¿Vuelve la crispación?

Al hilo del posible retorno del PP a la estrategia de la crispación, ayer en el programa “El Debate de CNN+”, que dirige y presenta el periodista José María Calleja, acudieron como invitados los politólogos José María Maravall e Ignacio Urquizu. Me parecieron particularmente interesantes sus intervenciones, así que las subo aquí para que todos aquellos que se perdieron el programa puedan disfrutar del (lamentablemente) poco frecuente lujo que supone ver una tertulia entre invitados que realmente saben de lo que están hablando.

La segunda y tercera parte, después del salto o en youtube.
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Seguir leyendo » · Escrito el: 18-December-2008 · · 10 comentarios »

Los efectos electorales de la campaña del 9M

Uno de los debates más interesantes, desde mi punto de vista, en el estudio de la ciencia política en general, y el comportamiento político en particular, es el relativo a los efectos de las campañas electorales. La gran pregunta es: ¿hasta qué punto importan las campañas? ¿Sirve de algo todo el gasto en recursos que tiene lugar durante los 15 días previos a cada cita con las urnas? ¿Se decide realmente el resultado de las elecciones en el último momento?

Por así decirlo, hay tres grandes teorías al respecto. Por un lado, se ha argumentado que las campañas tienen un efecto directo en el resultado de los comicios: aquel partido que mejor sabe convencer a los votantes, el que tiene un líder más carismático o unas propuestas más aceptables, es el que gana las elecciones. En el extremo opuesto, se razona que el voto no depende del contexto de cada elección, sino que es relativamente estable, dado que depende de la posición de cada individuo en la estructura social (clase alta o clase baja, centro o periferia…) o de su identificación ideológica/partidista, y por tanto sólo varía en el largo plazo.

La postura más consensuada es una a medio camino entre estos dos extremos: las campañas tienen un efecto moderado sobre la decisión de los votantes; un efecto que depende mucho del tipo de elección, de la coyuntura política y económica, de las estrategias partidistas, etc. La cuestión suele ser más compleja de lo que parece: aunque cuando pensamos en “efectos” de las campañas electorales solemos tender a caracterizarlos sólo como movimientos de votantes de un partido a otro, lo cierto es que son tres los tipos de consecuencias que pueden generarse durante estos períodos. Vamos a verlos con un ejemplo concreto, las últimas elecciones generales españolas, estudiando someramente los resultados de las encuestas pre y post-electoral del CIS.

Como comentaba, en contra de lo que suele exponerse en los medios, las transferencias de votantes entre partidos durante la campaña suelen ser mínimas: en el caso concreto de 2008, únicamente un 2,8% de los votantes de los que declararon su intención de votar al PSOE antes de las elecciones acabaron votando al PP; mientras que de los que pensaban votar al PP tan solo un 7% finalmente lo hicieron por el PSOE. Si nos centramos en partidos más pequeños y más próximos ideológicamente, esta cifra lógicamente aumenta: un significativo 27,9% de los potenciales votantes de IU finalmente votaron socialista. Pese a todo, esta transferencia sólo incrementó 3 puntos el porcentaje de voto del PSOE, confirmando la relativamente poca relevancia de estos cambios en la orientación del voto.

Tabla 1: Intención de voto en 2008 (filas) y recuerdo de voto en 2008 (columnas), en % de filas

El segundo tipo de efectos, que no es más que la otra cara de la moneda del anterior, es el refuerzo de las intenciones de voto que se muestran en las encuestas preelectorales. No es lo mismo, y en el PP desde 1993 lo tienen bastante claro, ir ganando en las encuestas previas a los comicios a conseguir que, llegado el día de acudir a las urnas, tus votantes potenciales efectivamente elijan tu papeleta. En estas últimas elecciones, sin embargo, los dos principales partidos a nivel estatal tuvieron éxito a la hora de “retener” a sus bases electorales: en ambos casos, más de un 80% de ellos (algo más en el PSOE que en el PP) confirmaron su intención con el comportamiento electoral. Este porcentaje se reduce si prestamos atención a partidos más pequeños o de ámbito subestatal, aunque en cualquier caso siguen siendo bastante elevados.

Sin embargo, el principal efecto de las campañas, o al menos el que mayor relevancia en términos cuantitativos adquiere en los datos referidos al 9M, es el efecto de (des)activación. Aún considerando que parte de los encuestados que en la primera fase del panel manifestaron su predisposición a abstenerse probablemente hubieran ido a votar igualmente, las cifras hablan por sí solas: únicamente un 35% de ellos hicieron efectiva esta abstención. Entre los que decidieron ir a votar, el PSOE fue claramente el gran vencedor: un 33% de estos abstencionistas “potenciales” se decantaron por los socialistas, frente a un 20% por los populares. Estas cifras suponen, sobre el total del voto “real” a los partidos, de media casi un cuarto de su apoyo electoral (un porcentaje, por tanto, más que significativo). Paralelamente a esta “activación” de los abstencionistas, las campañas también pueden “desactivar” a votantes decididos que, bien por algún fallo en la estrategia de su partido, o bien por un acierto en la estrategia del partido opuesto (no hay más que recordar las palabras de Gabriel Elorriaga durante la pasada campaña), finalmente deciden quedarse en casa el día de las elecciones. Pese a todo, en esta campaña, la mayoría de partidos fueron exitosos en la movilización de sus bases: únicamente entre un 5 y un 8% de ellos se abstuvieron finalmente.

Tabla 2: Intención de voto en 2008 (filas) y recuerdo de voto en 2008 (columnas), en % de columnas

En resumen, ¿qué panorama dibujan estas cifras sobre la campaña del 9M? ¿Qué partido se acercó más al cumplimiento de sus objetivos durante estos quince días? Los datos arrojan tres conclusiones claras: la primera, que los dos principales partidos tuvieron éxito a la hora de movilizar y asegurar el apoyo de sus bases electorales; la segunda, que el PSOE consiguió captar el voto de más de un cuarto de los encuestados que tenían intención de votar a IU; y, la tercera, que la victoria del PSOE y el avance en votos y escaños del PP no fueron fruto de una campaña implementada con mayor o menor tino, sino que las transferencias de voto que entre ellos se produjeron fueron resultado de sus aciertos y errores a lo largo de toda la legislatura. En definitiva, que las campañas importan, y permiten arañar unos cuantos puntos, pero lo que realmente asegura que un partido gane o pierda unas elecciones es su estrategia a largo plazo, durante el año o dos anterior a cada cita con las urnas.

Seguir leyendo » · Escrito el: 17-December-2008 · · 1 comentario »