o el ex-President Maragall.

Otro de los aspectos que más llama la atención és la falta de apoyo público al Presidente, tanto por parte de los medios de comunicación (El País, más cercano a sus posiciones ideológicas, no duda en reprocharle sus errores cuando hace falta) como la cultura o determinados colectivos concretos (como los sindicatos, las agrupaciones de personas con dependencia, las asociaciones feministas, los pacifistas, las organizaciones pro-medio ambiente, etc) que han recibido con bastante tibieza todas aquellas políticas que les beneficiaban especialmente. Lo mismo ocurre con su imagen pública, que ha caído en picado en los últimos meses, en parte a causa de la eficacia de la estrategia de intoxicación de los populares y los medios del bunker.

Han sido precisamente estos medios los que se han encargado de vender la imagen de la derrota de Zapatero tras el proceso de paz. Una derrota que, por cierto, nunca ha existido. Zapatero tenía el derecho y la obligación de intentar dialogar y buscar una solución a un proceso de conflicto por la vía de la negociación. Primero las armas y luego la política. Y es lo que ha hecho. El único derrotado tras estos meses ha sido la banda terrorista ETA, que vuelve a las andadas, aún a pesar de ser consciente de que su fracaso es cada día más patente: nunca conseguirá nada por la vía de la violencia. Es en este marco en el que debemos entender determinadas decisiones de Zapatero en su día, como la no encarcelación de Otegui o el régimen de prisión atenuada para De Juana. No eran más que pasos para intentar allanar el camino hacia un nuevo proceso de paz, en la próxima legislatura. Un proceso, reitero, legítimo y necesario. Un proceso, sin embargo, que no se ha sabido vender a la opinión pública ni gestionar con el suficiente secreto.

¿Y qué nos deparan estos nueves meses restantes? A Zapatero, desde luego, nada bueno: una activitad legislativa de bajo perfil político (centrada en la protección del medio ambiente), una posible crisis inmobiliaria (y, en consecuencia, económica, dado que la construcción supone gran parte de nuestro crecimiento; las ‘nubes negras’ de Solbes), la eventual sentencia del Constitucional sobre el Estatut (de consecuencias imprevisibles), la vuelta de los atentados (o incluso secuestros) de ETA, la sentencia del juicio del 11M (que seguro que no gustará a los conspiranoicos), la negociación de los presupuestos para el 2008 (con ‘bronca’ asegurada, dado que los socialistas necesitarán un apoyo con el que ahora mismo no cuentan), y más temas que seguro van surgiendo.

Todo ello sin la posibilidad ya de adelantar las elecciones y ahorrarse trámites como el de los presupuestos o las sentencias, porque un adelanto ahora sería un triunfo de las tesis derrotistas del PP.

Y con un Presidente más solo que nunca.

Seguir leyendo » · Escrito el: 19-June-2007 · · 1 comentario »

Otro error de comunicación

Nuevo y grave fallo de comunicación del gabinete de Zapatero, al respecto de la entrevista fallida del Presidente en TVE ayer por la noche. Una entrevista anunciada durante toda la tarde, que fue preparada a conciencia por la cadena (que incluso iba a desplazar a Lorenzo Milá y Ana Blanco a la Moncloa), y que se iba a convertir en la primera desde el anuncio de ETA. Finalmente, por motivos de agenda, se anuló casi en el último momento. Curioso, por cierto, que la excusa fuera una reunión con la cúpula de Interior, cuando justo a esa misma hora Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro de la materia, respondía a las preguntas de Pedro Piqueras en Telecinco. En realidad, el motivo de la anulación parece que fue otro: Zapatero ya se había comprometido a acudir el jueves a Cuatro, para ser entrevistado por Iñaki Gabilondo, en lo que sería la primera entrevista televisada tras las elecciones. Y, obviamente, la entrevista planificada por TVE rompía este compromiso.

Ante esto, ya se han apresurado los medios del búnker a condenar esta actitud de Zapatero, acusándole de “servilismo” hacia los medios del grupo PRISA. Y, de nuevo, se equivocan: en mi opinión, esta decisión está totalmente justificada. Por dos motivos: el primero, y más importante, es que ETA no puede de ninguna manera marcar la agenda política y de los medios. La línea entre información y publicidad es difusa, sí, pero en este caso parece claro que no era necesario ofrecer una nueva entrevista, cuando ya había otra planificada para dentro de dos días. El segundo: si Zapatero se había comprometido a conceder la primera entrevista tras las elecciones a un medio concreto (en este caso ha sido Cuatro; pero mi opinión sería la misma si fuera cualquier otro), debe cumplir su palabra. Especialmente si este medio ya había contratado campañas de publicidad en prensa y había anunciado la entrevista desde hacía días. El hecho de conceder una nueva entrevista, por tanto, le generaría un perjuicio económico al canal. Y recordemos que Cuatro es una cadena privada y, como tal, sus intereses particulares deben ser respetados, excepto por motivos de interés general. Y en este caso no se daban, por los motivos expuestos en el primer punto.

Zapatero y Gabilondo

Lo que sí que es criticable es el fallo del gabinete de comunicación del Presidente, por el hecho de haber permitido que Zapatero aceptara otorgar esta entrevista a TVE, cuando ya tenía un compromiso con otra cadena. Otro fallo más, porque no es el primero. Desde el inicio de la legislatura, si este gobierno se ha caracterizado por algo no ha sido por sus errores (que los ha tenido, como es lógico y normal), sino por no haber sabido vender sus aciertos (que, por cierto, han sido muchos). Y en esto tienen tanta culpa los políticos en sí como sus respectivos gabinetes de prensa.

No consigo entender como avances sociales tan positivos para la sociedad española, y con un efecto tan directo en su vida, como la ley de igualdad de género, la ley de dependencia, la subida de las pensiones no contributivas, la reforma del código civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo género, la ley contra la violencia de género, la ley anti-tabaco y un largo etc.; no han sido publicitados debidamente. Tampoco comprendo cómo los españoles tienen una visión tan negativa de la economía española, según el barómetro del CIS, cuando en la actualidad la situación de nuestro país es mejor que la de los años en que “España iba bien“: más crecimiento económico, menos paro, menos déficit fiscal (aunque, como comenté, esto también puede ser negativo), mayor equilibrio de la balanza de pagos, menos inflación, etc.

Esperemos que, de aquí a lo queda de legislatura, se hable más de estos aciertos. Porque podrían ser los últimos de Zapatero en el gobierno.

Más reacciones | El Descodificador

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